MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. JINSIM HYOENJIN: Arzopispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Transmisión el 27 de marzo 2021 e Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma.

Ven. Jinsim Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente.

Ven. Jinsim Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un arzobispo (maestro zen superior) es un obispo que, habiendo recibido Inga y Transmision de Dharma, preside varias diócesis en una gran región. Este puesto incluye algunas responsabilidades de supervisión tanto de las diócesis como de los obispos de esa región. Un arzobispo sirve como guía o instructor en asuntos religiosos; y a menudo es el fundador o líder dentro de una Orden. Además, el Colegio de Arzobispos actúa como un Consejo Rector igualitario para la Orden Zen de las Cinco Montañas.
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lunes, 21 de junio de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 1, Clase 4: “Unidad en Diversidad”

 

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN

Capítulo 1, Clase 4: “Unidad en Diversidad”

Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin

20/JUN/2021

 


Este mes es la celebración y el orgullo de la diversidad sexual y del género, conocido como LGBTQ+. Es un mes en que honramos y reconocemos las contribuciones de nuestros hermanos y hermanas LGBTQ+ a la cultura y la sociedad contemporánea y desde hace siempre.  Reconocemos que nuestros hermosos miembros de la sangha que son LGBTQ+ son igualmente budas como todos nosotros. Valorar la diversidad de los seres humanos nos beneficia a todos porque una sociedad diversa es más fuerte, más sana y más rica. En la diversidad encontramos la unidad, lo cual es el tema de nuestra clase de hoy.   


Todos trabajamos muy duro cada día. Algunos buscan dinero, otros buscan fama, otros buscan poder, placeres y lujo. Pero a pesar de que llenamos nuestro día con trabajo y labores, rara vez hacemos algún trabajo en nosotros mismos. Solo a intervalos de tiempo nos apartamos de nuestra preocupación por el mundo exterior para reflexionar sobre la luz de la conciencia interiormente. Al practicar el Zen buscamos volvernos hacia el interior y descubrir la verdadera naturaleza. No miramos hacia arriba, no miramos hacia abajo, no miramos al este u oeste o al norte o al sur; nos miramos dentro de nosotros mismos, porque dentro de nosotros mismos y sólo allí está el centro sobre el cual gira todo el universo. Esto es de la manera en que el Zen fue proclamado por primera vez por el Buda Sakyamuni hace más de 2500 años.

Todo el mundo está trabajando para conseguir una mejor vida. Pasamos entre 12 a 20 años estudiando en la escuela para sacar un buen empleo. Trabajamos 8 a 10 horas cada día, 5 a 6 días a la semana, todo el año, en nuestros trabajos dentro y fuera de la casa. Sin embargo, ¿cuánto tiempo en nuestra educación hemos dedicado a conocernos de verdad? ¿Cuánto tiempo hemos recibido de las escuelas, la familia y la sociedad dedicado a la introspección, autoconocimiento, y autodescubrimiento? Normalmente ninguno. En general, toda nuestra educación está dedicada a buscar algo fuera de nosotros para ser feliz. Resulta que tenemos una sociedad de gente andando en un trance de distracciones, tonterías e ilusiones. La gente anda como somnámbulos indecisos, sumisos e incapaces de pensar por sí mismos, susceptibles a ser controlados por otros, esclavizados por sus trabajos, enjaulados por sus creencias y religiones.  Zen nos ofrece otra opción, la libertad. Si estás dispuesto a pagar el precio de tiempo, esfuerzo y determinación, puedes liberarte de tu esclavitud. Puedes despertar a tu verdadero ser, el centro de la auténtica felicidad, el centro del universo entero.


Pero el método Zen de autoanálisis, autorreflexión y el autodescubrimiento nunca debe interpretarse en el sentido de que debemos aislarnos de la comunión con nuestros semejantes. Seguir el camino del Zen no es aislarse en una jaula o celda, sino volverse libre y abierto en nuestras relaciones con nuestros semejantes. La búsqueda de la autorrealización siempre tiene como contrapartida el desarrollo de una nueva forma de relacionarse con los demás, una forma imbuida de compasión, amor y simpatía con todo lo que vive. Y el logro de la autorrealización siempre tiene como resultado el florecimiento espontáneo de esta nueva actitud. Así vemos en la vida del Buda Sakyamuni que, antes de su Iluminación, se comprometió para liberar a todos los seres sensibles del sufrimiento; y después de su Iluminación, no mantuvo su comprensión para sí mismo, sino que durante cuarenta y nueve años recorrió los polvorientos caminos de la India proclamando su doctrina, el Dharma, la fundación de la Sangha o la hermandad de monjes, y trabajando muy duro para enseñar y transformar seres vivos.

Recuerden que la introspección y el despertar a nuestra naturaleza búdica es sólo la mitad del camino a la plena iluminación. En el círculo del Zen de Seung Sahn en su libro La Brújula del Zen, nos enseña que el punto 180º representa nuestro despertar al verdadero vacío, al Absoluto dentro de cada uno de nosotros. Pero este mismo logro puede convertirse en un obstáculo si nos aferramos al vacío. Se conoce este obstáculo como quietismo. Quietismo es una enfermedad zen en la que creemos que todo el objetivo se ha logrado en nuestra propia iluminación. Creemos erróneamente que hemos llegado al punto final y preferimos quedarnos sentados sobre nuestro cojín en nuestra zona de confort y olvidarnos del mundo exterior. Así que convertimos nuestro verdadero despertar al dominio del ego que se infla con la idea de su logro en el tiempo y el espacio. La iluminación no es algo que puedes lograr. No es una medalla para lucir y sentirse orgulloso, comparándote con otros como mejor por ser iluminado. De hecho, no hay tal “cosa” como iluminación puesto que iluminación no es una cosa ni un estado ni una idea. Iluminación es darte cuenta de lo que siempre ha estado presente, esta naturaleza búdica que funciona con compasión y sabiduría en el mundo. Así que, al despertarse a esta naturaleza, ya comienza el verdadero trabajo enfocado en los demás que están sufriendo y dedicarse al alivio de su sufrimiento y la liberación de todos los seres del universo, que incluye todas las personas, razas, géneros, sexos, plantas, rocas, animales y toda la tierra. Todo y todos somos budas, aunque no nos damos cuenta por nuestra ignorancia. Entonces, desde el punto 180º hasta 360º, nos enfocamos en los demás como nuestra propia familia.

La compasión y la bondad amorosa son de la mayor importancia para los hombres, ya que a pesar de nuestros esfuerzos hacia la autosuficiencia, sigue siendo un hecho de que los hombres se necesitan mutuamente. Ningún hombre es una isla. Una isla puede existir sola en el mar, pero un hombre no puede vivir solo. Nos necesitamos mutuamente y debemos llegar a considerarnos amigos y ayudantes a los que podemos recurrir para obtener apoyo mutuo. Todos los hombres, como lo implica la doctrina del renacimiento, son realmente hermanos entre sí, literalmente miembros de la misma familia, ya que en la ronda repetida de renacimientos no hay un hombre o una mujer que no haya sido en el pasado, padre o madre, hermana o hermano. Por lo tanto, debemos aprender a amarnos, a respetarnos, a protegernos y a dar al otro lo que tendríamos para nosotros mismos. Practicar el budismo Zen es entrenarse para eliminar la tensión, la ira y el egoísmo y para desarrollar la bondad amorosa hacia todos. Tenemos nuestros cuerpos físicos y nuestras propias vidas, pero aun así podemos vivir en armonía unos con otros y ayudarnos lo mejor que podamos. Si no somos felices cuando vemos a los demás, también ellos se sentirán infelices, pero si somos felices, ellos compartirán esa felicidad con nosotros.

Ver todo el mundo como parte de tu misma familia y trabajar ayudándolos con actos de generosidad, paciencia, ética, buen esfuerzo, atención, compasión y sabiduría es vivir tu naturaleza búdica en cada momento como bodhisattvas. Ser un bodhisattva es ser un buda en acción en el mundo. El enfoque de nuestras vidas se transforma desde la obsesión de “yo, mí, mío” a la consideración de otros, por su bienestar, su felicidad y su liberación del sufrimiento. Los que viven con prejuicios, intolerancia, discriminación, racismo, sexismo, clasismo, y homofobia están viviendo en un infierno de su propia creación. Aunque no lo admitan, están sufriendo profundamente. Sus mentes y vidas están llenas de amargura, agitación, odio y veneno. Es nuestro trabajo ayudarlos a liberarse de este infierno mostrándoles la puerta de salida con nuestro propio ejemplo. Con amor y compasión, aceptamos y amamos a la gente justo donde está en su proceso. Esto no implica que tenemos que aprobar sus prejuicios y discriminaciones.  

Nuestras vidas están inseparablemente vinculadas entre sí. Lo que hagamos afecta a los demás y rebota sobre nosotros mismos. El amor evoca el amor, el odio evoca el odio. Por lo tanto, los textos antiguos budistas dicen "El odio no cesa con odio, el odio cesa solo con el amor". Esto significa que no podemos usar odio para detener la guerra, debemos usar el amor. No podemos usar la guerra para parar la guerra; debemos usar el amor y el respeto mutuo. Porque sólo el amor, el amor silencioso y paciente, puede abrir las puertas a la paz. 


Entonces, ¿cómo amar a alguien que te odia? Es a través de ver la verdad de lo que son. No son malos. Son budas como tú y yo y todos. Pero son ignorantes a lo que están haciendo. Están apegados a ideas agitadas de miedo, aversión, ira y odio. Estas ideas son en sí vacías. Son productos de condicionamiento. Son el resultado de gente pensando que “mí” manera de ver y vivir es la única. Esta idea se convierte en dogma que no da espacio a ninguna otra perspectiva. Todos cometemos este error de vez en cuando. Creemos que nuestra opinión es la única. Pero es simplemente una opinión, una idea. No es absoluta. Todos debemos reconocer nuestra tendencia de apegarnos a nuestras ideas como únicas y absolutas, lo cual es la base de toda guerra, holocausto y genocidio en el mundo. Todo lo que odiamos en otros es lo que odiamos en nosotros mismos. Es una proyección de nuestra sombra, nuestro propio material inconsciente lleno de lo que no aceptamos en nosotros mismos. Cuando hablas mal de otros, cuando chismeas, cuando calumnias, cuando te burlas de otros con bromas llenas de desprecio y agresión, estás hablando de ti mismo. Si podemos reconocer esta tendencia, podemos comenzar a identificarnos con el otro, y así, tratar al otro con respeto y consideración. Por supuesto, si te odias a ti mismo, si continuamente te criticas y te desprecias, es muy difícil respetar a otros. Al despertar a nuestra naturaleza búdica, podemos reemplazar el sufrimiento, el odio y la violencia interior al amor y la compasión universal.

Por su espíritu de amor y compasión universal, el budismo se extendió pacíficamente desde su hogar original en la India a diversas partes del mundo. En el budismo hay dos escuelas tradicionales, la Theravada (o Hinayana) y la Mahayana. El budismo Theravada florece en Ceilán (Sri Lanka), Burma, Tailandia, Laos y Camboya - los países del sudeste asiático. La otra tradición, conocida como Budismo Mahayana, se ha practicado en el Tíbet, China, Japón, Corea, Mongolia y Vietnam.


En el presente siglo, el budismo se ha extendido desde Asia al mundo occidental, incluido Estados Unidos, donde muchos han comenzado a estudiar una práctica a través de las enseñanzas. La escuela budista que hasta ahora ha demostrado ser más atractiva para el hombre occidental ha sido el mayor valor práctico del budismo Zen, la gran contribución que el método Zen puede hacer a esta vida diaria. El hombre occidental siempre está ocupado, siempre activo, con toda su atención concentrada en la tarea de conquistar y dominar el mundo externo. La meditación zen lo ayuda a liberar su mente de esta ocupación excesiva con cosas externas y le permite disfrutar del verdadero descanso y la tranquilidad que proviene de su interior. Otra razón por la cual el Zen atrae a los hombres occidentales reside, quizás, en el desafío que presenta a su intelecto, un desafío que invita a una mayor investigación y práctica real. El hombre occidental es muy intelectual, y el Zen presenta una filosofía lo suficientemente profunda como para satisfacer las demandas de su intelecto. El hombre tiende a ser perezoso por naturaleza. La mayoría de la gente prefiere ir a la iglesia para orar a algún ser supremo para la salvación que realizar su salvación por sí mismos. Pero el Zen no permite tal omiso del trabajo: exige que los seguidores piensen. Preguntamos: "¿Qué soy? ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Cuál es mi verdadero ser?" Zen no nos da respuestas preparadas a estas preguntas para nosotros mismos, pero da el método de la meditación.


Zen ha entrado plenamente en el Occidente sólo desde hace unos 70 años a partir de los movimientos Beat de los 50 y los Hippies de los sesenta. Y aquí en México somos la primera generación de practicantes sinceros definiendo una nueva forma de zen mexicano latinoamericano basado en las enseñanzas milenarias desde Buda hace 2,600 años. Nuestro estilo contemporáneo se basa en la celebración de diversidad, igualdad completa entre hombres, mujeres, gays, transexuales, bisexuales travestis, y cualquier orientación de género y sexo. El mundo ha cambiado. Las instituciones del pasado basadas en estereotipos limitantes de roles y responsabilidades tradicionales ya no sirven. Las instituciones que no se adaptan a este cambio en la sociedad simplemente no van a tener relevancia a las vidas cotidianas de las personas, y dejarán de existir. Cualquier institución que quiere tener relevancia a la gente común tendrá que liberar a la persona común de su ignorancia y sufrimiento y mostrarla el mundo interior que incluye la introspección, la contemplación y el pensamiento crítico que puede discernir entre la mentira y la verdad. Esto es lo que ofrece la meditación.

Hasta ahora, muchas personas en Occidente han tendido a entender mal el significado de practicar la meditación. Tal vez, cuando algunos de nuestros amigos nos ven sentados, nos preguntan por qué estamos perdiendo el tiempo. Para ellos la meditación no tiene sentido. Pero para nosotros que practicamos la meditación, es una parte esencial y muy significativa de nuestras vidas. Todo el día, todos los días de la semana, todas las semanas del mes, todos los meses del año, trabajamos en nuestro negocio u ocupación. Para dar equilibrio a nuestras vidas es necesario sentarse en silencio, aprender a aceptar y experimentar en lugar de controlar, a mirar hacia dentro y no a mirar hacia afuera. Cuando trabajamos durante el día, por lo general no trabajamos para un objetivo interno sino para algo externo a nosotros mismos. Trabajamos porque queremos dinero y queremos dinero porque queremos una vida mejor y más cómoda. Pero cuando nos sentamos en meditación, no es para ningún objetivo material, sino para comprender el verdadero significado de la vida: descubrir nuestro verdadero ser. ¿Qué es el verdadero ser? ¿Cuál es el propósito de la vida? Estas preguntas requieren una comprensión inteligente. Por lo tanto, la mayoría de las personas que vienen al budismo Zen son inteligentes, no necesariamente en el sentido de que tengan un diploma superior, sino en el sentido de que son capaces y están dispuestos a hacer el tipo de trabajo intelectual y espiritual que el Zen exige a aquellos que seguirían su camino. Porque el camino del Zen no es el camino de la oración y la adoración, sino el camino de la meditación. Esto es algo que tenemos que practicar nosotros mismos; no hay nadie que pueda hacer el trabajo por nosotros.


Primero, hay que aprender la importancia de sentarse regularmente en silencio. En los retiros de meditación, nos sentamos varias horas cada día sin distracción. No hay celulares inteligentes, no hay televisión, no hay Facebook, Twitter, WhatsApp, Gmail, no hay música, bandas, Netflix. Hay sólo este momento silencioso. Tienes la oportunidad de escuchar tu propia mente. Para muchos, puede ser muy incómodo descubrir la cantidad de basura y tonterías que pasan por la mente. Hay todo tipo de defensas que tenemos para no escucharla: aburrimiento, sueño, dolores, molestias, enojo y conversación incesante. Pero si persistes, puedes experimentar un momento de silencio en que no pasa nada. Puede ser muy placentero. De hecho, es el primer vislumbre de tu mente verdadera, la esencia universal.  No necesariamente es algo muy extraordinario. Probablemente sea muy ordinario, nada especial.  Entonces, tienes la oportunidad preguntarte, “¿Quién soy?”, “¿Qué es esto?”


¿Por qué tenemos que meditar? Según el budismo, nuestra mente se comporta como un mono, inquieta y siempre saltando; por lo tanto, se le llama "mente de mono." A través de la meditación intentamos mantener la mente de mono quieta, mantenerla calmada, tranquila y pura. Cuando nuestra mente está en calma, nos damos cuenta de que el Buda está dentro de nosotros, que todo el universo está dentro de nosotros y que nuestra verdadera naturaleza es una con la naturaleza búdica. Entonces, la tarea más importante es mantener la mente tranquila, una tarea que puede ser fácil de entender pero no es fácil de practicar. Sin embargo, la práctica es muy importante; saber por sí mismo no es nada - hacer es más valioso. El método del Zen es el método científico: aprendemos haciendo, por nuestra propia experiencia.

Entonces, no es suficiente leer libros sobre meditación y zen. Zen es un método científico. Aplicamos experimentos con los mismos métodos una y otra vez en nuestra propia persona. La hipótesis es que cuando se calma la mente y se introspecciona, o sea, se mira adentro, se puede encontrar la base de todo, el punto primario, la mente búdica libre de sufrimiento donde termina la insatisfacción. Son experimentos hechos millones de veces por 2,600 años en innumerables sujetos. Pero tienes que descubrirlo por ti mismo en este mismo instante aquí y ahora. Si realizas el experimento según el criterio establecido, siempre da el mismo resultado: la iluminación. No se puede definirla como una cosa fija. El ego quiere algo definido, fijo y racional, algo reducido a un concepto manejable, como un único dios en el cielo. Pero la iluminación no puede ser reducida a una cosa dogmática y definida, algo rígido en un cielo que pasa juicio final sobre lo que es bueno y malo. Hay que abrirse a una infinidad de posibilidades según las circunstancias. Hay que soltar el control y abrirse al otro, al desconocido, a la mente no sé. El mundo no es sólo lo que yo creo, sólo lo que yo percibo. El mundo es diverso, un misterio de infinitas perspectivas. En todo su esplendor, cada cosa tiene su lugar, cada cosa es la expresión del infinito, casa cosa es lo que es, perfecta y parte de la totalidad. Unidad en diversidad. Es como tener infinitos bodhisattvas con innumerables brazos de compasión todos listos a ayudar, abrazar y saludar con manos juntas en hapchang. 


 

lunes, 14 de junio de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 1, Clase 3: “Hapchang”


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN

Capítulo 1, Clase 3: “Hapchang”

Arzbpo. Dr. Jinsim Hyoenjin

013/JUN/2021

 


Después de abandonar su palacio, el futuro Buda buscó maestros famosos de yoga para instruirse y practicar con gran vigor las formas de meditación de yoga que le enseñaron. Pero aunque practicó muy duro, Buda no logró encontrar la comprensión más alta que estaba buscando, la realización de Nirvana.

 


Logró muchos estados espirituales elevados, estados de conciencia más allá de los límites comúnmente conocidos por los hombres. Pero se dio cuenta de que aún no eran lo último, que por muy exaltados que pudieran haber sido, todavía no habían alcanzado el objetivo más alto: la Iluminación y el Nirvana. Así que recurrió a otro método popular entre los buscadores de la verdad en la antigua India, el método del ascetismo extremo y mortificación.  Por seis años él se mató de hambre y torturó su mente y su cuerpo, pero estas prácticas no lo llevaron a la paz, sino al borde de la muerte.

 

En el pasado antiguo, las personas pensaban de una forma dualista, que espíritu era superior a la materia. Esta perspectiva llegó a la conclusión de que el cuerpo era corrupto y el obstáculo central a nuestra liberación o Nirvana. Así que, se han desarrollado muchas escuelas espirituales en el mundo que intentan restringir, reprimir, o manipular el cuerpo con la esperanza de que esto libere el espíritu, o sea, que lleve a la transcendencia, la liberación del sufrimiento, o la iluminación.  Pero esto no ha sido el caso. Sea lo que sea el esfuerzo para manipular al cuerpo como solución del problema de sus exigencias, siempre se quedaba algún aspecto vital que causaba más problemas, por ejemplo, el hambre, el sexo, la codicia, el poder, etc. Siempre había algo, aunque sea muy ligero, que ataba la persona a su cuerpo. Por eso, había dos clases extremos para tratar el cuerpo. Uno, el yoga que se basaba en la purificación del cuerpo de sus impurezas y el otro el ascetismo que se privaba el cuerpo de los objetos de sus deseos a través de las ayunas extremas o la mortificación que incluía la mutilación o eliminación de partes del cuerpo. Aunque el Buda practicó el ascetismo extremo hasta llegar a comer sólo 6 granos de arroz por día, nunca pudo liberarse por completo del cuerpo. Casi murió en el intento. Afortunadamente, se dio cuenta de que esto no fue la solución final. Por eso, tenía que encontrar una manera que ni negó el cuerpo ni dejó que el cuerpo nos esclavizara.  

Entonces un día pensó para sí mismo: "Por los últimos seis años he practicado yoga, meditación y ascetismo, buscando la verdad fuera de mí. Pero he fallado y no he logrado el objetivo. Tal vez el objetivo, esa realidad, el Nirvana, no está afuera sino adentro." En consecuencia, abandonó la búsqueda de Nirvana como algo que debía obtenerse desde el exterior y cambió su contemplación al interior, buscando la verdad en sí mismo. Dejó a sus maestros de yoga y amigos ascéticos, se fue solo, se sentó debajo de un árbol y comenzó a practicar la meditación de una manera nueva, "no buscando la verdad desde afuera sino desde adentro." Tan fuerte fue su determinación que él juró: "Si no tengo éxito de esta manera, no me levantaré de este lugar." Practicó este camino interior durante cuarenta y nueve días hasta que de repente experimentó la Iluminación y se convirtió en el Buda, el Iluminado.

Buda estaba dispuesto a morir por sus convicciones. Confiaba en sí mismo lo suficiente para sentarse bajo un árbol resuelto que no se levantaría hasta que encontrara la liberación. Buda es un arquetipo y símbolo de lo que requiere para lograr la liberación. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a morir por lo que creemos? ¿Hay algo en esta vida que sea tan importante que darías tu vida para conseguir, conservar o protegerlo? Requiere este nivel de compromiso para lograr la Iluminación. No es simplemente un pasatiempo agradable para ocupar tiempo hasta que algo más divertido llegue para distraerte. Hay que estar listo a morir, porque, de hecho, es lo que pasa. Mueres a tus deseos, tus historias, tus hábitos mentales que te mantienen el sufrimiento. Para el ego, esta muerte es el costo que tenemos que pagar para liberarnos. No obstante, no es una muerte física basada en el cuerpo, sino más bien, la muerte existencial de nuestra identidad. Tenemos que estar dispuestos a quedarnos en el mundo justo como es y morir a nuestra expectativa de que debería ser diferente. Y en medio de esta aceptación, nos comprometemos a salvar a todos los seres sintientes del universo comenzando con nosotros mismos. Nos liberamos de nuestras ideas dualistas basadas en yo quiero y nos enfocamos en cómo podemos ayudar a otros. El camino a la muerte existencial es adentro.

 

Al volverse hacia sí mismo, descubrió su verdadera naturaleza, o la naturaleza búdica, y se convirtió en un Buda. Esto marcó el origen del budismo Zen. El rasgo distintivo de la práctica de Buda en el momento de su iluminación fue su búsqueda interior. Este es el método del budismo Zen e indica dónde difiere de otras religiones y prácticas espirituales. La mayoría de las otras religiones colocan a un Dios Supremo por encima del hombre y luego se pide que oren a Dios y le ayuden a trabajar, lo que implica que la realidad debe buscarse externamente. El camino del Zen es muy diferente, porque el Zen sostiene que la realidad debe ser captada, no externamente, sino internamente. La verdad se encuentra en nuestra propia naturaleza y en ninguna otra parte. Cada ser vivo tiene dentro de sí la naturaleza de Buda, el principio de la iluminación. Convertirse en un Buda es simplemente descubrir esta naturaleza de Buda, siempre presente en el interior, brillando eternamente.

No hay Dios. No hay cielo. No hay infierno. No hay pasado o futuro. No hay nadie que pueda hacerlo por ti. Tienes que saltar del precipicio de lo cómodo, del mediocre, de la seguridad hacia el vacío de lo Infinito, lo desconocido, el no sé de tu naturaleza búdica. Cada vez que te sientas sobre tu cojín, cada vez que ignoras tu miedo, tu negatividad, tu crítica interior, tu bajo autoestima, todo lo que niega tu budeidad, estás saltando al vacío de Nirvana. Ahí, sin nada aferrarse, sin saber nada, sin nada de confort, descubres lo que es tu verdadero ser, tu budeidad. Es un camino interior hacia la liberación.

Ven. Jinsim Hyoenjin en ceremonia de la Orden Zen de Cinco Montañas. 

Es como la luna y el sol. La luna y el sol brillan continuamente y emiten luz, pero cuando las nubes los cubren, no podemos ver la luz de la luna o la luz del sol. El objetivo es eliminar las nubes, ya que cuando se mueven, podemos volver a ver la luz. De la misma manera, siempre tenemos dentro de nosotros la naturaleza de Buda, pero cuando nuestros deseos y apegos la cubren, no aparece. Debido a que nuestras mentes están constantemente ocupadas con pensamientos caprichosos, pensamientos de preocupación y felicidad, de odio e ira, de amigos y enemigos, no podemos descubrir la naturaleza de Buda en nuestro interior. Pero cuando lo descubrimos, no es nada nuevo. Cuando esto sucede, entonces no hay diferencia entre nosotros y el Buda. El Buda no era un dios ni ningún tipo de ser sobrenatural. Buda, nació un hombre. La diferencia entre el Buda y un hombre ordinario es simplemente que el primero ha despertado a su naturaleza de Buda. Este último todavía está engañado al respecto. Sin embargo, si están despiertos o engañados, la naturaleza de Buda está igualmente presente en todos los seres, y, por lo tanto, los seres, incluso en el estado más denso de la ilusión, todavía tienen el potencial de convertirse en Buda.

Por eso, nuestra liberación no depende en purificación del cuerpo con yoga. No depende en purificar la mente de sus malos pensamientos. La purificación asume que el cuerpo y la mente son sucios y contaminados. Así, creamos una ilusión que nos obstaculiza todavía más de nuestro intento lograr Nirvana. Tampoco sirve negar el cuerpo y sus exigencias. Cuando tenemos hambre, comemos. Cuando tenemos sueño, nos acostamos. Mortificación y ascetismo no nos ayudan. El cuerpo y la materia no son malos, no son impuros. Son simplemente lo que son. Por eso, Buda eligió el Camino Medio. Evitamos los extremos y así se descubre el equilibrio en la vida, la ecuanimidad. Nosotros practicamos correcto situación, correcta relación y correcta función. Así que prestamos atención a lo que es apropiado según las circunstancias para aliviar el sufrimiento y consideramos lo que ayudaría a otros ser felices y en paz. 

Debido a que todos los seres tienen el potencial de iluminarse, tal vez se consideran como Budas futuros, y en su naturaleza más profunda, como Budas ya. Por lo tanto, cuando nos saludamos en un templo budista o en un monasterio Zen, no nos damos la mano, sino que unimos nuestras palmas en señal de oración ¿Por qué hacemos esto? Hacemos esto porque las personas que conocemos son budas potenciales.

Hapchang entre el maestro y la sangha retiro Zamora 26 oct 2019

En nuestra tradición, llamamos este gesto de saludo con las manos juntas frente al corazón “hapchang”. En Japón de dice “gassho”. Es una manera para decir, el Buda en mí reconoce el Buda en ti. También, es un gesto en el cual las dos manos se juntan como uno. Es como decir, aunque todos somos diferentes, en nuestra verdadera naturaleza búdica, somos uno. En los retiros, se hacen hapchang casa todo el tiempo, cuando entramos en un templo, cuando pasamos a otros practicantes en el camino, cuando se acerca al altar, cuando se saluda al maestro, cuando cantamos la liturgia. Siempre estamos recordando que todo es uno, todo es Buda, todos merecemos respeto y consideración, amor y compasión.

Espiritualmente, debajo de las diferencias externas de color, origen, sexo o nacionalidad, todos somos iguales, pues todos tienen la naturaleza de Buda. Cuando alcanzó la iluminación, el Buda se dio cuenta de que la naturaleza de Buda está igualmente presente en todos los seres vivos. Así, enseñó a lo largo de su vida que todos los seres son fundamentalmente iguales y deben ser tratados por igual sin discriminación. Se oponía al sistema de castas que prevalecía en la sociedad índica de su época, que dividía a los hombres en grupos rígidos sobre la base de distinciones artificiales. Él enseñó que, "Al igual que las aguas de los grandes ríos, alcanzan y se funden en el poderoso océano, así se abandonan sus antiguas castas (los nobles, los brahmanes, los mercaderes y los siervos) al unirse a la comunidad budista, dejando su antiguo sistema de castas de linaje, El Buda proclamó la igualdad de los hombres, la igualdad entre el hombre y el hombre, y también entre el hombre y el Buda.

Ven. Jinsim Hyoenjin recibe ordenación monástica 22 jul 2016

Por supuesto, hoy en día, seguimos con esta actitud de Buda, e incluimos la igualdad entre mujeres y hombres, igualdad entre los ricos y pobres, igualdad entre las razas y nacionalidades, igualdad entre las diversas orientaciones sexuales y géneros, igualdad entre todos los animales, plantas y tierras con su derecho vivir libres de contaminación, y finalmente igualdad entre los seres humanos y los budas, puesto que la única diferencia entre los dos grupos es que los del primer grupo son budas que creen que son seres humanos y los del segundo grupo son seres humanos que se dan cuenta de que son budas. ¿A cuál de los dos grupos perteneces tú?



lunes, 7 de junio de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Clase 2: “Renunciación”

 


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN

Clase 2: “Renunciación”

Arzbpo. Dr. Jinsim Hyoenjin

06/JUN/2021



Seguimos el estudio del primero capítulo de Filosofía Zen, Práctica Zen por Thich Thien  An. Así se lee:

Algunos pueden preguntar quién es el fundador del budismo zen. Cuando buscamos al fundador del budismo zen debemos retroceder un largo camino, más allá de los maestros japoneses, los maestros chinos Ch'an y los patriarcas, pasando por Bodhidharma de regreso al Buda mismo. El fundador del budismo y el fundador del budismo Zen son uno y el mismo, ya que la fuente de ambos es la experiencia de iluminación del Buda. Por lo tanto nos gustaría introducir al budismo Zen hablando un poco sobre el Buda, su vida, su carácter y sus logros. Ya se ha escrito mucho acerca de los detalles biográficos de la vida del Buda, por lo que no nos ocuparemos de ellos tanto sean significativos para nuestra vida actual.

 

 

Lo que se considera el fundador de zen y budismo es la experiencia directa de la iluminación, o sea, el despertar a nuestra naturaleza búdica ya presente. Por eso, no intentamos lograr la iluminación en el futuro. Esto sería un engaño. El futuro y el pasado no existen. Son simplemente ideas conceptuales. La única realidad siempre se encuentra aquí y ahora en este mismo momento. No intentes convertirte en Buda. No intentes esperar hasta que te hayas purificado todo tu karma. Primero, karma es ilimitado. Nunca llegarás a la meta si esperas hasta que esté limpia. Segundo, se supone que esta meta se logra algún día en el futuro, el cual no existe. Por lo tanto, asumir que la naturaleza búdica ya es presente ahora. Date cuenta de que eres un buda y lo que buscas es lo que está buscando. O sea, la mente calma lúcida es la mente antes del pensamiento o lo conceptual. Es lo que llamamos la mente “no sé”. Cuando se dice que eres un buda, ¿qué quiere decir?


La palabra "Buda" no es un nombre propio, sino un título qué significa "Iluminado" o "Despierto". El hombre que fue llamado el Buda no nació iluminado, tal como nosotros, no iluminados; fue sólo después de su iluminación, qué fue llamado Buda Shakyamuni, el iluminado del clan Sakya. Su nombre fue dado Siddhartha Gautama. Él nació como príncipe, el hijo de un rey de la parte noroeste de la India. Aunque estaba destinado a convertirse en gobernante de ese mismo reino al llegar a la madurez, el joven príncipe se desilusionó con su suerte. Porque vio que todos los seres vivos estaban sujetos al sufrimiento - el sufrimiento de nacimiento, enfermedad, vejez y muerte - movido por la compasión, deseaba poder aliviar su sufrimiento. En sus momentos de profunda reflexión, pensó: "Si continúo como príncipe y me convierto en rey en el futuro, es posible que pueda ganar algo de felicidad para mí y para quienes me rodean. ¿Cómo puedes ayudar a todos los seres a encontrar la felicidad? ¿Cómo puedo salvar a todos los seres del sufrimiento? Debe haber un camino, y estoy decidido a encontrarlo. Así que pensando, dejó su palacio, vagó más allá de los límites a los más lejanos de su reino y se adentró en las montañas buscando el agua para liberarse del sufrimiento, no sólo para él sino para todos los seres.

Así que el propósito del Buda fue encontrar la manera de salvar a todos los seres sintientes en todo el tiempo y el espacio, a todos nosotros hoy en día que sufrimos por haber nacido, lo cual indica que vamos a morir, por lo menos, este cuerpo, esta personalidad, este concepto de yo. También sufrimos sabiendo que vamos a enfermarnos algún día, como acabamos de experimentar con la pandemia mundial de COVID. En todos los tiempos hay pandemias, pestes, contagios, infecciones bacteriológicas, contaminaciones que nos matan. Es parte de la vida tratar con estas crisis de salud colectivas. Además, con la vejez, somos más susceptibles a cualquier bicho que pase por la populación. Estamos más y más delicados y débiles cada día hasta que el cuerpo simplemente no puede más. Estos son los hechos de la vida. Buda vio esto y decidió que iba a salvarnos a todos. Pero ¿cómo?


Tal movimiento por parte del príncipe no fue fácil. Exigió gran coraje y una fuerte determinación para renunciar al trono, renunciar a todo y vagar por el bosque vestido con harapos, alimentándose de limosnas y meditando sin cesar. Puede que no sea tan difícil para algunos de nosotros renunciar a un poco de comodidad para practicar el zen, o incluso dejar la casa para convertirse en monje o monja zen, pero para un hombre en una posición alta, como un rey o príncipe o presidente o gobernador, renunciar a todo por lo desconocido para buscar la felicidad y la felicidad de otros, eso no es nada fácil. Quizá es la tarea más difícil del mundo.

Buda estaba dispuesto a abandonar todo lo cómodo de su vida, la calidez de su hogar y su familia, el lujo, lo conveniente, lo establecido, lo conocido. Es un arquetipo para todos lo que requiere para despertarse de verdad y vivir una vida libre del sufrimiento. Requiere que abandonemos la comodidad de nuestras vidas cotidianas, los hábitos que nos mantienen en un profundo sueño: las adicciones a cosas y sensaciones para mantenernos en un trance de ideas y creaciones mentales para no sentir, no ver, no ser conscientes de lo que es esta vida misma. Preferimos aferrarnos a nuestras fantasías e ilusiones, nuestros teorías e historias, para mantener un mundo ilusorio de lo que deseamos que sea, en vez de lo que es. La práctica consiste en despertarnos a lo que es el mundo en sí, libre de nuestros deseos, preocupaciones, miedos y aversiones, un mundo libre de engaños, ilusiones, mentiras, dogmas y delirios.

Entonces, ¿qué requiere para liberarnos del sufrimiento de nuestra condición como seres humanos? Requiere la renunciación total. Renunciación significa abandonar nuestro apego a las cosas y conceptos innecesarios y rendirnos a nuestro verdadero ser, nuestra naturaleza búdica, nuestra esencia. Así que, renuncia tu adicción a la comodidad, lo habitual, lo establecido. Renuncia tus ideas, tus conceptos, tus deseos, tus exigencias, tus expectativas, tus ilusiones. Renuncia toda esperanza de que el futuro vaya a ser mejor que hoy. Si esperas a la felicidad mañana, nunca estarás contento ahora. Si quieres algo, consigues algo. Si no quieres nada, consigues todo. Sin embargo, la verdadera renunciación no se trata de abandonar las cosas sino más bien es abandonar el poseedor de las cosas.  Si no hay yo, no hay nadie apegarse a nada. El mundo simplemente es lo que es en este instante.


Pero esto es lo que hizo el joven príncipe Siddhartha. Dejó atrás a su esposa, su hijo y su riqueza, renunció a todo el poder y la gloria prometidos que serían suyos para vivir en soledad lejos de los lugares frecuentados por hombres. Podemos en este punto preguntar: ¿Por qué debería hacer eso? "La respuesta es: su gran compasión. Lo que lo llevó a hacer tales sacrificios una y otra vez fue su Gran compasión, su ilimitada simpatía por los sufrimientos de los demás y su determinación de encontrar una salida al sufrimiento que todos pudieran pisar. Es sentir gran compasión por encima de todo que amamos y admiramos a Buda, fue la gran compasión que estuvo detrás de todos sus sacrificios y todos sus logros.

Buda sacrificó todo por nosotros. Era su compasión que le motivó salir de su palacio, su reino, su mundo y entrar en la soledad de lo desconocido. Él nos dio el ejemplo. Nos ha dado un mapa para recorrer. Lo que tenemos que hacer es abandonar lo cómodo, lo habitual, lo conocido y entrar en la soledad. Cuando nos sentamos sobre el cojín, seguimos el ejemplo de Buda. Al meditar, entramos en la soledad del silencio, el yermo de lo desconocido, la mente “no sé”. Así que abandonamos nuestro palacio de poder y control y nos rendimos al universo de este momento antes de lo conceptual. Arriesgamos todo para la salvación de nosotros y todos los seres del universo. Porque nuestro despertar individual es el despertar universal, puesto que todo está conectado. Si el Buda pudo despertar y liberarse del sufrimiento, entonces todos tenemos esta misma capacidad en esta misma vida, este mismo instante. De hecho, todo ya es iluminación, aunque no nos damos cuenta. No esperes. Libérate de una vez por todas.