MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 25 de noviembre de 2019

ÁRBOL SAGRADO Charla Dharma 24/NOV/2019





ÁRBOL SAGRADO
Charla Dharma 24/NOV/2019
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

He aquí una hoja del árbol de bodhi debajo del cual el Buda se despertó. ¿Qué significa esta hoja, este árbol, esta hazaña para nosotros hoy en día?



El Buda y sus enseñanzas siempre han estado estrechamente asociados con la naturaleza, con un alto significado espiritual particularmente vinculado a los árboles. El simbolismo de los árboles ha transmitido efectivamente el Buda-Dharma a lo largo de los años, y es particularmente relevante para nuestro tiempo actual debido a la preocupación ecológica y la crisis ambiental. La asociación del Buda con la naturaleza refleja su rechazo de la seguridad, la estructura y el confort de la vida familiar, que a su vez fue un rechazo de la sociedad de su época plagada de agitación urbana, guerras, estrés, crecimiento económico acompañado por agresión y competencia. Al retratar al Buda históricamente como cercano a la naturaleza, destaca su búsqueda de una Verdad más profunda basada en la armonía, la simplicidad, la belleza, la compasión y la paz. Al mismo tiempo, el simbolismo de los árboles a lo largo de la vida y la historia de Buda ha transmitido una sensación de refugio, protección, curación, belleza y paz, todas cualidades que transmiten las enseñanzas básicas del Dharma hacia el logro del Nirvana. Qué imagen más efectiva que el Buda sentado tranquilamente en la sombra fresca de un árbol para ilustrar la paz, la tranquilidad y el fresco reposo de uno libre de ansia y anhelo, cuando los fuegos de deseo se han extinguido, y uno está en armonía con el mundo y consigo mismo (Armstrong, 2001).


De hecho, cada evento importante en la vida del Buda estuvo asociado de alguna manera con los árboles: nacimiento, iluminación, primeras enseñanzas y muerte. En ciertos relatos, la madre del Buda lo dio a luz debajo del árbol ashoka. La palabra "ashoka" significa “sin tristeza”, de ahí el árbol sin tristeza. Tal vez esto transmita que, aunque la madre de Buda murió debido al parto, no hay tristeza, ya que dio a luz un ser espiritualmente grandioso que curaría la tristeza y el sufrimiento (Árboles y Budismo, 2012). Las brillantes flores de color amarillo anaranjado de este árbol se vuelven rojas antes de marchitarse mostrando la transformación que uno atraviesa en la práctica espiritual a medida que evoluciona en su apertura hacia su verdadero ser y finalmente brilla intensamente antes de que el cuerpo finalmente se desvanezca, como cuando el Buda, al final de su vida terrenal, alcanzó el Paranirvana. En este momento había luces en el cielo y el ruido de terremotos sacudiendo la tierra, y las flores de los árboles se abrieron fuera de temporada, cubriéndole al caer, mientras su cuerpo desvaneció
(Armstrong, 2001).

Buda nació bajo un árbol del norte de la India, que se llama sal, del cual su madera se usa como astringente e incienso y su aceite ilumina las lámparas. Igualmente Buda cura el deseo limpiando las heridas del sufrimiento. Su Dharma es dulce y atractiva como el mejor incienso, revelándonos la práctica espiritual. A fin de cuentas, es nuestra lámpara cuya luz nos guía al Nirvana. (Árboles y Budismo, 2012).


Cuando Buda era niño, su primera profunda experiencia espiritual fue a la sombra de un árbol rosa-manzano.  Entró en trance mientras observaba los movimientos repetitivos de un granjero arando sus campos, desenterrando hormigas y arrancando plantas. El niño sintió compasión por estas criaturas y plantas. Pero al mismo tiempo, sintió alegría y paz sentado en la sombra del rosa-manzano. Esta experiencia formó la basa de la meditación, la contemplación, y el cultivo espiritual luego en su vida. (Armstrong, 2001).




Los primeros sermones del Buda que inauguraron su carrera misionera tuvieron lugar en un bosque de árboles (Silva, 2005-2012). Sin embargo, el más sagrado de todos los árboles en el budismo es el árbol de Bodhi, bajo el cual el Buda alcanzó la iluminación. El árbol de Bodhi tiene un profundo significado espiritual para los practicantes budistas. Siendo el lugar de su iluminación en el norte de la India, el árbol de Bodhi tiene santidad geográfica, un objeto de peregrinación espiritual. Este árbol es un arquetipo del árbol mundial encontrado en iconografía de muchas religiones del mundo. Sus raíces se adentran en las aguas del infinito. Sus ramas y hojas soplan en los vientos del vacío. Está iluminado por la clara luz de la sabiduría. Es un refugio de los tigres y dragones del deseo. Sus hojas son verdes con la primavera y sus poderes regenerativos. Su fruto representa el conocimiento del Dharma y la sabiduría que aporta al comprender vidas pasadas,
la unidad y la inmortalidad. Este árbol mundial une todos los mundos. El árbol de Bodhi es una representación simbólica de nuestro crecimiento hacia la liberación. Es un viaje al infinito, como una pequeña semilla que se abre para crecer y liberar la mente. Su semilla crece más allá de los límites de este cuerpo y sus ramas crecen hacia lo Infinito mientras que sus raíces se apoyan firmemente en el suelo de la vida cotidiana. (La meditación del árbol Bodhi, 2012)



La adoración a los árboles era común en la época del Buda. Se cree firmemente en la India que espíritus y dioses habitan en árboles particularmente grandes y nudosos y estos seres pueden conceder favores a los que les honren (Dhammika, 2010, 2011). Los árboles proporcionan refugio y protección.

Se cuenta que el joven Asceta Gotama (el nombre del Buda antes de su Iluminación) practicaba ayunas tan severas, que se veía como un esqueleto.


Siendo casi al punto de morir, fue por la compasión de una joven ofreciéndole alimento al Asceta Gotama sentado bajo un árbol sagrado, que el joven bodhisattva pudiera ponerse en el camino correcto de la contemplación y realización. La joven se llamaba Sujata, y le dio leche de arroz al Asceta Gotama pensando que era un dios que habitaba el árbol:

Ahora, en un pueblo cercano llamado Senani, vivía una niña joven, muy hermosa y rica llamada Sujata, que quería un esposo de igual rango y un hijo. Había esperado durante muchos años y no tuvo éxito. La gente le dijo que debía ir a cierto árbol de higuera cerca del río Neranjara y rezarle al dios del árbol para que le diera un esposo y un hijo. Ella hizo lo que la gente le dijo y más tarde se casó con un joven y tuvieron un hijo encantador. Estaba extremadamente feliz y decidió cumplir su promesa al dios del árbol por darle todo lo que había pedido.


Sujata tenía mil vacas, y las alimentó con enredaderas dulces para que la leche de vaca fuera dulce. Ordeñó estas mil vacas y alimentó con esa leche a quinientas vacas, y luego alimentó con su leche a doscientas cincuenta vacas y así sucesivamente hasta que alimentó solo ocho vacas. Ella hizo esto para obtener la leche más dulce y nutritiva, para hacer un delicioso arroz con leche como una ofrenda al dios del árbol.

Mientras hacía esto, se sorprendió al ver a su sirviente corriendo de la limpieza y preparando el área al pie del árbol de higuera. Muy feliz y emocionado, el sirviente dijo: "¡Mi señora Sujata! El dios de la higuera está meditando al pie del árbol. Qué suerte tienes de tener al dios en persona para aceptar tu comida".

Sujata también estaba feliz, emocionada y bailaba de alegría con el sirviente. Luego se esforzaron aún más para preparar el arroz con leche, vertiéndolo en un cuenco dorado.

Tomando el delicioso arroz con leche, ambos fueron al árbol de higuera y Sujata vio lo que ella percibía como un hombre santo. Era guapo y de aspecto dorado y se sentaba serenamente en meditación. Ella no sabía que él era, de hecho, Asceta Gotama. Ella se inclinó con respeto y dijo: "Señor, acepta mi donación de arroz con leche. Que tengas éxito en obtener tus deseos como yo".



El asceta Gotama se comió el dulce y espeso arroz con leche y luego se bañó en el río Neranjara. Esta era la última comida y baño que tendría en siete semanas. Cuando terminó, tomó el cuenco dorado y lo arrojó al río, diciendo: "Si tengo éxito en convertirme en un Buda hoy, deje que este cuenco vaya río arriba, pero si no, déjelo ir río abajo". El cuenco dorado fue río arriba, todo el tiempo manteniéndose en el medio del río. (Buddhanet, 15)


Así que, por su dedicación y devoción al árbol, Sujata pudo realizarse como madre, esposa y primera seguidora laica del Buda. Todo su preparación y purificación de la leche de su ofrenda nos recuerda de nuestra propia práctica de cultivo y disciplina espiritual. En agradecimiento, ella le ofrece lo mejor de sus labores, y como acto de compasión, le ofrece arroz con leche. Pero Asceta Gotama, como nosotros, no se quedó apegado al vehículo de esta compasión, el cuenco dorado, y lo arroja al río. Así, cada día, arrojamos nuestros apegos al río, y seguimos nuestro camino y práctica, testigos a los milagros y bendiciones que se manifiestan a nuestro alrededor, como el cuenco dorado flotando río arriba en el camino medio. Eventualmente nuestra práctica da fruto. Ya Asceta Gotama siente la fuerza y determinación para enfrentar el reto final:


El héroe se paseó por las orillas del río. La noche descendió lentamente. Las flores cansadas ​​cerraron sus pétalos; una dulce fragancia surgió de los campos y jardines; los pájaros ensayaron tímidamente sus canciones finales del atardecer.

Fue entonces cuando el héroe caminó hacia el árbol del conocimiento.

El camino estaba rociado con polvo de oro; palmeras raras, cubiertas de piedras preciosas, se alinearon en el camino. Rodeó el borde de un estanque cuyas benditas aguas exhalaron un perfume embriagador. Lotos blancos, amarillos, azules y rojos extendieron sus pétalos masivos sobre la superficie, y el aire resonó con las claras canciones de los cisnes. Cerca del estanque, debajo de las palmeras, ninfas bailaban, mientras que en el cielo los dioses admiraban al héroe.

Se acercó al árbol. Al costado del camino, vio a Svastika, el segador.

"Son tiernos, estas hierbas que estás cortando, Svastika. Dame un poco de hierba; quiero cubrir el asiento que ocuparé cuando alcance el conocimiento supremo. Son verdes, estas hierbas que estás cortando, Svastika. Dame un poco de hierba, y algún día conocerás la ley, porque te la enseñaré, y tú puedes enseñarla a otros ".

El segador le dio al Santo ocho puñados de hierba.

Allí estaba el árbol del conocimiento. El héroe fue al lado este del árbol y se inclinó siete veces. Tiró los puñados de hierba al suelo y, de repente, apareció un gran asiento. La hierba suave lo cubría como una alfombra.

El héroe se sentó, con la cabeza y los hombros erguidos, la cara vuelta hacia el este. Luego dijo con voz solemne:

"Incluso si mi piel se reseca, incluso si mi mano se marchitara, incluso si mis huesos se desmoronaran en polvo, hasta que haya alcanzado el conocimiento supremo, no me moveré de este asiento".

Y se cruzó de piernas. (Harold, 1922, 87-88)


Así se sentó Gotama, quieto e inmóvil, determinado alcanzar el conocimiento supremo y liberarse de la vida y la muerte, la ilusión y el sufrir. Este es nuestra forma también. Nos sentamos sobre nuestro asiento, un cojín redondo, un banquito de madera, o una silla sin respaldo. El sentarnos rectos sin mover hasta lograr la liberación es un acto simbólico que realizamos cada día. Nos sentamos bajo el árbol de bodhi, el árbol de conocimiento, el árbol de nuestro espino dorsal con sus ramas de nervios cerebrales extendiéndose a través de nuestra mente. Allí, en el silencio y la paz, contemplamos, “¿Quién soy?” En el silencio antes del pensar, enfrentamos Mara.

El ejército de Mara era una visión aterradora. Se erizaba con picas, flechas y espadas; muchos llevaban enormes hachas de batalla y palos pesados. Los soldados eran negros, azules, amarillos, rojos y sus caras eran aterradoras. Sus ojos eran crueles llamas; sus bocas escupían sangre. Algunos tenían las orejas de una cabra, otros las orejas de un cerdo o de un elefante. Muchos tenían cuerpos con forma de jarra. Uno tenía las patas de un tigre, la joroba de un camello y la cabeza de un burro; otro tenía melena de león, cuerno de rinoceronte y cola de mono. Había muchos con dos, cuatro y cinco cabezas, y otros con diez, doce y veinte brazos. En lugar de adornos, llevaban mandíbulas, calaveras y dedos humanos marchitos. Y sacudiendo sus peludas cabezas, avanzaron con una horrible risa y gritos salvajes:

"Puedo disparar cien flechas a la vez; agarraré el cuerpo del monje". "Mi mano puede derrumbar el sol, la luna y las estrellas; qué fácil será aplastar a este hombre y su árbol". "Mis ojos están llenos de veneno: se secarían el mar; lo miraré y se quemará en cenizas".

Sarthavaha, el hijo de Mara, guardó silencio mirando la escena. Algunos amigos se habían reunido a su alrededor y decían:

"¡Tontos! Crees que está loco porque medita; crees que es cobarde porque está tranquilo. Eres tú quien está loco, eres tú quien es cobarde. No conoces su poder; por su gran sabiduría los va a derrotar a todos. Si sus números fueran tan infinitos como los granos de arena en las orillas del Ganges, no molestarían ni un solo pelo de su cabeza. ¡Y creen que pueden matarlo! ¡Oh, regresen! No intenten dañarlo; inclínese ante él con reverencia. Su reinado ha llegado. Los chacales aúllan en los bosques cuando el león está lejos, pero cuando el león ruge, los chacales se escapan aterrorizados. ¡Tontos, tontos! Gritan con arrogancia mientras el maestro guarda silencio, pero cuando el león habla se irán corriendo."

El ejército escuchó con desprecio estas palabras de sabiduría pronunciadas por Sarthavaha y sus amigos. Siguió avanzando.

Antes de atacar al héroe, Mara trató de asustarlo. Despertó contra él la furia de los vientos. Los vendavales feroces se precipitaron hacia él desde el horizonte, arrancando árboles, devastando pueblos, sacudiendo montañas, pero el héroe nunca se movió; ni un solo pliegue de su túnica estaba perturbado.

El Maligno convocó las lluvias. Cayeron con gran violencia, sumergiendo ciudades y cicatrizando la superficie de la tierra, pero el héroe nunca se movió; ni un solo hilo de su túnica estaba mojado.

El Maligno hizo rocas ardientes y las arrojó al héroe. Se apresuraron por el aire pero cambiaron cuando se acercaron al árbol, y cayeron, no como rocas, sino como flores.

Luego, Mara ordenó a su ejército que soltara sus flechas contra su enemigo, pero las flechas también se convirtieron en flores. El ejército corrió hacia el héroe, pero la luz que difundió actuó como un escudo para protegerlo; las espadas se estremecieron, las hachas de batalla fueron abolladas por ella, y cada vez que un arma caía al suelo, también se transformaba en una flor.

Y, de repente, llenos de terror al ver a estos prodigios, los soldados del Maligno huyeron.

Y Mara se retorció las manos con angustia, y lloró:

"¿Qué he hecho para que este hombre me derrote? ¡Porque no son pocos, aquellos cuyos deseos les he concedido! ¡A menudo he sido amable y generoso! Esos cobardes que huyen podrían dar testimonio de eso".

Las tropas que aún estaban cerca respondieron:
"Sí, has sido amable y generoso. Lo atestiguaremos".

"Y él, ¿qué prueba ha dado de su generosidad?" continuó Mara. "¿Qué sacrificios ha hecho? ¿Quién dará testimonio de su amabilidad?"

Entonces una voz salió de la tierra y dijo:

"Seré testigo de su generosidad".

Mara quedó boquiabierta de asombro. La voz continuó:

"Sí, yo, la Tierra, yo, la madre de todos los seres, daré testimonio de su generosidad. Cien veces, mil veces, en el curso de sus existencias anteriores, sus manos, sus ojos, su cabeza, su cuerpo entero han estado al servicio de los demás. Y en el curso de esta existencia, que será la última, destruirá la vejez, la enfermedad y la muerte. Mientras te supera en fuerza, Mara, incluso así te supera en generosidad. "

Y el Maligno vio a una mujer de gran belleza emerger de la tierra, hasta la cintura. Ella se inclinó ante el héroe, y juntando las manos, dijo: "¡Oh, el más santo de los hombres! Soy testigo de tu generosidad".





Entonces ella desapareció.

Y Mara, el malvado, lloró porque había sido derrotado. (Harold, pp. 91-95)


He aquí una hoja del árbol de bodhi, la que representa la fuerza vital unificándonos todos, ya que todos somos las hojas del mismo árbol Supremo, la Naturaleza Fundamental, la Madre Matriz de todo.  De hecho, en la historia de Kalingabodhi Jataka, el Buda indica que el Árbol de Bodhi podría ser utilizado como un objeto de veneración, homenaje y respeto por los devotos en ausencia del Buda. (Hoja Bodhi, 2012) En homenaje a este gran logro, los invito sentarse conmigo bajo el árbol de Bodhi el próximo 7-8 de diciembre. Sean la luz que vence la oscuridad.









BIBLIOGRAFÍA

Armstrong, Karen. (2001).  Buddha. Penguin LIVES Series.
A View on Buddhism.  General Buddhist Symbols.
                Accessed May 25, 2012.
“Bodhi Leaf”.  Art and Culture: Symbols.
Accessed May 25, 2012
Buddhanet. The Life of Buddha. Buddha Dharma Education Association and Buddhanet.
                Accessed Nov. 23, 2019
Dhammika, Shravasti.  (2010, 2011) “The Buddha and Trees I, II, and III.”
Accessed May 25, 2012.
EcoDharma. “Is Buddhism Anti-Nature?”  Written for a seminar at Madhyamaloka on
the topic of Buddhism and Nature.
Accessed May 25, 2012.
Guide to Buddhism A to Z.  “Trees”.
                Accessed May 25, 2012.
                http://buddhisma2z.com/content.php?id=425
Harold, A. Ferdinand. The Life of Buddha.
                Accessed Nov.  23, 2019.
                https://www.sacred-texts.com/bud/lob/lob20.htm
Silva, Lily de.  (2005-2012). “The Buddhist Attitude Toward Nature.”
                Accessed May 25, 2012.
“The Bodhi Tree Meditation: A Buddhist Spiritual Practice Based on the Buddha's Night
of Liberation”
Accessed May 25, 2012
http://www.wisdom-tree.com/index.html
Trees and Buddhism.
                Accessed May 25, 2012.
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Diálogos Zen #77: La Noche Oscura del alma



lunes, 18 de noviembre de 2019

AMOR SIN VIOLENCIA Charla Dharma 17/NOV/2019





AMOR SIN VIOLENCIA
Charla Dharma 17/NOV/2019
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Hay que entender que todos los grandes maestros, el Buddha, Krishna, Shiva, todos están hablando más sobre el ahimsa que el amor. Amor es segundo al ahimsa. Para los occidentales, amor suena más positivo, y ahimsa, no-violencia, suena negativo. Todos los maestros del Oriente enfocan más en la no-violencia que el amor, porque en el amor puede convertirse en agresión lentamente. Cuando dices a alguien “Te amo” estás dando una promesa a alguien. Estás expresando que lo o la quieres con la intención de crear un cielo a su alrededor. Cuando dices que amas a alguien, ya esto implica muchas promesas: vas a regalar rosas, siempre vas a llegar a la hora correcta a cenar, siempre vas a decir la verdad, que eres confiable, que puede contar en ti. Esencialmente estás prometiendo a la otra persona que vas a hacerle otra feliz para siempre. Lamentablemente, esta crea expectativas imposibles a cumplir.  Y cuando no las cumples, todo parece una mentira, todo está estropeado, y los dos se sienten defraudados y decepcionados. Así que, estas promesas basadas en “te amo” fomentan la violencia emocional y mental.
         En cambio, con la no-violencia, ya es muy claro. Cuando comienzas una relación basada en la no-violencia, estás diciendo a la otra persona, “No te voy a hacer daño”, nada más. La forma más correcta y sincera para amar a otra persona es a partir de la no-violencia, no el amor. El amor llegará cuando experimentas la no-violencia. No puedes forzar el amor. Sólo puede llegar por medio de la no-violencia. El amor sucederá como un producto secundario.
         Ahimsa es la enseñanza más suprema de todos los tiempos. Es una verdad universal. Ahimsa es la única manera para que los seres humanos puedan coexistir entre sí y con los otros seres en este planeta nuestro hogar. Ahimsa es la verdad de la vida, más importante que el amor. El amor, aunque sea un concepto muy apreciado, se vuelve confuso debido a las varias formas de amor: el amor personal, el amor romántico, el amor por las cosas, y el amor trascendental. Sin embargo, ahimsa, la no-violencia, es fundamental para nuestra existencia personal y colectiva. La no-violencia es clara y directa. Todos tenemos la capacidad de comprender y apreciar exactamente lo que significa no-violencia. Implica paz y amor para todos. Incluye todos los seres, los humanos y los insectos, los microbios y peces, las montañas y ríos, las rocas y plantas. No importa tu raza o género, tu religión o creencia, si eres de un partido político u otro.
         No obstante, simplemente decir paz, se puede caer en la inacción y pasividad. Pero de hecho, la no-violencia implica activamente no hacer daño a nada ni nadie, ni física, mental, emocional, o psicológicamente, ni a otros ni a uno mismo. No-violencia implica cómo vivimos en el mundo, juntos a otros que son diferentes de nosotros, pero quienes son iguales en esencia. Todos queremos ser felices, contentos, y libres del sufrimiento. Todos queremos realizarnos como personas exitosas. Todos queremos cuidar a nuestras familias y nuestros seres queridos. Incluso los bichos más pequeños quieren vivir libres del sufrir. Por eso, el mundo necesita practicar la no-violencia, el no hacer daño, tanto los gobiernos, las sociedades, y cada persona caminando en la calle.


lunes, 11 de noviembre de 2019

Diálogos #75: El Maestro Se Presenta


BAGAJE EMOCIONAL Charla Dharma 10/NOV/2019



BAGAJE EMOCIONAL
Charla Dharma 10/NOV/2019
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

“En la verdadera quietud, en la verdadera naturaleza, en el verdadero vacío, no hay aparecer o desaparecer, no hay impermanencia o permanencia, no hay forma ni vacío…Llega la primavera y la nieve se derrite: aparecer y desaparecer es simplemente esto. El viento del Este sopla las nubes de lluvia hacia el Oeste: la impermanencia y la permanencia son simplemente esto. Cuando enciende la lámpara, toda la habitación se ilumina: toda la verdad es simplemente esto. La forma es forma, el vacío es vacío… ¿Puedes ver colores, puedes escuchar sonidos, puedes tocar cosas? ¿Es esta forma o es el vacío? ¡Dime, dime! Si dices incluso una palabra, estás equivocado. Y si no dices nada, estás equivocado. ¿Qué puedes hacer? KATZ!!! Aparecer, desaparecer, ¡déjalo! Impermanencia, permanencia, ¡déjalo! Forma, vacío, ¡déjalo!”   (Seung Sahn, 150), Dropping Ashes on the Buddha[i]
La otra noche soñé que había llegado a casa después de un largo viaje, y de repente me acordé de que había dejado todo mi equipaje en el aeropuerto. Este hecho me causaba mucha ansiedad en el sueño, puesto que no había nada para sentarse en la reunión de meditación que estaba al punto de realizarse, estando los cojines entre las cosas abandonadas en el aeropuerto. En la mañana, me desperté de este sueño con la sensación de que había perdido algo, o sea, mi bagaje. Pero después de considerarlo un momento, me di cuenta: “¡He perdido mi bagaje!” es decir, mi bagaje emocional ya no estaba. Mis historias, dramas, y expectativas ya no me atormentaban como antes, las había dejado en el aeropuerto del pasado, el punto donde la gente viene y va, aparece y desaparece, la mente discriminativa. Sin embargo, no hay bueno ni malo, no hay mañana ni ayer. No hay nada lograr o defender. Como dice Seung Sahn, “Llega la primavera y la nieve se derrite; el viento del Este sopla las nubes de lluvia hacia el Oeste; cuando enciende la lámpara, toda la habitación se ilumina.”  Todo es simplemente esto antes del pensar, antes del juzgar, criticar, comparar, afirmar, defender, tener o no tener la razón. ¿Cuál es tu verdadera cara? Si dices una palabra, estás equivocado. Si no dices nada, estás equivocado. Los pájaros cantan. Hace fresco hoy. Los peces nadan en la pecera. ¡Déjalo ir todo!

Es como si estuvieras viajando por avión de Guadalajara a Nueva York sujetando una maleta pesada. La maleta representa todo tu karma: tus preocupaciones, responsabilidades, y problemas financieros; tus niños enfermos, tu estrés, y tus frustraciones con tu pareja, tu jefe, y tu familia. ¿Por qué sigues sujetando esta maleta? ¿Crees que si la sueltas no llegarás a tu destinación? ¿Crees que esta maleta es tan importante que si lo sueltas el avión se caerá? ¡Claro que no! El avión es confiable con pilotos y azafatas profesionales. Puedes confiar en ellos. Puedes simplemente bajar tu maleta y permitir que el avión, los pilotos y las azafatas te lleven. Incluso puedes sentarte en primera clase, mirar por la ventana, y disfrutar la vista de nubes y paisajes abajo. El avión es el Dao, la Vía espiritual. No puedes lograr el Dao, es lo que es. Si te rindes, si sueltas tu bagaje, si te sientas y te relajas, el Dao te lleva. No necesitas controlarlo. Es mucho más sabio que tú. Es infinito en su sabiduría. Simplemente fluye con él.

Al mismo tiempo, date cuenta de que no estás viajando solo. Hay muchos otros viajeros acompañándote en el mismo avión. Todos quieren llegar al mismo lugar. Todos vamos juntos. Puede ser que hay uno en el asiento a tu lado que sufre por ansiedad extrema. Tiene miedo al volar. Se ve que está sudando, tomando mucho alcohol, y hablando sin parar. Al despegar el avión, esta persona está al punto de tener un ataque de nervios. Entonces, ¿qué haces? Si lo ignoras, todos van a sufrir si se pierde en pánico. Así que, se conviene a todos ayudarle. Lo saludas, entablándole en conversación, invitándole a una copa para tranquilizarlo sus nervios. Haces todo lo posible para que se sienta bien. Y todos en el avión están agradecidos por tu valiente esfuerzo.

De esta forma, cumplimos nuestros votos como bodhisattvas: estamos salvando a todos los seres sensibles, porque al ayudar a uno, todos están salvados. Usamos todos nuestros medios hábiles, todos nuestros preceptos espirituales, para ayudar a otros. Los preceptos son muy importantes. Son como un letrero señalándonos la vía correcta. Sin embargo, no deberíamos estar apegados a los preceptos. Ninguna acción es buena o mala en sí. Sólo importa la intención. Así que, para ser bodhisattvas, a veces hay que romper los preceptos para ayudar a otros.  La siguiente historia demuestra esto: 
  
“Una vez, el Maestro Zen Kyong Ho estaba viajando con su estudiante, el Maestro Zen Mang Gong. La pierna de Mang Gong comenzó a doler, tanto que cuando finalmente se sentó debajo de un árbol, no pudo volver a levantarse. Esto era un gran problema, ya que tenían que estar en cierto templo antes del anochecer, y todavía quedaban muchos kilómetros por recorrer. “Entonces Kyong Ho dejó a Mang Gong debajo del árbol y se alejó. Cruzó varios campos hasta que llegó a algunos campesinos trabajando. Una de ellas era una niña de dieciséis o diecisiete años. Se acercó a ella, la tomó en sus brazos y le dio un beso apasionado. El padre de la niña y los otros campesinos lo miraron asombrados, lo que aumentó aún más cuando notaron que Kyong Ho era un monje. Por supuesto, estaban indignados y comenzaron a perseguir a Kyong Ho por los campos. Kyong Ho se dirigió hacia el árbol y gritó: ‘¡Levántate! ¡Corre por tu vida! "Cuando Mang Gong lo vio acercarse con una banda de campesinos enojados detrás de él, saltó y salió corriendo a toda velocidad. Llegaron al templo antes del anochecer.” (Seung Sahn, 148-149)
Como se ve en esta historia, a veces estamos tan dolidos con nuestro karma que casi no podemos seguir adelante en nuestro camino. Estamos muy cargados con nuestro bagaje. No obstante el maestro decide, por el bien de su alumno, romper su voto como monje y besa a la hija de un papá cultivando su campo con sus compadres, lo cual causa tanto escándalo, que al ver todos los campesinos persiguiendo su maestro, el alumno olvida sus dolencias y va corriendo al refugio del monasterio. Como bodhisattvas, tenemos que estar dispuestos hacer lo que sea para salvar a los demás, incluso a veces hacer lo que aparenta romper los preceptos. La intención es salvar a otros, no simplemente beneficiarnos a nosotros mismos. Y así, forma es forma, vacío es vacío. Te despiertas y cumples tu Gran Función salvando a otros para que todos lleguen a casa sano y salvo, y si son muy afortunados, se deja el bagaje en el aeropuerto.     


[i] Mitchell, Stephen. Dropping Ashes on the Buddha: The Teachings of Zen Master Seung Sahn. Grove/Atlantic, Inc.. Edición de Kindle.