MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 27 de agosto de 2018

MARCHARSE DE CASA: EL BUDISMO ES REBELIÓN por Daniel Scharpenburg. Charla Dharma 27/AGO/2017


Marcharse de casa: el budismo es rebelión
Por Daniel Scharpenburg

Caminar por el camino budista es un acto de rebelión.
Creo que la gente a veces pierde de vista eso.

En la época del Buda existía un sistema realmente rígido en el que a las personas no se les permitía avanzar en la vida. Si tu papá fuera un fabricante de zapatos, ibas a ser un fabricante de zapatos. Fin de la historia. El padre de Buda no era un maestro espiritual; él era un poderoso líder tribal.

El hombre que llamamos Buda no estaba satisfecho con el modo típico de las cosas. No quería ser un líder tribal como su padre, por lo que se rebeló. Se convirtió en un buscador espiritual, y eso no es todo. Miró a su alrededor y vio las tradiciones espirituales de su época y las encontró deficientes.

Todas las tradiciones que encontró parecían estar llenas de adoración al gurú, adhesión ciega a la tradición, hostilidad hacia las minorías y rechazo de algunos hechos obvios sobre el mundo.

Y las percepciones espirituales que ofrecían parecían carecer también.

Entonces comenzó su propio camino. Y cuando estableció su camino y comenzó a compartirlo es cuando hizo lo más controvertido. Dijo que todos son iguales en el camino. El rico y poderoso mercader y el humilde barrendero eran igualmente capaces de alcanzar la Iluminación.

Y las mujeres (¡de veras!) también eran capaces.

Es fácil para nosotros mirar hacia atrás y decir que debería haber sido obvio, pero no era así en su tiempo porque estaba rechazando las suposiciones más importantes de la cultura en la que creció. Vio el mundo y dijo: "Podemos hacerlo mejor". "

Este camino se llamaba "Marcharse de Casa".

Eso tiene dos significados. Uno es, por supuesto, que muchos (pero no todos) los seguidores del Buda en esos días se estaban convirtiendo en monjes. Estaban regalando todo lo que tenían y se iban a caminar por la tierra con él. Pero hay un significado mucho más profundo.

El hogar representa la comodidad de lo familiar y la falta de hogar representa lo desconocido. Hay comodidad en seguir las reglas y hacer lo que le dicen. Les estaba pidiendo a estas personas que rechazaran tanto de lo que les habían enseñado y que se arriesgaran en esta otra forma de vida.

Hacer algo diferente de lo que siempre has hecho es incómodo y atemorizante. Se necesitó un gran acto de desafío para rechazar la cultura dominante en la que estaba inmerso todo seguidor del Buda.

Ahora, ¿qué tiene esto que ver con nosotros? También nos rebelamos en este camino. Los valores de nuestra sociedad hoy en día no se basan en sentarse calmado y prestar atención. Ellos tampoco están realmente fundados en la compasión.

Veo tantas cosas que están diseñadas para fracturar nuestra atención tanto como sea posible.
Nos enseñan que podemos realizar múltiples tareas en lugar de hacer una cosa a la vez.
Nos enseñan que el solo hecho de tener la casa adecuada o el trabajo adecuado o el cónyuge correcto finalmente nos hará felices y acabará con nuestra inquietud.

Nos enseñan que debemos entretenernos todo el tiempo. ¿Cómo se pudiera meditar alguna vez mientras que las personas creen que no deberían aburrirse?

Nos enseñan a confiar en la gratificación instantánea cada vez que comenzamos a querer algo…

Nos han enseñado que algunas personas (generalmente personas que no son como nosotros) no son dignas de compasión. Es difícil rebelarse contra eso. Realmente no queremos mostrar compasión y respeto a todos.

El Buda dijo que todos nuestros problemas pueden resumirse en tres cosas. Llamó a estos los venenos. Son codicia, odio y engaño. Cuando nos rebelamos, eso es contra lo que nos rebelamos. Así que vámonos juntos.

Porque podemos hacerlo mejor.

lunes, 20 de agosto de 2018

CULPA, CONTRICIÓN Y ARREPENTIMIENTO Charla Dharma 19/AGO/2018



CULPA, CONTRICIÓN Y ARREPENTIMIENTO
Charla Dharma 19/AGO/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Si la culpa involucra preocuparse por lo que se ha hecho, entonces no ayuda. El budismo no enfatiza la culpa, sino la contrición seguido por el desarrollo de la intención de abstenerse en el futuro. En pocas palabras, decides que has hecho algo mal y luego no lo haces de nuevo. En el Sutra Avatamsaka, hay un verso de arrepentimiento tradicional que dice:

Por todas las malas acciones que he hecho en el pasado,
Creado por mi cuerpo, habla y mente,
Debido a la codicia, el odio y la ilusión sin comienzo,
Ahora reconozco mis errores y me los arrepiento de todos.
(“Las Prácticas y Los Votos de Samantabhadra  
Bodhisattva”, Sutra Avatamsaka, Capítulo 40)

Este verso de contrición es el más sencillo practicado en la tradición zen. La práctica de contrición no se basa en pedir perdón divino, sino más bien un reconocimiento de nuestras acciones ineptas hechos intencionales o no intencionales por medio de nuestro cuerpo, habla, y mente, lo cual es el resultado de nuestra falta de compasión y sabiduría, originando de nuestro apego, aversión, e ilusión. Al reconocer nuestros errores, nos comprometemos estar más atentos, para que jamás se repitan de nuevo. En este sentido, la contrición más se trata de perdonarse a uno mismo mediante la expresión del pesar y determinación emprender un nuevo camino espiritual, soltando culpa innecesaria, mientras que se determina evitar lo malo, hacer lo bueno, y purificar la mente con más diligencia.

En los monasterios, la práctica de arrepentimiento tradicional se realiza con el canto de sutras relevantes y con postraciones frente a la imagen de Buddha, el cual representa la presencia del Buddha atestiguando nuestra sinceridad. Además, hay que pedir perdón a las personas o individuos dañados o heridos por nuestras palabras o acciones. No importa si la otra persona disculpa o no, debemos ser sinceros y pedir que nos disculpen – es además una práctica de humildad. Luego, se debe recompensar el daño físico o mental que se ha causado.


En la comunidad budista, varias reglas sobre la práctica y la ceremonia de contrición estaban enunciados en un texto que se llama la Vinaya, las reglas de disciplina monástica. ¿Cómo se formaban estas reglas en la comunidad budista?

Originalmente, todos los seguidores del Buddha recorrieron el mundo sin hogar fijo. Sólo se detuvieron por un rato durante la temporada de lluvias, puesto que se dañaron los campos de cultivo y las creaturas al pisarlos en el lodo de la lluvia. Por lo tanto, decidieron descansar por unos tres meses, ocupándose con estudio de textos y meditación y reunirse con otros monjes. Esto facilitaba debates entre los monjes, pláticas sobre sutras, y oportunidad de desarrollo espiritual e intelectual con otros practicantes. Para permanecer en un lugar por un rato, requería que esté cerca a amigos, familiares o benefactores. Se establecieron cerca de pueblos por tener acceso a comida, pero donde no estaba muy ruidoso y adecuado para la meditación.

Entonces, durante estos meses, dos tipos de estructuras aparecieron: viviendas temporales mantenidos por los monjes mismos, o edificios con jardines aportados y mantenidos por un benefactor. Los retiros estacionarios durante las lluvias resultaron en una comunidad con necesidades físicas, con salones de meditación, y otros edificios para manejar y administrar el complejo. Así que, tenían que regular la vida comunal con reglas de comportamientos, consideración, y etiqueta, las cuales llegaron a llamarse la Vinaya Pitaka, o sea, la “Cesta de Disciplina,” la primera división del Tripitaka, o Canon Pali. Esto surgió a causa de los roces y conflictos de la comunidad. Cada vez aparecía algún caso de comportamientos poco saludable dentro de la sangha, Buda estableció una determinada regla con su respectivo castigo o retribución punitivos.

Una subdivisión de la Vinaya en que se hace un inventario de ofensas y reglas gobernando la conducta de los monjes, se llama la Pratimoksha (500 – 450 a.c.) y fue recitado regularmente por los monjes para mantenerlas frescas en sus mentes y para hacer confesión pública. Este texto estipulaba las medidas apropiada para tomar cuando alguien cometió un error. Había ocho categorías de ofensas según su gravedad involucrando transgresiones sexuales, robo, crítica, corrupción, disputas, argumentos, y malos modales.

Estas reglas se convirtieron en un código comunal de confesión ritualizado y cantado por los monjes causando un lazo de unidad. Cuando los monjes se preguntaron si alguien se había cometido alguno de estas faltas, una respuesta de silencia indicaba inocencia y pureza. La ceremonia descrita aquí se ha servido todos estos 2,600 años como un pegamento uniendo la comunidad budista, creando una expectativa de congruencia ética, además de ser una manera de distinguir esta comunidad de otras.

Así es la comunidad Zen, un grupo de practicantes éticos comprometidos a ayudarnos mutuamente en mantener nuestra práctica constante, intentando ser congruentes con nuestra conducta entre nosotros y en el mundo, definiéndonos por nuestra capacidad de ayudar al mundo como bodhisattvas aliviando el sufrimiento. Somos valientes en admitir nuestros errores, capaces de pedir perdón a los que hemos afectados por nuestras faltas de atención, y comprometidos a no volver a cometer los mismos errores más en nuestras vidas. Esto es el camino auténtico del Zen.     
                                                                        
Bibliografía
A View on Buddhism
             http://viewonbuddhism.org/guilt.html
Dharma, Wonji y Dharma, Sunyananda. (2016). The Dharmaguptaka Bhiksu Pratimoksha. Buddha Dharma University
Press: Kansas City, Mo.
Prebish, Charles S. (2010). Buddhist Monastic Discipline. Motilal Banarsidass Publishers: Delhi.
Vinaya Pitaka. Wikipedia

lunes, 13 de agosto de 2018

Diálogos Zen #40: Perdidos en el Bosque


CÓMO CONVERTIR SAMSARA EN NIRVANA Charla Dharma 12/OCT/2018



CÓMO CONVERTIR SAMSARA EN NIRVANA
Charla Dharma 12/AGO/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Es un dicho del Zen decir: “Nirvana es Samsara; Samsara es Nirvana.” Samsara es el mundo percibido como imperfecto y lleno de mucho sufrimiento. Nirvana es el mismo mundo percibido como perfecto justo como es y libre del sufrimiento. ¿Cómo convertir Samsara en Nirvana? Primero, tenemos que purificar nuestra mente, habla, y acciones. Segundo, tenemos que guiar a otros seres a la verdad, ayudándoles lograr la Iluminación. Así que, Nirvana no está tan lejos. Es posible lograrlo aquí y ahora. Para lograr Nirvana, tenemos que practicar, disciplinar la mente, y actuar acorde a los preceptos, los cuales son guías de cómo comportarse como un bodhisattva. Si actuamos así en nuestras vidas cotidianas, trascendemos la mente limitada y logramos la mente Iluminada. Desde este estado de mente perfeccionada, se experimenta Nirvana aquí en este mismo mundo, en este mismo instante.

No es una cuestión de filosofía, análisis, argumentos ni metafísica, es más bien actuar desde el “No sé”, nuestra verdadera mente libre de prejuicios, impurezas, y comparaciones, y críticas. Tenemos que practicar atentos a la disciplina de los tres karmas: acción de cuerpo, acción de la boca, y acción de la mente. Cuando nos sentamos en la meditación, es muy buena acción: el cuerpo está en la postura perfecta, libre de malas acciones. Al sentarse así, la mente se tranquiliza, y poco a poco, se vuelve libre de pensamientos discriminativos, los que causan mala karma y sufrimiento. Sentados en meditación, ya la boca está bajo nuestro control, no estamos diciendo nada negativa ni criticona. Pero cuando nos levantamos del cojín, es muy fácil criticar otros o decir algo que puede causar dolor y herir a otros. Tenemos que disciplinar la boca y controlar nuestra habla mientras que seguimos desarrollando la meditación y la sabiduría. Hay un dicho chino que dice: “Una palabra una vez hablada, ni cuatro caballos fuertes ya la pueden recuperar.”  Antes de decir algo, debemos considerar el resultado, si es o no es beneficioso para nosotros y para otros. Si lo que vamos a decir puede herir o causar daño para nosotros o para otros, es mejor abstenerse de decirlo. En el Dhammapada el Buda dijo, “Que nadie busque las faltas de los demás, las cosas dejadas y deshechas por otros, sino las propias obras hechas y deshechas de uno mismo.”

En cambio, cuando una persona practica el amor benevolente y la compasión, piensa bien de los demás, y sus palabras y acciones reflejan esta benevolencia. Toda acción y habla viene de la mente y el pensamiento. Si la mente no piensa de una forma amable, es difícil manifestar habla y acciones amables. Un budista intenta con toda su fuerza estar atento a su pensamiento, vigilando sus pensamientos, puesto que sabe que el pensamiento es la base de toda acción y habla. Por tanto, nos sentamos en meditación para calmar la mente, disciplinando y purificándola. Cuando la mente es pura, el satori, o sea, la Iluminación, no está lejos. Incluso el maestro japonés Dogen en el siglo 12 dijo, “Zazen y satori son uno.” Es decir, sentarse en meditación y la iluminación son lo mismo. Mientras que se sienta, el cuerpo no comete maldad, y la boca no habla de cosas malas. La mente es muy calma, quieta, pura y lúcida. Así que, la meditación es un período corto de Iluminación, o por lo menos la condición ideal en la cual la Iluminación puede manifestarse. Sin embargo, puesto que la meditación sentada es un período bastante corto, la mente disciplinada conseguida por medio de la meditación sentada debería llevarse a la vida cotidiana. Esta mente purificada debe transformarse en la acción de cada día.

Así que el practicante del Zen experimenta la perfección de cada día y aprecia la belleza de cada estación. Si una persona se limita la mente con pensamientos discriminativos y negativos, no puede apreciar la totalidad de la vida. Practicar el Zen no es sólo disfrutar la vida durante los momentos placenteros, sino también durante las tragedias y dolores. Normalmente estamos contentos cuando todo anda bien en la vida, pero cuando surgen alguna pena o dificultad, sentimos angustia y descontento. De hecho, no hay nada malo allí. No hay nunca éxito sin fracaso. No debemos preocuparnos tanto de los fracasos. El éxito y el fracaso, la decepción y la satisfacción, todo depende de la mente. ¿Por qué preocuparse tanto? ¿Por qué crear tanto drama y angustia? Hay que tranquilizarse y estar contento. Todo viene y va, nada perdura, nada debe molestarnos tanto.

Siempre hay altibajos en la vida. Siempre hay momentos de éxito y momentos de fracaso. La vida es así. Es una rueda que gira y gira. Un día estás en el cielo y otro día estás en el infierno. De hecho, se aprende más espiritualmente del infierno que el cielo, puesto que mientras que se está en el cielo, no hay ninguna razón contemplar ni hacer ningún cambio en la vida. No obstante, mientras que se está en el infierno, es tan desagradable, por fuerzas uno quiere hacer lo que sea para salir.  Por lo tanto, aprendemos más de nuestros fracasos que nuestros éxitos, puesto que los fracasos nos proveen valiosas experiencias para la vida. En China, cuando representan una imagen de Bodhidharma, el primer patriarca zen, muchas veces está acompañado con cuatro caracteres chinos que significan, “Caer siete veces, levantarse ocho.” No se mide la importancia de la vida por cuántos éxitos se ha habido, sino por cuántas crisis se han resuelto.

 La vida es un viaje largo desde Samsara a Nirvana, desde la ignorancia hasta la Iluminación. Requiere mucha paciencia para llevar a cabo el trabajo requerido para despertarse y luego salvar a todos los seres del universo. Hay que simplemente ir derecho, trabajando en los preceptos, la ética, meditando diario, sin desviarse en quejas, críticas, dramas, ni obsesiones. Hay que practicar con mucha determinación, día tras día, constante y diligente, para lograr la meta. Confucio dijo, “No desees resultados rápidos, ni buscar avances pequeños. Si se busca resultados rápidos, no se logrará la meta final. Si se deja llevar por avances pequeños, jamás se logrará las cosas grandes.”  Practicamos así con mucho esfuerzo constante y continuo, haciendo lo mejor posible hoy mismo. Aunque hay muchos obstáculos y dificultades, se puede superarlos uno por uno, haciendo lo que se puede hoy, sin dejarlo para mañana. No permitir ni un día pasar que no practiques. Hay que meditar, soltar los apegos, soltar las preocupaciones, cuidar la boca y el cuerpo en su habla y acción. Seamos generosos con nuestras sonrisas, apoyo, y amor benevolente a todo el mundo. Al trabajar salvando a otros, nos salvamos a nosotros mismos, y así se convierte samsara en nirvana.     

lunes, 6 de agosto de 2018

Diálogos Zen: #39 El desafío más grande



LA VIDA AUTÉNTICA DEL ZEN Charla Dharma 05 AGO 2018


LA VIDA AUTÉNTICA DEL ZEN
Charla Dharma 05/AGO/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna



Cuando tienes hambre, simplemente hablando acerca de la comida no te satisface.  Hay que preparar comida verdadera para satisfacer el deseo para comer. De igual forma, hablando acerca del Zen jamás te va a satisfacer tu hambre para la auténtica experiencia zen. Así que, para tener una auténtica experiencia Zen, hay que dejar atrás todas las palabras y pasar directamente a la acción. Si no se vive el Zen, no se puede entender nada acerca de él. Incluso si se estudia extensivamente la filosofía Zen, si no se practica, no se puede entender mucho sobre el Zen. Comprensión intelectual es conocimiento de segunda mano; no es la experiencia directa, la cual implica una práctica diaria, una disciplina constante para toda la vida. No es simplemente una cuestión de tomar un taller, leer unos libros, o debatirse en Facebook los puntos más sutiles acerca de lo que se considera la iluminación. Hay que sentarse día tras día, calmando la mente, ubicándose en este momento presente antes del pensar, en nuestra verdadera esencia, para entender verdaderamente lo que es el corazón del Zen.

         El lenguaje es muy limitado, mientras que la verdad o la realidad es ilimitada. Así que, la herramienta limitada del lenguaje no puede expresar la verdad ilimitada de la realidad. Como Lau-tzu expresó en el libro del Tao-te-Ching, “El Tao que se habla no es el Tao verdadero. El nombre que se puede nombrar no es el verdadero nombre.” El Tao, la realidad en sí, la verdad absoluta, jamás puede ser limitado a meras palabras o ideas. Por lo tanto, las palabras de los textos, las palabras del maestro, e incluso las palabras del Buda, son simplemente un dedo señalando a la luna, una sugerencia de cómo encontrar la experiencia directa.

         Mira el ejemplo de los 2 discípulos más cercanos al Buda Shakyamuni, Venerable Mahakashyapa y Venerable Ananda. Ananda era intelectualmente brillante con una memoria fotográfica, mientras Mahakashyapa era más avanzado en la práctica de meditación. Durante la vida del Buda, Ananda no pudo lograr la Iluminación puesto que su capacidad intelectual le obstaculizaba continuamente. Sólo después del Paranirvana del Buda Ananda pudo por fin lograr el despertar final. En cambio, Mahakashyapa fue nombrado el sucesor del Buda por su comprensión profunda basada en la experiencia directa mediante la meditación y la práctica ética diaria.

         Otro ejemplo de la importancia dada a la experiencia directa se ve con el sexto Patriarca Zen en China, Hui-Neng, el que era un monje analfabeto que trabajaba en la cocina del monasterio preparando la comida para los 500 monjes, además de limpiar y lavar los trastes. Aunque otros monjes tenían mucho más conocimiento y aprendizaje intelectual, debido a su práctica constante y auténtica, Hui-neng fue nombrado el sucesor del quinto Patriarca Hung-Jen al jubilarse, demostrando su comprensión superior más allá de las palabras y el lenguaje.  
  
         Puesto que el lenguaje y las palabras intelectuales son simplemente herramientas indirectas, no son el corazón del Zen. Zen se fundió sobre el momento histórico cuando Buda levantó una flor y Mahakashyapa sonrió, demostrando otra vez su comprensión directa de la Verdad, el Dharma del Buda. Luego, en el sexto siglo, Bodhidharma, el veintiocho Patriarca, desarrolló el mismo mensaje al escribir:

Una transmisión especial fuera de las escrituras;
No depende de palabras o letras; 
Un señalar directo a la mente verdadera;
Revelando la naturaleza y logrando la Budeidad.     

Bodhidharma enseñó que todos los escritos y textos de los maestros y Patriarcas son medios hábiles. No se debe apegarse ni depender exclusivamente en ellos. La enseñanza más importante del Zen es la experiencia directa, una epifanía continua, una búsqueda interior revelando la naturaleza búdica y logrando la Budeidad en nuestras vidas cotidianas.

         Meditación sobre el cojín no es suficiente. Hay que aplicarlo a la vida cotidiana con todas sus actividades. Así que, jardinería es meditación. Leer, pintar, cocinar, llevar agua, estudiar, trabajar, hacer el amor, defecarse, arreglar flores, bailar, todo es meditación, la vida en sí. Durante todas estas actividades, practica disciplinando la mente, controlando la mente, para que no se desvíe en ideas de codicia, descontento, miedo, e ilusión. Sigue vigilándote así hasta que logres ser Uno con cuerpo y mente, Uno con sujeto y objeto, Uno con uno mismo y el Universo.

         Buda enseñó que para obtener la perfecta iluminación hay que desarrollar la sabiduría y la compasión. Se desarrolla la sabiduría por medio de los preceptos (sila), la ética aplicado al mundo, y la meditación (samadhi) para calmar la mente y así destruir la ignorancia y la ilusión. Se desarrolla la compasión para amar y ayudar a otros por medio de los seis paramitas o perfecciones, las que consisten de generosidad (dana), moralidad (sila), paciencia (ksanti), energía (virya), meditación (dhyana), y sabiduría (prajna). Si se presta atención a estas seis perfecciones, la vida va a mejorar, y se va a experimentar más felicidad, un resultado de buen karma. Karma es acción. Hay una ley universal de la cual lo que haces es lo que recibes. Si tus propósitos son buenos las consecuencias son buenas, dándote más felicidad. Sin embargo, el maestro Seung Sahn nos advierte que no se debe practicar simplemente para generar buen karma resultando en felicidad:   

“Debes entender que buenas acciones no pueden cambiar tu karma. Buenas acciones pueden traer algún tipo de felicidad, pero esta felicidad también es karma. La gente a veces llama esto buen karma. Pero buen karma aún es karma, y karma es creado por pensar. Todo lo que está creado por pensar siempre cambia. Así que buen karma con el tiempo se agota y se vuelve mal karma. Si realmente quieres cambiar tu karma, no hagas ni bueno ni malo. Eso es práctica correcta. ¿Cómo usas tu karma para ayudar a todos los seres?”
                        ~Maestro Zen Coreano Seung Sahn

Así que, si practicas para crear buen karma con el fin de ser feliz, es limitado y relacionado todavía al ego. Cuando se practica, es simplemente para practicar. Cuando se sienta en zazen, es simplemente sentarse por sentarse. Cualquier meta que se propone limita los resultados a estados impermanentes. La felicidad condicionada no dura para siempre. En cambio, si se basa en lo que no es condicionada, la mente no sé, antes del pensar, entonces se despierta, liberándose de cualquier estado mental o emocional. Eso es la Iluminación final, libre de todo concepto o idea.

Vivir el Zen es vivir una vida auténtica, una vida de ética, compasión, generosidad y sabiduría, una vida de plenitud que regala energía, sonrisas, amor y benevolencia a todo el mundo en todo momento, una vida comprometida al servicio, ayudando a todo el universo a despertar y liberarse del sufrir. Por eso, disciplina tu mente practicando la meditación tanto sobre el cojín como en tu vida diaria. Una disciplina constante y diaria es el Zen auténtico.