MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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domingo, 5 de abril de 2020

Manifiesto Monástico (Texto) Voto 3 Comprometerse a Cultivar Sangha Charla Dharma 05 ABR 2020



MANIFIESTO MONÁSTICO
Voto 3
Comprometerse a Cultivar Sangha
Charla Dharma 05/ABR/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

3. Me comprometo a cultivar sangha al hacerme amigo de espíritus afines a lo largo del camino, amigos de Dharma con quienes puedo compartir mis aspiraciones más profundas y mentores que pueden ofrecer orientación y sabiduría a lo largo de este camino llamado vida.

En estos tiempos inseguros de cuarentena y distanciamiento social, nos pone al relieve la importancia de sangha. No hay tesoro más grande que la sangha. El apoyo de la sangha puede hacer la diferencia entre vida y muerte. Hace unos días, me di cuenta de lo hermoso de la sangha cuando sufrí una crisis de salud, y la sangha me salvó. Después de unos días de síntomas fuertes de gripe, me congestioné tanto que no pude respirar bien. Llamé a un miembro de la sangha, Min Mei, pidiendo ayuda. A pesar de los riesgos involucrados por la cuarentena del coronavirus, Min Mei llegó instantáneamente a mi casa para llevarme al hospital. Otros miembros de la sangha llegaron también, Pati, Pilar, y mi pareja Manuel, para acompañarme y ofrecer su apoyo, aunque sea desde el otro lado de una ventanita de observación. Al examinarme, el médico declaró que tuve neumonía, requiriendo intervención al instante. Por supuesto, la pregunta en la mente de todos fue si fuera coronavirus o no. Mientras que esperamos los resultados de la prueba del virus, me mantuvieron en aislamiento dentro del hospital. Así comenzó mi odisea de distanciamiento y ausencia de contacto físico con el mundo externo.

La salud es algo que damos por sentado. No la apreciamos hasta que la perdemos. Buddha enseñó:

La mayor de todas las ganancias es la salud,
Nibbana es la mayor felicidad,
El camino óctuple es el mejor de los caminos.
Porque conduce con seguridad a Lo que no muere. (MLD, 75:19)

En esta cita, Buddha no está comentando sólo en la salud física, sino también en la salud mental. Cuando estamos en equilibrio con la mente calma y lúcida, estamos en Nibbana. Nibbana significa “apagado”, libre del fuego de las pasiones. Así que, cuando la mente está agitada con deseos, miedos, ansiedad y enojo, experimentamos insatisfacción y sufrimiento. Para liberarnos de la insatisfacción, Buddha nos ofrece el camino óctuple, un mapa que nos guía en cómo vivir una vida en equilibrio y paz.   

Sin embargo, sentado en un cuarto blanco de aislamiento en el tercer piso de un hospital con médicos y enfermeras cubiertos en trajes blancos de cabeza a pie para prevenir contagio, les confieso que no me sentía en Nibbana. Al contrario, me sentí cómo en otro planeta extraño, como si unos alienígenas me hubieran secuestrado, colocándome bajo un microscopio para estudiarme detenidamente a través de una ventanita con luces brillantes a todo mi alrededor. Sentí ansiedad, claustrofobia, y miedo. “¿Voy a morir aquí?” pensé. “Es este el punto final de una vida dedicado al cultivo espiritual y el servicio?” Comencé a reflexionar sobre la trayectoria de mi vida: años de estudio de psicología, religiones comparadas, trabajo social, budismo y zen; viajes a Europa, la India, Canadá y un recorrido por los Estado Unidos desde la costa Atlántica hasta la costa Pacífica. Aquí en México me había dedicado 20 años a la formación de una sangha después de mucho estudio zen. Si muero ahora, ¿la sangha con su comunidad de practicantes va a colapsar? ¿Quién los guiará? ¿Cómo pueden seguir adelante? En medio de la noche oscura, llamé por celular a mi pareja Manuel, confesando mi miedo y preocupación. En vez de palabras alentadoras, me habló con palabras duras y directas, “Pues, tú eres el maestro. No puedes desmoronarte. Si tú te desmoronas, todos se desmoronarán. Tienes que calmarte y recordar quién eres.” Fue como una ducha de agua fría. Tenía razón. Tengo que recordar quién soy, a pesar de que me siento ansioso, nervioso, y al punto de un ataque de nervios.  
   
El Buddha nos aconseja el porqué se cultiva sangha al hacerse amigos de gente sabia y espiritual: 

"Entonces Magandiya, asóciate con hombres verdaderos. Cuando asocias con hombres verdaderos, escucharás el Dhamma verdadero. Cuando escuchas el Dhamma verdadero, practicarás de acuerdo con el Dhamma verdadero. Cuando practicas de acuerdo con el Dhamma verdadero, conocerás y lo verás por tí mismo así: Estos (los cinco skandhas o agregados de forma, sensación, percepción, impulsos mentales, y conciencia) son enfermedades, tumores y dardos; pero aquí estas enfermedades, tumores y dardos cesan sin dejar residuos. Con el cese de mi apego viene el cese de ser; con el cese de ser, el cese de nacimiento; con el cese de nacimiento, envejecimiento y muerte, tristeza, lamentación, dolor, pena, y desesperación cesan. Tal es el cese de toda esta masa de sufrimiento.’” (MLD, 75:25)
Manuel y la sangha son hombres y mujeres verdaderos, un conjunto de bodhisattvas sabios y compasivos. Aunque soy una persona sola sintiéndome débil e indefenso, no obstante, soy parte de algo mucho más grande, poderoso, y fuerte; somos uno, somos la sangha. De repente todo tenía sentido. Como un ego aislado, fue difícil enfrentar la crisis. Pero como un colectivo de bodhisattvas, somos invencibles. Redirigí mí atención a la sangha. Sabía que en aquel momento mismo, mucha gente estaba ofreciendo mérito en mi nombre, que estaban recogiendo fondos para cuidarme en la mejor forma posible, que querían ver en mi el reflejo de lo mejor de ellos mismos. En este momento recordé que juntos, todos somos Buddha, todos formamos una red de fuerza, amor, y vida. Somos todos Kwanseum, los mil brazos de compasión y sabiduría, mil formas del bodhisattva manifestándose en nuestras vidas realizando milagros de benevolencia y bienestar. Ya me sentí enchufado a su energía colectiva, un gran corriente de amor que atravesó las paredes y me conectó con lo que no muere porque nunca nació. Simplemente es Esto aquí donde todo está conectado, todos somos Uno. Con esto, reconecté con la Fuente, la mente verdadera de nuestro ser. Por el resto de la noche dormí tranquilamente, y durante los próximos días la paz y la claridad se quedaban conmigo hasta que el médico me diera de alta, todo era negativo en las pruebas, y estaba lo suficiente estable para volver a casa y seguir recuperándome. 

Mirando atrás, aprecio la enseñanza de Buddha. Cuando estaba apegado a los cinco skandhas, con mi preocupación por el cuerpo y mi vista limitada del ego finito, me perdí en ansiedad y miedo. No obstante, al redirigir la atención a la sangha, a nuestra función de ser bodhisattvas ayudándonos el uno con el otro, pude redescubrir lo que soy, la paz y el bienestar de Nibbana, la salud mental y físico, la salud que no depende en circunstancias buenas o malas. En los días que vienen, no se olviden que son parte de una sangha, una comunidad de gente sabia y bondadosa, bodhisattvas trabajando para aliviar el sufrimiento e insatisfacción. Como uno solo, faltamos las fuerzas y recursos y nos perdimos en miedo y ansiedad. Pero ser parte de la sangha, somos todos uno con mil brazos de fuerza y mil manos de apoyo, y mil ojos de sabiduría y experiencia colectiva. Así es como venceremos esta enfermedad, superar la cuarentena y vivir la salud verdadera de cuerpo y mente en Nibbana.   
    
Bibliografía
The Middle Length Discourses (MLD) of the Buddha. (2009). Cuarta Edición. Traducido por Majjhima Nikaya. Wisdom Publications: Boston, Mass.

domingo, 8 de marzo de 2020

EL MANIFIESTO MONÁSTICO (Texto) Voto 2 Comprometerse a cuidar a los demás Charla Dharma 08 MAR 2020




EL MANIFIESTO MONÁSTICO
Voto 2
Comprometerse a cuidar a los demás
Charla Dharma 08/MAR/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

2. Me comprometo a actos continuos de generosidad al dar la bienvenida al extraño tanto dentro como fuera. Reconozco que cuando permito espacio dentro de mi corazón por la esencia no realizada de mi verdadero yo, me cultivo compasión y la capacidad de aceptar esos lugares en los demás.

Manifiesto Monástico Voto 2 Comprometerse Cuidar a los Demás 08 MAR 2020

domingo, 23 de febrero de 2020

EL MANIFIESTO MONÁSTICO (Texto) Voto 1 Comprometerse al Silencio Charla Dharma 23/FEB/2020



EL MANIFIESTO MONÁSTICO
Voto 1
Comprometerse al Silencio
Charla Dharma 23/FEB/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

1.  Me comprometo a descubrir momentos en cada día para el silencio y la quietud, para dejar espacio para la ecuanimidad, y aprender a no ser obstaculizado por nuestra cultura de ruido y estimulación constante.

Es importante encontrar un lugar silencioso tanto exterior como interior cada día para descansar y reconectar con nuestro corazón y equilibrio mental, lejos de nuestros distractores de teléfonos, computadores, televisores, y estímulos mentales. No es nada fácil soltar todo por unos minutos. Estamos corriendo de un lado a otro, apresurados para la próxima cita o trabajo esperándonos. Si consideramos la meditación como una tarea más, se vuelve muy pesado, como una cosa más a la lista de quehaceres del día. Pero el Buda en sus discursos a los monjes nos aconseja la actitud hacia la meditación cada día comparándola con la frescura del agua:

"Rahula, desarrolle la meditación que es como el agua; porque cuando se desarrolla la meditación que es como el agua, surgidos contactos agradables y desagradables no invaden su mente y se quedan. Así como las personas se lavan las cosas limpias y cosas sucias, excrementos, orina, saliva, pus y sangre en el agua, y el agua no es repelida, humillada y disgustada por eso, también Rahula, desarrolle la meditación que es como el agua; porque cuando se desarrolla la meditación que es como el agua, surgidos contactos agradables y desagradables no invaden su mente y se quedan." (MDL, 62:14)
Así que la meditación nos da la oportunidad de limpiar la mente de los residuos del día, cosas que invaden nuestros pensamientos y nos dejan agobiados, estresados y molestos con el mundo. Al sentarnos cada día sobre nuestro cojín en el silencio y la quietud, nos abrimos una y otra vez a la ecuanimidad, el punto primero donde nos sentimos en paz con el mundo y nos despertamos a este momento tal como es, con un sentido de agradecimiento y bienestar. Es un reto superar los distractores, como se muestra en la historia siguiente: 

Un grupo de ranas saltaba contento por el bosque, realizando sus asuntos de ranas, cuando dos de ellos cayeron en un pozo profundo. Todas las otras ranas se reunieron alrededor del pozo para ver qué se podía hacer para ayudar a sus compañeros. Cuando vieron cuán profundo era el pozo, el resto del grupo consternado acordó que fue inútil y les dijo a las dos ranas en el pozo que deberían prepararse para su destino, porque eran tan buenos como muertos. No dispuestos a aceptar este terrible destino, las dos ranas comenzaron a saltar con todas sus fuerzas. Algunas de las ranas gritaron al pozo que no había esperanza, y que las dos ranas no estarían en esa situación si hubieran sido más cuidadosos, más obedientes a las reglas de ranas y más responsable. Las otras ranas continuaron gritando tristemente que deberían ahorrar energía y darse por vencidas, puesto que ya estaban tan buenos como muertos. Las dos ranas continuaron saltando tan fuerte como pudieron, y después de varias horas de esfuerzo desesperado fueron bastante cansados. Finalmente, una de las ranas escuchó las llamadas de sus compañeros. Gastado y desanimado, se resolvió en silencio a su destino, se tumbó en el fondo del pozo y murió mientras los demás miraban con impotente dolor. La otra rana continuó saltando con cada onza de energía que tenía, aunque su cuerpo estaba sacudido por el dolor y estaba completamente exhausto. Sus compañeros comenzaron de nuevo, gritándole que acepte su destino, que pare el dolor y simplemente muera. La rana cansada saltó más fuerte y más duro y maravilla de maravillas! Finalmente saltó tan alto que saltó del pozo. Sorprendidas, las otras ranas celebraron su milagrosa libertad y luego se reunieron alrededor de él y le preguntaron: "¿Por qué continuaste saltando cuando te dijimos que era imposible?” Leyendo sus labios, la rana asombrada les explicó que estaba sordo, y que cuando vio sus gestos y gritos, pensó que lo estaban animando. Lo que había percibido como estímulo lo inspiró a esforzarse más y tener éxito contra viento y marea.

Esta historia demuestra la importancia de perseverancia frente a la adversidad. Cuando otros tratan de desanimarte en cuanto a tu práctica, tienes que seguir adelante como si estuvieras sordo a sus comentarios. Pero hay otra forma de entender esta historia. Todas estas ranas son aspectos de nuestra propia mente condicionada diciéndonos cosas negativas durante todo el día, la autocrítica que nos desanima y nos distrae de nuestra disciplina y práctica. La meditación requiere mucho esfuerzo no conceptual y acción clara. Es decir, tenemos que operar desde lo que es la verdadera mente antes de las ideas y conceptos dualistas, desde el no saber de nuestra esencia. Así que, con Gran Determinación para saltar del pozo de nuestra insatisfacción, Gran Fe en nosotros mismos, y Gran Duda o introspección con el huatou, lograremos la liberación.     


Bibliografía
The Middle Length Discourses (MLD) of the Buddha. (2009). Cuarta edición. Traducido por      Majjhima Nikaya, Wisdom Publications: Boston, Mass.


Manifiesto Monástico Voto 1 Comprometerse al Silencio 23 MAY 2020

domingo, 16 de febrero de 2020

Brújula del Zen Parte 9 Diez Mundos Mentales (Video) por Hyoenjin Prajna 16 FEB ...

Los Diez Mundos Mentales del Budismo (TEXTO) Charla Dharma 16/FEB/2020



Venerable Dr. Hyoenjin Prajna
Charla Dharma 16/FEB/2020

“Qué significa que todos los seres de los diez niveles entran al Nirvana el mismo día?”
¿Qué quiere decir Seung Sahn al pronunciar este huatou? ¿Quiénes son estos seres de los diez niveles? ¿Cómo pueden todos entrar al Nirvana el mismo día? Para solucionar esta pregunta enigmática, hay que hacer referencia al Sutra del Loto. El Sutra del Loto es uno de los sutras mahayana más influyente y populares en el este de Asia.  Fue probablemente escrito varios cientos de años después de la muerte de Buda Gautama. En su contenido, se pueden hallar parábolas, poemas y versos de todo tipo, de lo cual, cada uno de ellos, transmite un significado que debe ser interpretado mediante un amplio estudio. Muchas de las historias que cuenta nunca sucedieron realmente, sino que son medios hábiles para expresar un significado y conforme a un fin. Allí se encuentra la enseñanza de los diez mundos que incluyen seis mundos inferiores y cuatro mundos nobles. De hecho, son diez aspectos de nuestra propia mente.
Seis mundos inferiores
1. Infierno: Extremo sufrimiento y desesperación. Incluso el impulso destruirse y otros.
2. Hambre: El deseo predomina por riqueza y poder junto con una búsqueda para la notoriedad y la celebridad.
3. Animalidad: Predomina el instinto sobre la lógica y la ética.
4. Ira: Predomina el egocentrismo basado en una autoconciencia comenzando a formarse, pero está dirigida sólo a dominar a otros puesto que se considera superior a todos.
5. Humanidad: Predomina la razón sobre los deseos e impulsos instintivos. Se surge cierto sentido ético en que se puede tener interacciones tranquilas y pacíficas con otros basadas en respeto recíproco y aceptación mutua.
6. Cielo: Plenitud económica y material con vidas llenas de felicidad y placer y cierto éxito espiritual, pero con apego a los resultados de sus actos buenos junto con orgullo espiritual.
Vivir en los seis mundos inferiores significa depender en otros y en el entorno que lo rodea.
Cuatro mundos nobles
7. Aprendizaje: Se busca la verdad y se dedica a la indagación de las enseñanzas de sabiduría de otros.
8. Realización: Al percibir directamente la naturaleza esencial, se ilumina parcialmente, lo que lleva a la autorrealización.
El Aprendizaje y la realización se conocen como los dos vehículos que revelan la impermanencia de todo fenómeno, y aunque un practicante se anima a buscar las verdades universales, se lo hace independiente de otros, incluso sin tomar en cuenta el sufrimiento de otros.
9. Bodhisattva: Estado compasivo en que el propósito de la vida se revela como aliviar el sufrimiento de otros y del cual la iluminación personal no está separada de la iluminación de otros.
Los nueve mundos anteriores refieren a la condición fundamental de oscuridad, o sea, la condición humana.
10. Budeidad: unicidad con la ley fundamental de vida, con verdad, que se caracteriza por libertad absoluta, misericordia infinita y sabiduría ilimitada.
            Según esta enseñanza, se puede mover de un mundo al otro, pero de hecho, cada uno de estos mundos contiene dentro de sí mismo los otros nueve mundos, así que cualquier persona, incluso una aún en la más baja del infierno, tiene dentro de sí la condición de budeidad. Por el contrario, el que está en el mundo de budeidad no está separado del resto de la humanidad puesto que contiene dentro de si mismo los otros mundos. (Immacolata, 2002: 66-67)
            Según Seung Sahn, estos diez mundos son diez aspectos de nuestro propio pensamiento. Él afirma que no es necesario mover de un mundo gradualmente al otro mundo, lo cual sería un camino largo y lento desde el infierno de sufrimiento y desesperación hasta el mundo de la unicidad con la verdad suprema. En un mero instante, si un nivel se libera del pensamiento, todo se libera a la vez. (Golpe) No hay tiempo o espacio. En este golpe todo se vuelve uno. Este momento exacto en el que ves aquello que siempre estuvo allí es lo que se llama satori. Pero si no incluyes el resto del mundo con tu despertar, se queda incompleto. Al despertarnos al no-saber antes del pensar, nos identificamos con la sustancia del punto primario, nuestro verdadero ser uno con el universo. Es nuestra esencia fundamental que simplemente actúa con correcta situación, relación, y función en un mundo que a la vez es perfecto tal como es y sin embargo necesita nuestra benevolencia, compasión, paciencia, y sabiduría para liberarse de la insatisfacción. Cuando actuamos desde nuestra naturaleza, estamos viviendo en el mundo con la mejor versión de nosotros: budas compasivos y sabios que, de hecho, somos. Hagamos este mundo el mundo de la budeidad. Desde este momento resolvamos cuidar a otros, cuidar al planeta, cuidar a lo que es honesto, respetuoso, ético, y bondadoso en nosotros. Así que vivimos en nirvana.        


Bibliografía
Immacolata Macioti, Maria. (2002). The Buddha Within Ourselves.  University Press of America, Inc., Lanham, Maryland.


lunes, 10 de febrero de 2020

El Noble Sender Óctuple de Chán/Zen/Seon por Venerable Wonji Dharma


Brújula Parte 8 El Círculo Zen (Texto) Charla Dharma 09/FEB/2020



BRÚJULA DEL ZEN
Parte 8
“El Círculo Zen”
Charla Dharma 09/FEB/2020
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna


“Tengo un círculo. 
Si entras en este círculo, te pego. 
Si no entras en este círculo, también te pego.
¿Qué puedes hacer?”

El círculo zen es un símbolo revelando la verdad más allá de palabras o conceptos. Es como una puerta por la que tienes que pasar para practicar zen. Pero además es un enigma, porque si entras o no entras por esta puerta, te pierdes. Para pasar por esta puerta, tienes que dejar ir la idea de “puerta”, “entrar” e incluso, “círculo”. Hay que pasar por la puerta de “no-puerta,” o sea, la mente antes del pensar. Requiere que no hagas nada, que no fabriques nada. Si abres tu boca, ya has cometido un error. Entonces, ¿qué puedes hacer?

            Una vez el maestro Alan Watts dijo: “El zen no confunde la espiritualidad con el pensar en Dios mientras que estás pelando papas. Espiritualidad zen es simplemente pelar papas.” Está diciendo que cuando estamos plenamente presente en cualquier acción libre de los pensamientos discriminativos, estamos ubicados más en la experiencia directa de la mente original, o sea, la sustancia de nuestra naturaleza búdica. Por eso, practicamos cada día: meditamos en silencio, consultamos con un maestro calificado, asistimos a clases de estudio y pasamos días en retiros zen. Así, cultivamos nuestra habilidad para volver a la mente que no saber y darnos cuenta directamente de cómo pasar por la puerta de no puerta.

            El maestro coreano Seung Sahn nos ha dado un esquema muy eficaz para pasar por esta no puerta del círculo zen. Describe cinco puntos a su alrededor: 0°, 90°, 180°, 270°y 360°. El comienzo de nuestro viaje comienza al punto 0°, nuestra experiencia ignorante como mente chica limitada a este cuerpo. Una vez, Seung Sahn dijo:

Si alcanzas el punto cero, ya lo has atravesado y eres libre.
Si te apegas al punto cero, eres como un mono que mete la mano en un frasco para sacar una pieza de fruta, pero descubre que su mano, al sujetar la fruta, es demasiado grande para salir del frasco; de modo que se vuelve atascado.
Si pasas más allá de "libre" y "pegado" entonces ¿qué se queda claro?

Para Seung Sahn, el punto cero aquí es un símbolo de nuestra verdadera naturaleza búdica. Sin embargo, en su enseñanza del círculo zen, punto cero es tanto el comienzo como el punto final. Comenzamos estudiando la mente con la mente. No es nada fácil. Como dice el Venerable Wonji Dharma:

Buscar el verdadero sentido de la vida es muy parecido a conducir tu coche mientras que buscas tu coche.
Es decir, que estamos utilizando nuestra mente para encontrar la mente, pero no hay dos mentes, sólo una. Así que, al comienzo del círculo zen, estamos utilizando la mente ignorante para buscar la mente verdadera. La única diferencia entre las dos es la mente con obstáculos e ilusiones y la misma mente libre de obstáculos e ilusiones. El problema es que tendemos a aferrarnos a nuestras ideas erróneas sobre la realidad, o como se dice, el polvo común de la persona no despierta que cree que cosas tienen sus propias realidades fijas y separadas entre sí y diferentes de nosotros. Además, creemos que somos este cuerpo limitado e impermanente. Este complejo de cuerpo-mente genera ideas y deseos que nos llevan al karma y la insatisfacción. 
            Con la práctica, comenzamos a intuir que esta mente es todo lo que hay. Ya hemos llegado al punto de 90° en el círculo zen.  Como dice en el Sutra del Corazón, todo forma (fenómeno) es vacío (mente), y a la vez, todo el vacío es forma. Nos damos cuenta de que todo es vacío. Por lo tanto, no hay necesidad sufrir. No somos esclavos a nuestro karma. Hay posibilidad de liberarnos de la vida samsárica. Las ideas y pensamientos no son realidades en sí. Al entender esto, nos anima mucho. Pero hay un problema: seguimos experimentando insatisfacción puesto que la idea que todo es vacío es también una idea. Tenemos que soltar todos nuestros conceptos de nombre y forma, soltar nuestra idea del vacío, dejar de aferrarnos a nuestros deseos y anhelos, para experimentar el verdadero vacío.
            Cuando se da cuenta de que forma es vacía y vacío es vacío, ya has llegado a 180° en el círculo zen. No es una idea, sino una experiencia directa de la mente original antes del pensar, lo que Seung Sahn llama el yo-nada. Esto sería lo que se refiere a “kensho”, un vislumbre de la realidad en sí libre de karma, ideas, prejuicios y opiniones. Cuando el maestro golpea el piso con su palo zen, está dando expresión a la realidad de este momento puro presente antes de que las ideas lo dividan entre el sujeto y el objeto. Sin embargo, todavía hay riesgo de desviarse y abandonar la práctica. Hay una enfermedad zen que se llama “quietismo”. Esto ocurre porque se aferra al vacío, creyendo que puesto que todo es vacío, no es necesario hacer nada en el mundo. Se siente bien cómodo con sí mismo y se encierre dentro de una burbuja de calma y bienestar. Puede ser muy hermoso vivir así, pero se convierte en una pratyekabuda, un buda solitario aislado del resto del mundo, satisfecho en sí. Está contento sentarse todo el día en su cueva cómoda sobre su flor de loto, pero no sirve para nada. No es más que un hermoso adorno que se puede colocar sobre una repisa y admirar. Ya se a aferrado al vacío, lo cual es egoísmo espiritual.
            Para superar esta trampa espiritual, hay que soltar el vacío y volver al mundo cotidiano la gente común con sus deseos, anhelos, críticas, materialismo, prejuicios, y falta de ética. Lo sorprendente es que puedes mover dentro de este mundo dualista e insatisfactoria y no te desanima. Puedes volver al mercado y ayudar al abuelito levantar su costal, echar una mano a la limpieza, y jugar con los niños al pasar.  Tal descubrimiento nos da un sentido de libertad absoluta. Este es el punto de 270°.  Se puede vivir en el mundo del cual “los conejos tienen cuernos y hay tortugas con pelos.” Ya todo es posible.
            Pero igual como antes, se puede desviarse apegándose a la libertad.  Hay que pasar a 360° en el círculo zen.  Hay que madurar en la práctica asumiendo tu función verdadera en este mundo, despertándote momento a momento y salvando a todos los seres sintientes del universo. Como dice Wonji Dharma: “Cuándo te das cuenta de que no hay elección, ya puedes elegir.” La verdadera libertad es reconocer que no hay elección. Todos estamos juntos e interconectados en este mundo. Indiferencia también genera sufrimiento y karma. Cuando otros sufren, yo sufro. Lo que haces a otros es lo que haces a ti mismo. Sin embargo, si ayudas a otros, todos beneficiamos. El yo chico ya se ha convertido en el yo colectivo de nosotros. ¿Qué se puede hacer? No hay otra opción. Hay que ayudar a todos, porque todos son nosotros y cada uno. Donde hay sufrimiento e insatisfacción, allí es la práctica donde aplicamos los preceptos de la ética. Así que eliges libremente salvar a todos los seres del universo. Comprometerse a la ética para ayudar a otros y seguir el camino del bodhisattva es la verdadera libertad. Ya se ha llegado a 360° en el círculo zen, el punto en que “forma es forma y vacío es vacío”. O como Seung Sahn lo describe:

  La montaña es el agua, el agua es la montaña.
No hay montaña, no hay agua.
La montaña es la montaña. El agua es el agua.

Ahora han aparecido tres mundos diferentes. De estos tres mundos, ¿cuál es el correcto? Una vez más: la montaña es el agua, el agua es la montaña. Ese es el mundo de la impermanencia. Luego, no-montaña, no agua. Ese es el mundo de la vacuidad. Y finalmente la montaña es la montaña, el agua es el agua – mundo de verdad o de momento. Si tenemos tiempo y espacio, entonces todas las cosas existen. Si trascendemos tiempo y espacio, entonces llegamos al mundo de la vacuidad. Dando un paso más, llegamos al mundo de la verdad. En el mundo de la verdad todo lo que vemos, oímos, olemos, gustamos y tocamos está siempre enseñándonos. Cada momento es verdad. El cielo es azul, el perro está ladrando: guau, guau, el azúcar es dulce. Este es el mundo de la verdad. (Sahn, 1:3)
Como dice Seung Sahn, a 360° hemos vuelto al mundo de momento, o sea, el punto cero de nuestra verdadera mente búdica.  360° se ha convertido en 0°, el origen, el punto primario. Antes, la montaña no es el agua, y el agua no es la montaña creando el mundo de la dualidad, samsara, e insatisfacción. Luego la montaña es el agua, y el agua es la montaña donde comenzamos a practicar con el huatou: “¿Quién soy?”.  Progresando en el círculo se da cuenta de que no hay ni montaña ni agua, donde todo es vacío verdadero de la mente original. No es hasta que la montaña es la montaña y el agua es el agua que nos damos cuenta de que no hay elección. Hay que elegir el camino del bodhisattva y rendirnos a nuestra verdadera función.  Podemos vivir en el mundo cotidiano tal como es con la mente calma, lúcida, y comprometidos a ayudar a todos despertar a su verdadera naturaleza. Ya el círculo zen es completo, revelando moksha, la liberación suprema, la iluminación final. Pero no se termina ahí. Es sólo el comienzo.

Bibliografía
Sahn, Maestro Zen Seung. “Perderlo Es Tenerlo – Partes 1 y 2.” Texto en español revisado por la
Rev. Yin Zhi Shakya, OHY – 7 de junio de 2004. Texto enviado por el Upasaka Gonzalo Barreiro (Kumgang), Maestro de Dharma, desde el Centro Zen Budista Argentino, www.czba.org - 6 de Junio de 2004. 

Brújula Parte 8 Círculo del Zen Charla Dharma 10 FEB 2020 Hyoenjin Prajna

lunes, 3 de febrero de 2020

BRÚJULA DEL ZEN Parte 7 NO MATEN AL BUDA Charla Dharma 02 FEB 2020



BRÚJULA DEL ZEN
Parte 7
"NO MATEN AL BUDA"

Charla Dharma 02/FEB/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Hace muchos años, en China, había un joven monje cuy conocido por mantener siempre una práctica dura. Se sentaba en postura de meditación, desde la mañana hasta la noche en el templo de su maestro, el Séptimo Patriarca. Se decía que ni siquiera se echaba a dormir. Todo el mundo creía que de todos los monjes del templo, este joven era claramente el más decidido, puesto que sólo se sentaba en postura de meditación, pasara lo que pasara.
        Un día, el patriarca decidió comprobar la práctica de este joven y ardiente monje. Cuando visitó su celda, lo encontró absorto en profunda meditación. “¿Qué haces?” preguntó.
        El joven monje contestó: “Estoy haciendo zen sentado.”
        “¿Cuál es el propósito de sentarse en posición zen?”
        “Quiero convertirme en Buda.”
        “Oh, esto es estupendo,” dijo el Patriarca. Sin decir nada, el Patriarca fue al jardín y trajo una piedra y un trozo de teja y empezó a rascarla con la piedra.
        El sonido alteró la paz del joven monje. Intentó ignorarlo, pero el patriarca siguió rascando. ¡El sonido era insoportable! Tras algunos minutos, no pudo resistirlo más. “Maestro ¿qué estás haciendo?”
         El patriarca respondió: “Intento hacer un espejo.”
        “Es imposible. ¿Cómo se puede hacer un espejo rascando una piedra?”
        “Cómo puedes convertirte en Buda sentándote en postura zen?”
         Estas palabras sorprendieron al joven monje que se inclinó ante su maestro. “¿Cuál es el error de mi práctica? Por favor, enséñame.”
        “Cuando un caballo no tira de un carro ¿golpeas al carro o al caballo para que se ponga en marcha?”
        “Sería ridículo golpear al carro.”
        “Has de considerar del mismo modo la práctica de la meditación. El carro es tu cuerpo y el caballo es tu mente. Si quieres entender tu verdadera naturaleza, has de esforzarte en descubrir tu mente, y no sólo en empujar el cuerpo.”
        Al oír estas palabras, el joven monje alcanzó una profunda intuición. A partir de ese momento practicó correctamente la meditación, y más tarde alcanzó la iluminación y recibió la Transmisión del Dharma del Séptimo Patriarca. Lo conocemos como Ma Jo, uno de los más grandes maestros zen que nunca hayan existido.

Esta historia demuestra lo fútil es practicar zen para lograr algo. Sentarse todo el día en meditación para convertirte en Buda es garantía que nunca te convertirás en Buda. Es ubicar la meta en un futuro imaginario con un concepto de lo que es Buda, algo que crees que no eres. No obstante, si sigues rascando la piedra, crees que de alguna forma mágica te vayas a convertir en un espejo, o sea, Buda.  No va a pasar. Es como pegar el carro una y otra vez para que se mueva en vez de motivar directamente al caballo, o sea, la mente. El carro del cuerpo no es el problema, sino más bien el caballo de la mente testaruda que no quiere llevar el carro en la dirección correcta de la práctica auténtica.
                La práctica auténtica del zen no se ubica en la postura perfecta del loto, ni en hora y horas de sentarse para lograr algún objetivo, como en ciertas prácticas hoy en día que busquen el rendimiento físico, mental, o mundano, creyendo que esto será el objetivo. La mente condicionada es el caballo testarudo con sus hábitos, opiniones, y críticas mentales lo que está obstaculizando el progreso espiritual. El objetivo no es alcanzar un estado mental de felicidad y alegría o rendimiento físico. Más bien, practicamos para practicar, nos sentamos a sentarnos. Nada más. En el proceso, puedes percatar lo que ya eres del principio…Buda. Buda significa esencia, y se experimenta como este momento tal cual, sin expectativa, sin opinión, sin crítica. Suelta tu opinión, suelta tus ideas, suelta tu crítica de ti mismo, suelta tu critica de los demás. Así se experimenta la mente verdadera antes del pensamiento, la mente no-mente, la mente calma lúcida de la sustancia esencial.
                Cuando te criticas a ti mismo, o criticas a los demás, estás matando al Buda. El primer precepto para todos los budistas es no matar. Cuando hablas mal de otros, estás matando al Buda. Estás creando dualidad, y matando la reputación de otros y la armonía de la comunidad espiritual, la sangha. Mientras que sigues criticando a otros, estás alejándote de Buda, estás obstaculizándote de la Iluminación, y estás generando división, desacuerdo, e insatisfacción para ti mismo y para todos a tu alrededor. Incluso si participas pasivamente en escuchar a otros mientras critican y chismean sobre otros que no estén presentes, estás matando al Buda aún. No mates al Buda. No entres en la crítica y chismeo que daña a otros y a ti mismo. Enfócate en tu propia práctica, los hábitos mentales y el habla negativa y divisiva que crea veneno en la comunidad y trae agitación mental a tu propia vida. Estás contribuyendo a toda una cadena de karma negativo. Si sigues generando crítica, estás viviendo en tu propio infierno de insatisfacción y delirio, un infierno que proyecta tus propias inseguridades, celos, frustraciones, y fracasos en los demás, en vez de admitir tus propios errores, como este monje joven hizo, admitiendo que había cometido un error, y pidió que el maestro le ayude en corregirlo.   Invertir la atención adentro, mírate a tu propia mente, y si encuentras opiniones negativas o ideas que hieren a otros, córtalas inmediatamente. Pregúntate, “¿Quién soy?” Suelta las ideas que te obstaculicen de experimentar la mente calma y lúcida de tu naturaleza búdica. Salva al Buda, sálvate a ti mismo, conserva la vida de otros con benevolencia, compasión, y apoyo emocional. Así, puedes entrenar al caballo de la mente para llevar el carro de este cuerpo con destreza y facilidad.  Ya la trayectoria no es una carga pesada, sino un hermoso paseo junto con otros a través de un campo en flor.
                Recuerdo hace muchos años un viaje que hice a España en mi juventud. Había alquilado un auto para hacer un recorrido del sur de España en camino a Granada desde Madrid. Me impresionó los miles de campos plantados con grandes girasoles amarillos y café. Al pasar el día, cada cara de girasol se giraba para seguir el sol. Imagínate miles y miles de estas flores arqueando para seguir el brillo del sol, recibiendo su luz para su crecimiento y bienestar. Es una magnífica imagen de la práctica espiritual. Cuando estás sentado en meditación, siéntate como una gran flor de girasol plantada con sus raíces profundas en la tierra. Guarda silencio en el campo de tu mente y busca la luz del sol, tu propia sustancia brillante. Ábrete a esta luz que siempre está aquí. Aunque se esconde por ratos en la noche y la oscuridad, confía que siempre está aquí. Sé como estos girasoles ya listos para recibir la luz del alba en todo su esplendor. Gírate adentro y ábrete a esta luz que te da la vida. Descúbrete tu verdadera cara antes del nacimiento de tus abuelos. Experimenta la calidez de este sol que nunca se ha apagado, nunca se ha ido, que siempre es justo aquí. Recibe su luz en tu vida. Deja que te nutre y te alimenta y crece en la práctica de la ética. Conserva la vida. Es sagrada. Y como estos girasoles, sé el alimento para otros, regalando las semillas de tu práctica a todo el mundo, para que ellos también puedan brillar con la luz de Buda.      

Diálogos Zen #85: ¿Se puede practicar zen sin pertenecer a una sangha?



Diálogos Zen #84: Fanatismos



Hyoenjin Prajna - Brújula del Zen Parte 7 "No Mates al Buda" Charla Dhar...

miércoles, 29 de enero de 2020

BRÚJULA DEL ZEN Parte 6 Zen Patriarcal: El Vehículo Supremo para la Iluminación (TEXTO) Charla Dharma 26/ENE/2020




BRÚJULA DEL ZEN
Parte 6
Zen Patriarcal: El Vehículo Supremo para la Iluminación
Charla Dharma 26/ENE/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Había una vez un monje experto en el Sutra del Diamante, y como libros eran muy valiosos en su día, llevaba la única copia en su parte del mundo en su espalda. Fue ampliamente buscado por sus lecturas e información sobre el Sutra del Diamante, y muy exitoso en exponer sus profundidades para no sólo monjes y maestros, sino también para los laicos. Así, la gente de esa región llegó a conocer el Sutra del Diamante, y mientras el monje viajaba en una senda de montaña, se encontró con una anciana que vendía té y pasteles.

Al monje hambriento le hubiera encantado refrescarse, pero, por desgracia, no tenía dinero. Le dijo a la anciana: “Tengo sobre mi espalda un tesoro inestimable: el Sutra del Diamante. Si me das un poco de té y pasteles, te contaré de este gran tesoro del conocimiento.”

La anciana sabía algo del Sutra del Diamante y propuso su propio trato. Ella dijo, “Oh, erudito monje, si usted contesta una pregunta simple, le daré té y pasteles.”

A esto el monje estuvo muy de acuerdo. Entonces la mujer dijo: “En el Sutra de Diamante dice que no es posible conservar la mente pasada, es imposible sujetar la mente presente y es imposible atrapar la mente futura. Cuando usted come estos pasteles, ¿está comiendo con la mente pasada, la mente presente o la mente futura?”

El monje no pudo responder, así que tomó el paquete de su espalda y sacó el texto del Sutra del Diamante, esperando poder encontrar la respuesta. Mientras estudiaba y reflexionaba, el día se hizo tarde y la vieja mujer empacó sus cosas para irse a casa.

“Eres un monje tonto,” dijo la anciana cuando dejó al monje hambriento en su dilema. “Comes el té y los pasteles con la boca.”

Se ve aquí el problema con teoría, no te llena la panza. El monje erudito estaba demasiado apegado a las letras del sutra, y no pudo ver con claridad. La vieja anciana probablemente era una maestra zen muy sabia. Sin argumento ni debate, le demostró al monje la verdad misma, la verdad que se vive cada día, una verdad fuera de los sutras. 

A diferencia del Hinayana que enseña la visión profunda del sufrimiento, la impermanencia, la impureza y la extinción del yo para llegar al nirvana, o el Mahayana que enseña una visión profunda de la vacuidad, la interconectividad, y nuestra naturaleza búdica, el Zen demuestra directamente nuestra sustancia original. Antes del nombre y forma, antes del habla y pensamiento, antes del saber es la mente no saber. Tenemos que vaciarnos de nuestras ideas para aprender el Zen.

Es como la historia de Nan-in, un maestro zen japonés durante la era Meji (1868-1912), quien recibió a un profesor universitario que vino para preguntar sobre el zen. El profesor le explicó a Nan-in toda su teoría sobre la realidad suprema, los niveles de la conciencia, la metafísica de lo Absoluto, y además su gran conocimiento de las religiones y filósofos más importantes de la historia. Durante todo el monólogo, Nan-in le escuchó pacientemente. Luego, como un buen anfitrión, le ofreció al profesor una taza de té. Nan-in sirvió al profesor el té, vertiéndolo en la taza de su visitante hasta el borde y luego siguió sirviéndolo hasta que se desbordó sobre la mesa y el piso.
El profesor observó el desbordamiento hasta que ya no pudo contenerse. “¡Está muy lleno! ¡No más entra!”
“Al igual que esta taza,” dijo Nan-in, “estás lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarte el zen a menos que primero vacíes su taza?”
De igual forma, Descartes dijo, “Pienso, luego existo.” Entonces, si no piensas, ¿qué eres? ¿Qué eres antes del pensar? En el silencio nuestras meditaciones, nos preguntamos, “¿Quién soy?” Esta pregunta, que se llama un Huatou, nos corta los pensamientos dejándonos invertir nuestra atención adentro y ver nuestro punto primario, nuestra sustancia original antes de los conceptos. Hay que vaciarnos de todos nuestros conceptos, callar la mente, y contemplar el silencio, la nada, nuestra cara original.

Tú y este chugpi (un instrumento de percusión para marcar el comienzo y terminación de las sesiones de meditación), ¿son iguales o diferentes? Si dices que son iguales, te pego 30 veces. Si dices diferentes, te pego 30 veces, si no contestas, te pego 30 veces. ¿Cómo puedes contestar para que no te pegue? (Golpea el chugpi.)  Escucha bien. Escucha el chugpi hacer “¡clac!”. En este momento exacto del sonido, no hay dos. Es simplemente “¡clac!” Justo después de la experiencia del sonido, se divide en sujeto y objeto, en el que oye, el acto de oír, y el oído, y luego se pone nombres tales chugpi, o me gusta o no me gusta. Pero ninguna de estas palabras, opiniones, o nombres es el sonido en sí. En el momento de la experiencia, el mundo entero es simplemente (golpe).

Cuando las alumnas están estudiando los Kong-ans, una pregunta enigmática basada en una conversación clásica entre un maestro y un alumno, y las alumnas no pueden contestar bien, suelo dibujar la imagen de una galleta en un pedazo de papel mientras las ofrezco una galleta real, y les pregunto: ¿cuál prefieres, un dibujo de galleta o la galleta real? Siempre señalan la galleta real y se la doy. Luego digo: “Sabe bien rica la galleta real, ¿cierto? Entonces, ¿por qué sigues dándome a mí el dibujo de la galleta?”

Así que tenemos que aprender comer la galleta real, y no satisfacernos con dibujos, palabras, y teorías de galletas. Simplemente ¡cómela! Entonces, al practicar zen, no estamos apegados a ningún objeto, estado mental, sensación o idea. Esto sería el camino exterior basado en la impermanencia. Tampoco queremos practicar deseando algo, como mejor rendimiento en alguna actividad como yoga, artes marciales, deportes, o la resolución de algún problema emocional o psicológico o para mejorar la concentración en nuestros estudios o trabajos. No es que estos efectos secundarios sean malos, sino no son satisfactorios. No es el punto del zen.

Entonces, ¿cuál es el punto de zen? Nada. Cuando practicamos, no buscamos nada. De hecho, zen no te dará absolutamente nada. Zen es este momento justo como es. Mientras que este momento no es adecuado, hay algo para soltar. Es como la siguiente conversación entre un viajero y un pastor:

Viajero: ¿Qué tipo de clima vamos a tener hoy?
Pastor: El tipo de clima que me gusta.
Viajero: ¿Cómo sabes que será el tipo de clima que te gusta?
Pastor: Habiendo descubierto, señor, que no siempre puedo obtener lo que me gusta, he aprendido que siempre me gusta lo que obtengo. Así que estoy bastante seguro de que tendremos el tipo de clima que me gusta.
Cuando dejamos exigir que el universo gira en torno a nosotros, según lo que yo quiero, lo que yo pienso, o lo que yo opino, entonces podemos fluir con lo que el universo nos presenta en cada momento sin distorsionarlo con nuestras ideas y opiniones. 

Así que hay tres niveles del zen. El primer nivel es el zen teórico, el punto del círculo zen de Seung Sahn de 90 grados donde se aprende que forma es vacío y vacío es forma. ¡Genial!, nos decimos. Eso hace mucho sentido. Ya entiendo lo que es la práctica. Pero, ojo, quizás el vacío no sea lo que crees, como se demuestra este encuentro entre un alumno y su maestro:  

Yamaoka Tesshu, como joven estudiante de Zen, visitó a un maestro tras otro. Un día visitó al maestro Dokuon de Shokoku. Deseando mostrar su logro, dijo al maestro: “La mente, el Buda y los seres sintientes, después de todo, no existen. La verdadera naturaleza de los fenómenos es el vacío. No hay realización, ni engaño, ni sabio, ni mediocridad. No hay nada para dar, ni nada para recibir.
Dokuon, que fumaba en silencio, dijo nada. De repente golpeó a Yamaoka con su pipa de bambú. Esto hizo que el joven se enojara bastante.
“Si nada existe,” preguntó Dokuon, “¿de dónde vino esta ira?”
 Como se ve en este ejemplo, el alumno creó haber logrado la iluminación basado en sus ideas. Sin embargo, experimentó el enojo cuando el maestro lo golpeó con su pipa. Hablar sobre el vacío no es el vacío. Cuando todo está bien, cuando un golpe es simplemente “¡Ouch! ¡Me duele!” ahí se experimenta el vacío. No es intelectual. No es conceptual. No depende si te guste o no. Es simplemente “¡Esto!”

El segundo nivel de zen es del Tathágata (Él que ha ido). Es el punto de 180 grados en el círculo zen que se da cuenta que forma es vacío, y el vacío es vacío. A este nivel, no hay ni forma ni vacío. La mente es libre del pensamiento. Uno está en paz ubicándose en la mente antes del pensamiento, antes de la palabra, idea, u opinión. A este nivel, prestamos atención a este momento contemplando todo desde no sé, nuestra sustancia original. Aquí se atiende a todo justo como es, sin añadir nada. Es decir, nuestras ideas del vacío no es el vacío. El verdadero vació es (golpe del chugpi). Este es el punto de despertar a tu verdadero ser uno con el Absoluto, el vacío de la sustancia original, nuestra verdadera cara original. Y esto nos libera del miedo la muerte, como se ve en esta conversación entre un maestro y un emperador:

El Emperador le preguntó al Maestro Gudo: ¿Qué le sucede a un hombre de iluminación después de la muerte?
¿Cómo debería saberlo? respondió Gudo.
Porque eres un maestro, respondió el emperador.
Si señor, dijo Gudo, pero no uno muerto.
No sólo el maestro en esta historia está enseñando zen por no entrar en intelectualizaciones sobre un futuro inexistente, sino también está ubicándose en el aquí y ahora, libre de sus deseos y aversiones. De una forma profunda, el maestro está diciendo que la muerte es sólo una idea, igual como el nacimiento. Cuando nos liberamos de las ideas de nacimiento y muerte, podemos experimentar nuestra verdadera mente de no sé y ser libres disfrutando este momento justo como es. Sin embargo, si se apega al vacío, se convierte en un pratyekabuda, o un buda solitario.  Este tipo de buda se limita a lo que es necesario para su propia salvación y perfección. Un pratyekabuda es digno de todo respeto, pero se le considera egocéntrico y de poca importancia para la humanidad. Por lo tanto, hay que practicar la forma del zen supremo que suelta incluso el vacío.

El Zen de los patriarcas es el zen supremo que se practica en el mundo cotidiano como un bodhisattva. Esta forma de zen se encuentra en el punto de 360 grados en el círculo del zen. Este zen de los patriarcas la forma es forma y el vacío es vacío.  Es aquí donde se practica correcta situación, correcta relación y correcta función en servicio al mundo. Como bodhisattvas, estamos dispuestos a convertir cualquier cosa o karma en ayuda para otros, como la siguiente historia demuestra:  

Una noche, el maestro zen Shichiri Kojun recitaba sutras cuando un ladrón entró en su casa con una espada afilada, exigiendo dinero o vida. Sin ningún temor, Shichiri dijo: ¡No me molestes! Ayúdate con el dinero, está en ese cajón. Y reanudó su recitación.
El ladrón se sorprendió por esta reacción inesperada, pero continuó con su negocio de todos modos. Mientras se estaba ayudando a sí mismo con el dinero, el maestro se detuvo y llamó: "No lo tome todo. Deja un poco para que pague mis impuestos mañana.”

 El ladrón dejó algo de dinero y se preparó para irse. Justo antes de irse, el maestro repentinamente le gritó: “¡Me quitaste el dinero y ni siquiera me lo agradeciste! ¡Eso no es educado!” Esta vez, el ladrón estaba realmente sorprendido por tal valentía. Agradeció al maestro y salió corriendo. El ladrón luego les dijo a sus amigos que nunca había estado tan asustado en su vida.

Unos días después, el ladrón fue atrapado y confesó, entre muchos otros, su robo en la casa de Shichiri. Cuando el maestro fue llamado como testigo, dijo: “No, este hombre no me robó nada. Le di el dinero. Incluso me lo agradeció. El ladrón estaba tan conmovido que decidió arrepentirse. Al salir de prisión, se convirtió en discípulo del maestro y muchos años después, alcanzó la Iluminación.
Así debemos poner nuestra sabiduría y compasión en acción en el mundo con benevolencia y ética. Por eso tomamos los preceptos zen. Estamos comprometiéndonos vivir en armonía en el mundo, sin violencia, y con la intención a liberar a todos los seres sintientes de sufrimiento e insatisfacción. Cuando tomamos los preceptos, estamos realizando el vehículo supremo del Zen.  

Reuniones de meditación zen: Domingos 11:00 - 14:00
Clases Estudio Zen: Jueves 18:00 - 20:00
Efraín Gonzalez Luna 2360-1, Col. Barrera, Guadalajara, Jalisco, México

Citas Individuales con el maestro Venerable Hyoenjin Prajna: 
(33) 1523-7115 
ozmoofoz@gmail.com