MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

______________________


lunes, 11 de noviembre de 2019

Diálogos #75: El Maestro Se Presenta


BAGAJE EMOCIONAL Charla Dharma 10/NOV/2019



BAGAJE EMOCIONAL
Charla Dharma 10/NOV/2019
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

“En la verdadera quietud, en la verdadera naturaleza, en el verdadero vacío, no hay aparecer o desaparecer, no hay impermanencia o permanencia, no hay forma ni vacío…Llega la primavera y la nieve se derrite: aparecer y desaparecer es simplemente esto. El viento del Este sopla las nubes de lluvia hacia el Oeste: la impermanencia y la permanencia son simplemente esto. Cuando enciende la lámpara, toda la habitación se ilumina: toda la verdad es simplemente esto. La forma es forma, el vacío es vacío… ¿Puedes ver colores, puedes escuchar sonidos, puedes tocar cosas? ¿Es esta forma o es el vacío? ¡Dime, dime! Si dices incluso una palabra, estás equivocado. Y si no dices nada, estás equivocado. ¿Qué puedes hacer? KATZ!!! Aparecer, desaparecer, ¡déjalo! Impermanencia, permanencia, ¡déjalo! Forma, vacío, ¡déjalo!”   (Seung Sahn, 150), Dropping Ashes on the Buddha[i]
La otra noche soñé que había llegado a casa después de un largo viaje, y de repente me acordé de que había dejado todo mi equipaje en el aeropuerto. Este hecho me causaba mucha ansiedad en el sueño, puesto que no había nada para sentarse en la reunión de meditación que estaba al punto de realizarse, estando los cojines entre las cosas abandonadas en el aeropuerto. En la mañana, me desperté de este sueño con la sensación de que había perdido algo, o sea, mi bagaje. Pero después de considerarlo un momento, me di cuenta: “¡He perdido mi bagaje!” es decir, mi bagaje emocional ya no estaba. Mis historias, dramas, y expectativas ya no me atormentaban como antes, las había dejado en el aeropuerto del pasado, el punto donde la gente viene y va, aparece y desaparece, la mente discriminativa. Sin embargo, no hay bueno ni malo, no hay mañana ni ayer. No hay nada lograr o defender. Como dice Seung Sahn, “Llega la primavera y la nieve se derrite; el viento del Este sopla las nubes de lluvia hacia el Oeste; cuando enciende la lámpara, toda la habitación se ilumina.”  Todo es simplemente esto antes del pensar, antes del juzgar, criticar, comparar, afirmar, defender, tener o no tener la razón. ¿Cuál es tu verdadera cara? Si dices una palabra, estás equivocado. Si no dices nada, estás equivocado. Los pájaros cantan. Hace fresco hoy. Los peces nadan en la pecera. ¡Déjalo ir todo!

Es como si estuvieras viajando por avión de Guadalajara a Nueva York sujetando una maleta pesada. La maleta representa todo tu karma: tus preocupaciones, responsabilidades, y problemas financieros; tus niños enfermos, tu estrés, y tus frustraciones con tu pareja, tu jefe, y tu familia. ¿Por qué sigues sujetando esta maleta? ¿Crees que si la sueltas no llegarás a tu destinación? ¿Crees que esta maleta es tan importante que si lo sueltas el avión se caerá? ¡Claro que no! El avión es confiable con pilotos y azafatas profesionales. Puedes confiar en ellos. Puedes simplemente bajar tu maleta y permitir que el avión, los pilotos y las azafatas te lleven. Incluso puedes sentarte en primera clase, mirar por la ventana, y disfrutar la vista de nubes y paisajes abajo. El avión es el Dao, la Vía espiritual. No puedes lograr el Dao, es lo que es. Si te rindes, si sueltas tu bagaje, si te sientas y te relajas, el Dao te lleva. No necesitas controlarlo. Es mucho más sabio que tú. Es infinito en su sabiduría. Simplemente fluye con él.

Al mismo tiempo, date cuenta de que no estás viajando solo. Hay muchos otros viajeros acompañándote en el mismo avión. Todos quieren llegar al mismo lugar. Todos vamos juntos. Puede ser que hay uno en el asiento a tu lado que sufre por ansiedad extrema. Tiene miedo al volar. Se ve que está sudando, tomando mucho alcohol, y hablando sin parar. Al despegar el avión, esta persona está al punto de tener un ataque de nervios. Entonces, ¿qué haces? Si lo ignoras, todos van a sufrir si se pierde en pánico. Así que, se conviene a todos ayudarle. Lo saludas, entablándole en conversación, invitándole a una copa para tranquilizarlo sus nervios. Haces todo lo posible para que se sienta bien. Y todos en el avión están agradecidos por tu valiente esfuerzo.

De esta forma, cumplimos nuestros votos como bodhisattvas: estamos salvando a todos los seres sensibles, porque al ayudar a uno, todos están salvados. Usamos todos nuestros medios hábiles, todos nuestros preceptos espirituales, para ayudar a otros. Los preceptos son muy importantes. Son como un letrero señalándonos la vía correcta. Sin embargo, no deberíamos estar apegados a los preceptos. Ninguna acción es buena o mala en sí. Sólo importa la intención. Así que, para ser bodhisattvas, a veces hay que romper los preceptos para ayudar a otros.  La siguiente historia demuestra esto: 
  
“Una vez, el Maestro Zen Kyong Ho estaba viajando con su estudiante, el Maestro Zen Mang Gong. La pierna de Mang Gong comenzó a doler, tanto que cuando finalmente se sentó debajo de un árbol, no pudo volver a levantarse. Esto era un gran problema, ya que tenían que estar en cierto templo antes del anochecer, y todavía quedaban muchos kilómetros por recorrer. “Entonces Kyong Ho dejó a Mang Gong debajo del árbol y se alejó. Cruzó varios campos hasta que llegó a algunos campesinos trabajando. Una de ellas era una niña de dieciséis o diecisiete años. Se acercó a ella, la tomó en sus brazos y le dio un beso apasionado. El padre de la niña y los otros campesinos lo miraron asombrados, lo que aumentó aún más cuando notaron que Kyong Ho era un monje. Por supuesto, estaban indignados y comenzaron a perseguir a Kyong Ho por los campos. Kyong Ho se dirigió hacia el árbol y gritó: ‘¡Levántate! ¡Corre por tu vida! "Cuando Mang Gong lo vio acercarse con una banda de campesinos enojados detrás de él, saltó y salió corriendo a toda velocidad. Llegaron al templo antes del anochecer.” (Seung Sahn, 148-149)
Como se ve en esta historia, a veces estamos tan dolidos con nuestro karma que casi no podemos seguir adelante en nuestro camino. Estamos muy cargados con nuestro bagaje. No obstante el maestro decide, por el bien de su alumno, romper su voto como monje y besa a la hija de un papá cultivando su campo con sus compadres, lo cual causa tanto escándalo, que al ver todos los campesinos persiguiendo su maestro, el alumno olvida sus dolencias y va corriendo al refugio del monasterio. Como bodhisattvas, tenemos que estar dispuestos hacer lo que sea para salvar a los demás, incluso a veces hacer lo que aparenta romper los preceptos. La intención es salvar a otros, no simplemente beneficiarnos a nosotros mismos. Y así, forma es forma, vacío es vacío. Te despiertas y cumples tu Gran Función salvando a otros para que todos lleguen a casa sano y salvo, y si son muy afortunados, se deja el bagaje en el aeropuerto.     


[i] Mitchell, Stephen. Dropping Ashes on the Buddha: The Teachings of Zen Master Seung Sahn. Grove/Atlantic, Inc.. Edición de Kindle.