MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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miércoles, 29 de enero de 2020

BRÚJULA DEL ZEN Parte 6 Zen Patriarcal: El Vehículo Supremo para la Iluminación (TEXTO) Charla Dharma 26/ENE/2020




BRÚJULA DEL ZEN
Parte 6
Zen Patriarcal: El Vehículo Supremo para la Iluminación
Charla Dharma 26/ENE/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Había una vez un monje experto en el Sutra del Diamante, y como libros eran muy valiosos en su día, llevaba la única copia en su parte del mundo en su espalda. Fue ampliamente buscado por sus lecturas e información sobre el Sutra del Diamante, y muy exitoso en exponer sus profundidades para no sólo monjes y maestros, sino también para los laicos. Así, la gente de esa región llegó a conocer el Sutra del Diamante, y mientras el monje viajaba en una senda de montaña, se encontró con una anciana que vendía té y pasteles.

Al monje hambriento le hubiera encantado refrescarse, pero, por desgracia, no tenía dinero. Le dijo a la anciana: “Tengo sobre mi espalda un tesoro inestimable: el Sutra del Diamante. Si me das un poco de té y pasteles, te contaré de este gran tesoro del conocimiento.”

La anciana sabía algo del Sutra del Diamante y propuso su propio trato. Ella dijo, “Oh, erudito monje, si usted contesta una pregunta simple, le daré té y pasteles.”

A esto el monje estuvo muy de acuerdo. Entonces la mujer dijo: “En el Sutra de Diamante dice que no es posible conservar la mente pasada, es imposible sujetar la mente presente y es imposible atrapar la mente futura. Cuando usted come estos pasteles, ¿está comiendo con la mente pasada, la mente presente o la mente futura?”

El monje no pudo responder, así que tomó el paquete de su espalda y sacó el texto del Sutra del Diamante, esperando poder encontrar la respuesta. Mientras estudiaba y reflexionaba, el día se hizo tarde y la vieja mujer empacó sus cosas para irse a casa.

“Eres un monje tonto,” dijo la anciana cuando dejó al monje hambriento en su dilema. “Comes el té y los pasteles con la boca.”

Se ve aquí el problema con teoría, no te llena la panza. El monje erudito estaba demasiado apegado a las letras del sutra, y no pudo ver con claridad. La vieja anciana probablemente era una maestra zen muy sabia. Sin argumento ni debate, le demostró al monje la verdad misma, la verdad que se vive cada día, una verdad fuera de los sutras. 

A diferencia del Hinayana que enseña la visión profunda del sufrimiento, la impermanencia, la impureza y la extinción del yo para llegar al nirvana, o el Mahayana que enseña una visión profunda de la vacuidad, la interconectividad, y nuestra naturaleza búdica, el Zen demuestra directamente nuestra sustancia original. Antes del nombre y forma, antes del habla y pensamiento, antes del saber es la mente no saber. Tenemos que vaciarnos de nuestras ideas para aprender el Zen.

Es como la historia de Nan-in, un maestro zen japonés durante la era Meji (1868-1912), quien recibió a un profesor universitario que vino para preguntar sobre el zen. El profesor le explicó a Nan-in toda su teoría sobre la realidad suprema, los niveles de la conciencia, la metafísica de lo Absoluto, y además su gran conocimiento de las religiones y filósofos más importantes de la historia. Durante todo el monólogo, Nan-in le escuchó pacientemente. Luego, como un buen anfitrión, le ofreció al profesor una taza de té. Nan-in sirvió al profesor el té, vertiéndolo en la taza de su visitante hasta el borde y luego siguió sirviéndolo hasta que se desbordó sobre la mesa y el piso.
El profesor observó el desbordamiento hasta que ya no pudo contenerse. “¡Está muy lleno! ¡No más entra!”
“Al igual que esta taza,” dijo Nan-in, “estás lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarte el zen a menos que primero vacíes su taza?”
De igual forma, Descartes dijo, “Pienso, luego existo.” Entonces, si no piensas, ¿qué eres? ¿Qué eres antes del pensar? En el silencio nuestras meditaciones, nos preguntamos, “¿Quién soy?” Esta pregunta, que se llama un Huatou, nos corta los pensamientos dejándonos invertir nuestra atención adentro y ver nuestro punto primario, nuestra sustancia original antes de los conceptos. Hay que vaciarnos de todos nuestros conceptos, callar la mente, y contemplar el silencio, la nada, nuestra cara original.

Tú y este chugpi (un instrumento de percusión para marcar el comienzo y terminación de las sesiones de meditación), ¿son iguales o diferentes? Si dices que son iguales, te pego 30 veces. Si dices diferentes, te pego 30 veces, si no contestas, te pego 30 veces. ¿Cómo puedes contestar para que no te pegue? (Golpea el chugpi.)  Escucha bien. Escucha el chugpi hacer “¡clac!”. En este momento exacto del sonido, no hay dos. Es simplemente “¡clac!” Justo después de la experiencia del sonido, se divide en sujeto y objeto, en el que oye, el acto de oír, y el oído, y luego se pone nombres tales chugpi, o me gusta o no me gusta. Pero ninguna de estas palabras, opiniones, o nombres es el sonido en sí. En el momento de la experiencia, el mundo entero es simplemente (golpe).

Cuando las alumnas están estudiando los Kong-ans, una pregunta enigmática basada en una conversación clásica entre un maestro y un alumno, y las alumnas no pueden contestar bien, suelo dibujar la imagen de una galleta en un pedazo de papel mientras las ofrezco una galleta real, y les pregunto: ¿cuál prefieres, un dibujo de galleta o la galleta real? Siempre señalan la galleta real y se la doy. Luego digo: “Sabe bien rica la galleta real, ¿cierto? Entonces, ¿por qué sigues dándome a mí el dibujo de la galleta?”

Así que tenemos que aprender comer la galleta real, y no satisfacernos con dibujos, palabras, y teorías de galletas. Simplemente ¡cómela! Entonces, al practicar zen, no estamos apegados a ningún objeto, estado mental, sensación o idea. Esto sería el camino exterior basado en la impermanencia. Tampoco queremos practicar deseando algo, como mejor rendimiento en alguna actividad como yoga, artes marciales, deportes, o la resolución de algún problema emocional o psicológico o para mejorar la concentración en nuestros estudios o trabajos. No es que estos efectos secundarios sean malos, sino no son satisfactorios. No es el punto del zen.

Entonces, ¿cuál es el punto de zen? Nada. Cuando practicamos, no buscamos nada. De hecho, zen no te dará absolutamente nada. Zen es este momento justo como es. Mientras que este momento no es adecuado, hay algo para soltar. Es como la siguiente conversación entre un viajero y un pastor:

Viajero: ¿Qué tipo de clima vamos a tener hoy?
Pastor: El tipo de clima que me gusta.
Viajero: ¿Cómo sabes que será el tipo de clima que te gusta?
Pastor: Habiendo descubierto, señor, que no siempre puedo obtener lo que me gusta, he aprendido que siempre me gusta lo que obtengo. Así que estoy bastante seguro de que tendremos el tipo de clima que me gusta.
Cuando dejamos exigir que el universo gira en torno a nosotros, según lo que yo quiero, lo que yo pienso, o lo que yo opino, entonces podemos fluir con lo que el universo nos presenta en cada momento sin distorsionarlo con nuestras ideas y opiniones. 

Así que hay tres niveles del zen. El primer nivel es el zen teórico, el punto del círculo zen de Seung Sahn de 90 grados donde se aprende que forma es vacío y vacío es forma. ¡Genial!, nos decimos. Eso hace mucho sentido. Ya entiendo lo que es la práctica. Pero, ojo, quizás el vacío no sea lo que crees, como se demuestra este encuentro entre un alumno y su maestro:  

Yamaoka Tesshu, como joven estudiante de Zen, visitó a un maestro tras otro. Un día visitó al maestro Dokuon de Shokoku. Deseando mostrar su logro, dijo al maestro: “La mente, el Buda y los seres sintientes, después de todo, no existen. La verdadera naturaleza de los fenómenos es el vacío. No hay realización, ni engaño, ni sabio, ni mediocridad. No hay nada para dar, ni nada para recibir.
Dokuon, que fumaba en silencio, dijo nada. De repente golpeó a Yamaoka con su pipa de bambú. Esto hizo que el joven se enojara bastante.
“Si nada existe,” preguntó Dokuon, “¿de dónde vino esta ira?”
 Como se ve en este ejemplo, el alumno creó haber logrado la iluminación basado en sus ideas. Sin embargo, experimentó el enojo cuando el maestro lo golpeó con su pipa. Hablar sobre el vacío no es el vacío. Cuando todo está bien, cuando un golpe es simplemente “¡Ouch! ¡Me duele!” ahí se experimenta el vacío. No es intelectual. No es conceptual. No depende si te guste o no. Es simplemente “¡Esto!”

El segundo nivel de zen es del Tathágata (Él que ha ido). Es el punto de 180 grados en el círculo zen que se da cuenta que forma es vacío, y el vacío es vacío. A este nivel, no hay ni forma ni vacío. La mente es libre del pensamiento. Uno está en paz ubicándose en la mente antes del pensamiento, antes de la palabra, idea, u opinión. A este nivel, prestamos atención a este momento contemplando todo desde no sé, nuestra sustancia original. Aquí se atiende a todo justo como es, sin añadir nada. Es decir, nuestras ideas del vacío no es el vacío. El verdadero vació es (golpe del chugpi). Este es el punto de despertar a tu verdadero ser uno con el Absoluto, el vacío de la sustancia original, nuestra verdadera cara original. Y esto nos libera del miedo la muerte, como se ve en esta conversación entre un maestro y un emperador:

El Emperador le preguntó al Maestro Gudo: ¿Qué le sucede a un hombre de iluminación después de la muerte?
¿Cómo debería saberlo? respondió Gudo.
Porque eres un maestro, respondió el emperador.
Si señor, dijo Gudo, pero no uno muerto.
No sólo el maestro en esta historia está enseñando zen por no entrar en intelectualizaciones sobre un futuro inexistente, sino también está ubicándose en el aquí y ahora, libre de sus deseos y aversiones. De una forma profunda, el maestro está diciendo que la muerte es sólo una idea, igual como el nacimiento. Cuando nos liberamos de las ideas de nacimiento y muerte, podemos experimentar nuestra verdadera mente de no sé y ser libres disfrutando este momento justo como es. Sin embargo, si se apega al vacío, se convierte en un pratyekabuda, o un buda solitario.  Este tipo de buda se limita a lo que es necesario para su propia salvación y perfección. Un pratyekabuda es digno de todo respeto, pero se le considera egocéntrico y de poca importancia para la humanidad. Por lo tanto, hay que practicar la forma del zen supremo que suelta incluso el vacío.

El Zen de los patriarcas es el zen supremo que se practica en el mundo cotidiano como un bodhisattva. Esta forma de zen se encuentra en el punto de 360 grados en el círculo del zen. Este zen de los patriarcas la forma es forma y el vacío es vacío.  Es aquí donde se practica correcta situación, correcta relación y correcta función en servicio al mundo. Como bodhisattvas, estamos dispuestos a convertir cualquier cosa o karma en ayuda para otros, como la siguiente historia demuestra:  

Una noche, el maestro zen Shichiri Kojun recitaba sutras cuando un ladrón entró en su casa con una espada afilada, exigiendo dinero o vida. Sin ningún temor, Shichiri dijo: ¡No me molestes! Ayúdate con el dinero, está en ese cajón. Y reanudó su recitación.
El ladrón se sorprendió por esta reacción inesperada, pero continuó con su negocio de todos modos. Mientras se estaba ayudando a sí mismo con el dinero, el maestro se detuvo y llamó: "No lo tome todo. Deja un poco para que pague mis impuestos mañana.”

 El ladrón dejó algo de dinero y se preparó para irse. Justo antes de irse, el maestro repentinamente le gritó: “¡Me quitaste el dinero y ni siquiera me lo agradeciste! ¡Eso no es educado!” Esta vez, el ladrón estaba realmente sorprendido por tal valentía. Agradeció al maestro y salió corriendo. El ladrón luego les dijo a sus amigos que nunca había estado tan asustado en su vida.

Unos días después, el ladrón fue atrapado y confesó, entre muchos otros, su robo en la casa de Shichiri. Cuando el maestro fue llamado como testigo, dijo: “No, este hombre no me robó nada. Le di el dinero. Incluso me lo agradeció. El ladrón estaba tan conmovido que decidió arrepentirse. Al salir de prisión, se convirtió en discípulo del maestro y muchos años después, alcanzó la Iluminación.
Así debemos poner nuestra sabiduría y compasión en acción en el mundo con benevolencia y ética. Por eso tomamos los preceptos zen. Estamos comprometiéndonos vivir en armonía en el mundo, sin violencia, y con la intención a liberar a todos los seres sintientes de sufrimiento e insatisfacción. Cuando tomamos los preceptos, estamos realizando el vehículo supremo del Zen.  

Reuniones de meditación zen: Domingos 11:00 - 14:00
Clases Estudio Zen: Jueves 18:00 - 20:00
Efraín Gonzalez Luna 2360-1, Col. Barrera, Guadalajara, Jalisco, México

Citas Individuales con el maestro Venerable Hyoenjin Prajna: 
(33) 1523-7115 
ozmoofoz@gmail.com


lunes, 20 de enero de 2020

BRÚJULA DEL ZEN Parte 5 DHARMA, KARMA, Y CONCIENCIA Charla Dharma 19/ENE/2020



BRÚJULA DEL ZEN
Parte 5
“DHARMA, KARMA, Y CONCIENCIA”
Charla Dharma 19/ENE/2020
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Dharma es la ley cósmica o la verdad universal o la sustancia original que no tiene comienzo ni fin y es la fuente de todo lo que se manifiesta como forma en el mundo. Esta sustancia toma cualquier forma según las condiciones, pero cuando las condiciones desaparecen, las formas desaparecen, pero la sustancia en sí no desaparece. Se puede comparar con la electricidad. Se ve muchas maneras que la electricidad se manifiesta en formas, por ejemplo, la luz de lámparas. Hay muchos tipos de lámparas: algunas grandes, algunas chicas, algunas con bombillas incandescentes o con bombillas fluorescentes o con luces LED. Todas emiten luz cuando se enciende el interruptor de la lámpara. Al apagar el interruptor de la lámpara, ya no hay luz. La estructura de la lámpara y su interruptor son las formas y condiciones que producen luz. Cuando las formas y condiciones cambian o desaparecen, ya no hay luz. ¿Pero dónde está la electricidad? Aunque no se ve en sí la electricidad, siempre está sea lo que sea las condiciones de la lámpara, las bombillas, o los interruptores. La sustancia original es como la electricidad manifestándose en infinidad de formas: rocas, montañas, plantas, bosques, agua, ríos, animales, y seres humanos. Aunque el nombre y forma cambian, todo es sustancia original funcionando como forma pero no es ninguna forma en sí. Por eso Seung Sahn dice que “El Dharma no es ni uno ni dos.” La esencia no es una cosa separada del universo, como Dios en un cielo, puesto que se manifiesta en infinidades de formas. Sin embargo, ninguna de estas formas en sí es real, separado, o permanente. Son todas vacías de una realidad propia y separada. De cierta forma, todo el universo es una creación de nuestras mentes condicionadas. Creemos que todo lo que percibimos es real y constante, pero no es así. Todo es impermanente y vacío de una realidad propia. Incluso tiempo y espacio son creaciones de nuestra mente.

            La mente condicionada es lo que crea la ilusión del yo, una idea identificándose con el cuerpo asumiendo que las cosas son estables y permanentes. Pero de hecho, es toda una ilusión. Basado en el estado de la mente, se experimentan seis mundos diferentes momento tras momento, dependiendo de las ideas y emociones que estamos generando. Cuando generamos ideas de codicia extrema, experimentamos el mundo de los fantasmas hambrientos, nunca satisfechos con lo que tienen y siempre buscando algo para satisfacer nuestra hambre interminable. Cuando estamos obsesionados con placeres físicos, experimentamos el mundo de los animales. Cuando estamos deprimidos e iracundos, experimentamos el mundo del infierno como damnificados eternos. Cuando generamos celos, el mundo se vuelve una batalla interminable en busca de las riquezas de otros. Cuando estamos sintiéndonos superiores a los demás, apegados a nuestra buena fortuna, entonces estamos sentados en nuestros palacios presumidos dentro de nuestro propio cielo perfecto de los dioses.  Y cuando estamos distraídos y estresados con demasiadas opciones en la vida, demasiada información, demasiados libros, demasiados talleres, demasiadas metas a realizar, entonces estamos atrapados en el mundo maníaco de los seres humanos.

            Estos mundos de sufrimiento son resultado de un desequilibrio en las ocho conciencias de la mente condicionada. Seis de estas conciencias se basan en los órganos sensoriales: oler, ver, oír, gustar, tocar, y pensar. Al morir, estas seis conciencias desaparecen. No obstante, hay dos conciencias más allá de los sentidos que continúan vida tras vida: la conciencia emocional los pensamientos discriminatorios (me gusta/no me gusta), y la conciencia de la memoria y la inteligencia, la que se llama la conciencia almacén. Son estas últimas dos conciencias que se identifican como un yo y que siguen vida tras vida buscando la resolución de alguna pregunta espiritual no resuelta; por ejemplo, ¿qué es el amor verdadero? ¿qué es la felicidad verdadera? ¿cuál es el sentido verdadero de mi vida? Todas las preguntas espirituales pueden resumirse en una fundamental: ¿Quién soy? Si no se enfrenta esta pregunta principal y resolverla por completo, entonces uno no está contento, y la mente sigue agitándose en busca de la respuesta final.  El problema es que la mente condicionada busca la solución en el mundo ilusorio de los sentidos. Y esto genera karma.

            Karma significa acción. Cuando las acciones están basadas en intenciones egoicas, o sea, codicia, aversión, e ilusión, entonces generan consecuencias experimentadas como sufrimiento e insatisfacción. Karma se genera primero en el pensamiento, y luego en el habla y los actos físicos. Sólo el pensamiento crea el karma, pero el karma no existe en sí. No es una cosa verdadera. Es una idea basada en un yo ilusorio aferrado a un cuerpo ilusorio y así creando consecuencias ilusorias, las que crean nuestro karma impactando nuestras vidas y generando más karma debido a nuestras reacciones habituales. Es una cadena de sufrimiento e insatisfacción. Hay que cortar esta cadena, pero ¿cómo?

            Al mantener la mente “no sé” se puede mantener la mente libre de karma. Es la mente de nuestra esencia, la sustancia original. Cuando contemplamos la pregunta, “Quién soy?” es como mantener la mente “no sé”, así que no se genera más karma. Mantener la mente “no sé” es no crear ni bueno ni malo, y así se escapa samsara. Cuando mantenemos la mente “no sé”, nos damos cuenta de que todo es vacío. Así desaparece la mente condicionada del yo, y así desaparece el karma. Cuando meditamos, estamos aprendiendo cómo calmar la mente y ser presente sin ideas dualistas de me gusta/no me gusta. Esta mente calma es la mente pura, sencilla y natural como un bebé inocente. La mente lúcida es la mente clara que puede funcionar siempre para ayudar a los demás. Así, se puede aprovechar tanto el buen karma como el mal karma para transformarlo en ayuda de los demás, y así se transforma en un bodhisattva activamente salvando a todos los seres del universo.   

Brújula Parte 5 Dharma, Karma, y Conciencia

lunes, 13 de enero de 2020

BRÚJULA DEL ZEN Parte 4 MAHAYANA: LA GRAN VISIÓN DE BUDISMO (Texto) Charla Dharma 12/ENE/2020



BRÚJULA DEL ZEN
Parte 4
MAHAYANA: LA GRAN VISIÓN DE BUDISMO
Charla Dharma 12/ENE/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Este es el cuarto la clase del libro BRÚJULA DEL ZEN por Seung Sahn. Hay dos grandes escuelas del budismo: Hinayana y Mahayana. Hinayana pertenecía a las escuelas tempranas del budismo que buscaban la liberación del individuo por medio de la meditación, la introspección, y una vida equilibrada y ética. Aquellas escuelas tempranas tendían a enfatizar la vida monástica como la única forma de llegar a la liberación y basaban sus enseñanzas completamente en las palabras del Shakyamuni Buda, quien vivió en el 6º siglo a.C. Pero alrededor del 1 siglo d.C. surgió una nueva forma de budismo con una visión más amplia, una visión que buscaba la liberación de todos los seres del universo con una práctica más allá de los monasterios, una práctica que incluía los laicos y las laicas en sus casas y sus trabajos, en el mercado y los campos. Esta gran visión se nombró Mahayana, lo que significa el Gran Vehículo. El seguidor del Mahayana busca alcanzar la iluminación por el bien de todos los seres, para que todos se liberen del sufrimiento e la insatisfacción de la vida. Esta actitud se realiza en Mahayana por medio del ideal supremo del bodhisattva. Los bodhisattvas dedican todos sus esfuerzos a la liberación de otros seres sin buscar nada en recompensa. ¿Cuáles son las otras cualidades que se asocian con esta escuela de gran visión, la Mahayana?

Brújula Parte 4 Mahayana La Gran Visión

Diálogos Zen #83: Proyectos para 2020



domingo, 5 de enero de 2020

Brújula Parte 3 Tres Marcas de la Existencia (Escrito)




TRES MARCAS DE LA EXISTENCIA
Charla Dharma 05/ENE/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Seung Sahn, en su libro Brújula del Zen, nos pregunta: ¿De dónde viene la ignorancia y por qué? De hecho la ignorancia es primordial. No tiene comienzo. Es lo que manifiesta un yo ilusorio. Donde hay un yo ilusorio, ahí hay pensamientos, habla y acciones. Donde hay pensamientos, habla y acciones, ahí hay karma. Donde hay karma, hay insatisfacción y sufrimiento. Así que, por ignorancia, todo el mundo ilusorio de samsara surge, incluyendo nuestros cuerpos. Nuestro karma anterior forma nuestros cuerpos en esta vida, a través del cual nos identificamos formando un yo. Y este yo se expresa por medio de un cuerpo que genera más karma obstaculizando nuestra percepción del mundo como es. Cuando no percibimos el mundo como es, experimentamos insatisfacción, o sea, dukka. Todo esto se resume en tres marcas del budismo: 1. impermanencia (anicca), 2. no yo (anatman), 3.  insatisfacción (dukka), y otra que algunos consideran muy importante 4. realidad (nirvana).



Todas las escuelas del budismo, Theravada, Mahayana, Tibetana, Tierra Pura, Chan, Soen, Rinzai, Soto, Thien, todos comparten estas cuatro marcas. Todos basan sus enseñanzas en el hecho de que todo fenómeno en el mundo es impermanente. Todo lo que nace va a morir. Todo lo que tiene un comienzo va a terminar. Todo está fluyendo, cambiándose, transformándose, y convirtiéndose en algo diferente. Un árbol nace de una semilla, crece, perdura unos años, produce fruta y semillas, y luego muere, transformándose en tierra, y desde la tierra las semillas crean otros árboles. Es el ciclo de la vida. En sí, no hay ningún problema. Todo simplemente es como es, antes del pensarlo. El árbol nunca dice “soy árbol”. Simplemente vive su vida echando raíces, formando ramas y hojas, y da sombra a todos, sin preguntarlos si son buenos o malos. Tiene ilimitado paciencia, puesto que no está comparándose con otros árboles. No está quejándose por las condiciones malas o buenas a su alrededor. Recibe de la tierra, lo transforma, y luego regala la tierra con sus frutos, semillas e incluso su propio cuerpo. Si pudiéramos vivir nuestras vidas observando la perfección de la naturaleza, estaríamos en armonía con todo, nirvana. Pero no estamos en armonía por nuestras ideas y acciones basadas en un yo inexistente, anatman. Es sólo una ilusión basada en las sensaciones y deseos de un cuerpo físico generando preferencias, comparaciones, gustos y disgustos, y nos aferramos a estas ideas y nos sentimos descontentos, insatisfechos, dukka.



En su primera enseñanza después de su despertar, el Buda declara lo mismo, que todos experimentamos insatisfacción en la vida debido al deseo creado por un yo que no existe. Por tanto, si se puede cortar este deseo, entender cómo es la vida en sí, podríamos liberarnos de la insatisfacción y vivir en la armonía y la paz de nirvana. Entienden que Nirvana no es un lugar o un estado de la mente. Es incorrecto pensar que nirvana sea el resultado de la extinción del deseo. Nirvana no es el resultado de nada. Si fuera un resultado, entonces sería un efecto producido por una causa, algo condicionado, y por tanto, impermanente, limitado, y fuera de este momento. Nirvana no es un producto de causa y efecto. No es producido como un estado místico, mental o espiritual. Meditación no causa nirvana, sino más bien, dejas de distraerte con tus propios pensamientos, opiniones, y puntos de vista, dejándote ver lo que siempre ha estado justo frente a ti, pero estabas demasiado distraído para verlo. La Verdad simplemente es. Nirvana es este momento libre de distracciones, ideas u opiniones. Es lo que ves antes del pensamiento distorsionándolo, lo que llamamos “No sé.”  Lo único que puedes hacer es verlo, realizarlo, darte cuenta de que este momento es completo. Aunque hay un camino que nos lleva a la realización del Nirvana, el Nirvana no es el resultado de dicho camino. Puedes llegar a la cima de una montaña por medio de un camino, pero la montaña no es el resultado ni el efecto del camino. O sea, puedes ver una luz, pero la luz no es el resultado de tu vista.  Estamos esforzándonos por medio de nuestra práctica para ver la luz de nuestra propia esencia, la misma esencia en todos, el origen fundamental de todo, lo que ya está, a pesar de que no lo percibieras claramente todavía. Sin embargo, nuestra mente calma lúcida es esta esencia. No tenemos que lograrlo, simplemente dejar de distraernos con ideas y opiniones, y percatar este momento tal como es.



No obstante, tenemos que ejercer nuestra voluntad, determinación, y fuerza física para practicar y seguir el mapa que Buda nos dejó, el Sendero Óctuple, el último de los Cuatro Verdades. Cuando despejamos la ignorancia con clara comprensión de lo que es real y lo que no es real, lo que es antes del pensar, cuando se lo combina con sanos propósitos libres de juicios y críticas, esto es prajna, o sea sabiduría. Cuando hacemos el esfuerzo diario sentarnos, calmando la mente, aprendiendo cómo ser presentes en cada momento, entonces esto es samadhi, o sea, la meditación profunda. Cuando funcionamos desde nuestra verdadera esencia en nuestros hogares y trabajos, extendiéndonos al mundo, ayudando a otros con acciones y palabras basadas en la compasión, el amor y la no violencia, entonces esto es sila, o sea, la ética de los preceptos. Estos tres entrenamientos, prajna, samadhi, y sila, son fundamentales para una práctica completa del zen. Nos dan la habilidad cortar los cinco deseos excesivos de los seres humanos, los que nos causan dukka, la insatisfacción continua en la vida. Primero tenemos que enfrentar nuestro excesivo consumismo material.  El material no es en sí malo, sino nuestro apego a él, el cual nos causa ansiedad, preocupación, frustración, y agitación mental. Igualmente, si nos basamos nuestras vidas en codicia sexual o nos obsesionamos por la fama, la comida o el dormir excesivo, entonces nuestras vidas pierden su armonía y equilibrio naturales. No tenemos que lograr esta armonía, sino más bien darnos la oportunidad de disfrutar este momento sin distracciones. Aunque sea difícil cortar estos viejos hábitos que agitan nuestras mentes, nuestra práctica de meditación, silencio, y no sé, nos revelarán el maravilloso mundo a nuestro alrededor. Simplemente apaga tu celular por un rato, pasea por los campos con tu familia, tu pareja, o tus amigos, y percata la bella naturaleza de esta Tierra, nuestro verdadero hogar, nuestro verdadero maestro y ejemplo a seguir. 



Su apoyo es muy apreciado. Pueden enviar una aportación voluntaria al maestro en
paypal.me/MeditacionBudistaZen
Gracias
       

Brújula Parte 3 Tres Marcas de la Existencia (Video)

jueves, 2 de enero de 2020

RETIRO ZEN 7 DÍAS: AÑO NUEVO 2020 Sayula, Jalisco, México

RETIRO ZEN 7 DÍAS
AÑO NUEVO 2020

MEDITACIÓN BUDISTA ZEN
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Rancho Alegre
Sayula, Jalisco, México
26/Dic/2019 - 01/ENE/2020