MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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martes, 30 de julio de 2019

PRÁCTICA DESPUÉS DE LA ILUMINACIÓN Charla Dharma 28/JUL/2019



PRÁCTICA DESPUÉS DE LA ILUMINACIÓN
Charla Dharma 28/JUL/2019
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Hanam Chungwon (1876-1951) uno de los maestros zen coreano más destacado en el siglo 20. Se conoce sus enseñanzas mediante una serie de 24 cartas de correspondencia que envió a otros avanzados practicantes budistas enfocado principalmente en la práctica después de la iluminación. Lo más importante para la práctica después de la iluminación es el continuo esfuerzo diligente, donde uno sigue adelante desde la perspectiva de comprensión de su verdadera naturaleza inherente. El practicante debería tener cuidado para evitar que se desvíe por los hábitos y karma no resueltos.

En 1928, Kyongbong Sunim envió una carta a Hanam Sunim preguntando cómo se debe practicar después de una experiencia de iluminación. La respuesta de Hanm Sunim fue sencillo: Mientras antes se practicaba con la fe que su naturaleza inherente era igual a todos los Buddhas, ahora se practica mientras sabe que su naturaleza inherente es igual a todos los Buddhas. Ahora uno podría proceder basado en la experiencia directa de la naturaleza fundamental. Ya no se está engañado por el mundo de samsara y sus ilusiones erróneas y pensamientos condicionados de la mente chica. Sin embargo, a pesar de ver con claridad, aún hay peligros a superar.

El peligro fundamental es la posibilidad de caer en los viejos hábitos, apegos, y karma que se quedaban. Habiéndose acumulados durante ilimitadas vidas, no es tan fácil eliminar estos hábitos. Hasta que se disolvieran, siempre hay un peligro que se desvíe del camino, perdiéndose la conciencia de la naturaleza inherente. Así que, Hanam Sunim advierte sus alumnos avanzados sobre los varios peligros posibles después de la iluminación.

Primero, Hanam Sunim advierte sobre la pérdida de la meta:

Tienes que ser más cuidadoso después de la iluminación que antes. Esto se debe a que antes de la iluminación sabías lo que tenías que hacer (había un objetivo), pero después de la iluminación, si tu práctica no es tan exhaustiva, o si eres flojo, entonces serás atrapado nuevamente por la vida y la muerte, y nunca podrá escapar.

Al lograr la meta, el practicante no sabe qué hacer para seguir. Esto implica que todavía hay atender a algo siguiente. En parte, lo que requiere es atender a los hábitos y apegos que se han acumulado durante ilimitadas vidas, pero que todavía no se han disueltos. 

Segundo, Hanam Sunim les advierte a los practicantes sobre estar demasiado confiados en sus habilidades, pensando que lo que se quedaba hacer fue demasiado fácil, y así relajando su esfuerzo o posponiendo a otro tiempo lo que se debe hacer.

Dahui dijo, ‘Muchas veces la gente con mucha habilidad no hace mucho esfuerzo, porque cree que es fácil. Así que dejan de practicar. Después de no practicar por mucho tiempo, está atrapada para siempre por las ilusiones y la maldad.

 Es decir que aunque se ha despertado, todavía es posible perder ese despertar. Hay un gran peligro en seguir los impulsos, instintos, y ansias de uno:

…la gente que se satisface con una experiencia sola de iluminación y así dejan de practica…diciendo que todo es vacío mientras ignora causa y efecto, y comportándose mal está invitando al desastre.

No sigan el ejemplo de aquella gente superficial que no entiende el significado, que es demasiado obstinada, que ignora el principio de causa y efecto, y que no entiende que lo que recibe es resultado de sus propias acciones.   

El comportamiento sin límites, como cuando se dice ‘todo es vacío y se comparta mal’ es una etapa peligrosa. A pesar de que se ha despertado súbitamente a la naturaleza de la mente, los obstáculos kármicos todavía se quedan, y se puede equivocar los deseos dualistas y los apegos por la verdad fundamental.

Los resultados de esta actitud pueden ser catastróficos. Las leyes de causa y efecto siempre siguen funcionando. Sus acciones todavía tienen consecuencias. El alcohol todavía puede destruir el hígado y relaciones sexuales inapropiadas todavía pueden traer consecuencias dolorosas. Después de la iluminación, uno no es inmune de los resultados de karma.

Aunque se ha despertado, todavía hay mucho trabajo realizar y peligros superar. Si se deja practicar por mucho tiempo, si el comportamiento no está en sintonía con la realización de la verdad, poco a poco se pierde la conciencia de la naturaleza original. Hanam Sunim nos da dos ejemplos de cómo mantener la diligencia para no distraerse de la conciencia de su naturaleza verdadera:

Un monje preguntó… “¿Cuál es Buddha?”
“Tú mismo eres Buddha.”
“Cómo se debe practicar después de la iluminación?”
“Si hay hasta una mota de polvo en tu ojo, te retuerces en el suelo sin control.”

Se puede darse cuenta de la verdad como lo que ya somos todos buddhas, sin embargo, las motas de polvo en el ojo nos hacen retorcer en el suelo. Estas motas de polvo son las ideas y los hábitos dualitas basadas en las tres kleshas de codicia, aversión e ilusión. Hay que vigilarse la mente constantemente para no caer en los viejos hábitos mentales. En el segundo ejemplo, Hanam Sunim nos sugiere cómo practicar mediante una conversación entre un alumno y su maestro. Un día, el alumno está sentado en la cocina totalmente ausente. El maestro le pregunta:

“¿Qué estás haciendo?”
“Estoy llevando una vaca.”
“¿Cómo llevas una vaca?”
"Si toma un paso fuera del camino, tomo su anillo de la nariz, lo retiro, volviéndolo al camino".
“Tú sabes cómo llevar una vaca.”

Hay que entender que las palabras “tomar” y “retirar” significan lo que tenemos que hacer en nuestra práctica diaria. Cuando se da cuenta que la mente está desviándose del camino en ideas dualistas y habituales, se las retiran, jalándolas y volviéndose al camino de la práctica presente libre de estos conceptos erróneos.

Hanam Sunim enfatiza mucho la necesidad de practicar después de la iluminación, comparando la práctica al cuidado de un embrión sagrado:

A menudo, después de la iluminación, los maestros de la antigüedad ocultaban todos los rastros de sí mismos. Ocultaban sus nombres y se iban muy lejos, y pasaban mucho tiempo cuidando el embrión sagrado. ... pasarían 30 o 40 años así, y por el resto de sus vidas no dejarían las montañas.

Hanam Sunim está haciendo eco del maestro zen coreano Chinul del siglo 11 quien dice:

Aunque ha despertado al hecho de que su naturaleza original no es diferente de la de los Budas, las energías de hábito sin principio son extremadamente difíciles de eliminar repentinamente, por lo que debe continuar cultivándose mientras confía en este despertar. A través de esta penetración gradual, sus esfuerzos llegan a su fin. Él alimenta constantemente al embrión sagrado, y después de mucho tiempo se convierte en un santo.

Por eso se llama cultivo gradual. Este proceso se puede comparar con la maduración de un niño. Desde el día de su nacimiento, un bebé está dotado de todos los órganos sensoriales como todos los demás, pero su fuerza aún no está completamente desarrollada. Es solo después de muchos meses y años que finalmente se convertirá en un adulto. 

Aquí, Chinul está comparando el cultivo al cuidado de un niño. De cierta forma, la cultivo del zen actúa como una partera en el proceso de dar a luz a nuestro verdadero ser. Primero, hay que acercarse, meditando y contemplando, para encontrar el embrión sagrado. Aunque se ha encontrado la esencia viva en esta vida, todavía se debe cuidar al embrión, atendiéndole mientras que nace en nuestras vidas cotidianas. Luego se cuida mientras que madura poco a poco. Aunque está potencialmente completo del principio, el bebé necesita atención hasta su madurez. Igual, aunque somos buddhas del principio, tenemos que cuidarnos en nuestra práctica, cultivando nuestra potencia como buddhas bebés, hasta que por fin podemos caminar por nuestros propios pies, fuertes y firmes en nuestras habilidades. Sólo así se puede convertirse en un santo completamente realizado, ayudando a los demás, y poniendo el ejemplo de cómo vivir una vida de plenitud, paz y bienestar en servicio al mundo.

Bibliografía
Go, Ven. Chong. (2008). “The Letters of Hanam Sunim.” International Journal of Buddhist Thought & Culture. February 2008, Vol.10, pp.123-145.  2008 International Association for Buddhist Thought and Culture.


lunes, 22 de julio de 2019

KARMA Y CAUSALIDAD Charla Dharma 21/JUL/2019



KARMA Y CAUSALIDAD
Charla Dharma 21/JUL/2019
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Según el maestro Chan Xu Yun (Shakya, 1996, pp. 18-23), hay cuatro requerimientos para practicar el Zen: 1. Comprender la ley de la Causalidad; 2. Aceptar las normas de disciplina; 3. Mantener una fe inquebrantable en la existencia de la Naturaleza Búdica; y 4. Estar determinado a tener éxito en cualquier método que escoja. Hoy vamos a considerar el primero, él de comprender la ley de la Causalidad, el cual se explica simplemente como “el mal produce mal y el bien produce bien”.

Recuerden que cuando hablamos sobre el bien y el mal, no estamos hablando de algo inherentemente bueno o malo, sino más bien sobre las consecuencias de nuestras intenciones. Cuando nuestras intenciones se basan en las tres kleshas egóicas, de codicia, aversión, e ilusión, la consecuencia es dukka, o sea, insatisfacción, descontento, y estrés. Por tanto, cuando nuestras acciones causan insatisfacción a otros o nosotros mismos, se las consideran malas, mientras las acciones que eliminan insatisfacción se las consideran buenas. 

En cuanto a la ley de Causalidad, los malos actos no nos benefician nada. Aunque se pueden justificar ganancias momentáneas con malos actos, a largo plazo, nos causan dolor, amargura, ansiedad, y remordimiento. No hay verdaderas ganancias para las acciones que nacen de la codicia, la lujuria, la ira, el orgullo, la pereza o la envidia. Los actos malos son obstáculo a nuestro desarrollo espiritual. Si de verdad estamos buscando paz, realización espiritual y liberación, tenemos que eliminar las intenciones basadas en intenciones egóicas. Sin embargo, nuestras buenas intenciones todavía pueden resultar en consecuencias malas si nuestro propósito esconde una esperanza secreta de beneficio personal en el futuro.

Hubo una vez en China un príncipe al que le gustaban mucho los pájaros. Siempre que encontraba un pájaro herido, lo alimentaba y lo cuidaba hasta que recobraba la salud; y entonces, cuando el pájaro había recobrado su fuerza, lo dejaba en libertad con mucho regocijo.

Naturalmente, el príncipe se hizo bastante famoso debido a su capacidad de sanador amoroso de los pájaros heridos. Siempre que alguien se encontraba un pájaro herido, en cualquier lugar del reino, rápidamente se le llevaba, y él expresaba su gratitud a la persona considerada que se había ocupado de eso.

Pero entonces, para tratar de conseguir el favor del príncipe, la gente comenzó a atrapar pájaros y a lesionarlos deliberadamente para así poderlos llevar al palacio.   Fueron asesinados tantos pájaros en el curso de la captura y su posterior mutilación, que el reino se convirtió en un infierno para los pájaros.

Cuando el príncipe vio el daño que estaba causando su bondad, decretó que nunca más se ayudara a ningún pájaro herido. 

Cuando la gente vio que ya no obtenía beneficio por ayudar a los pájaros, dejaron de dañarlos.

Esta historia nos demuestra que, a veces, a pesar de que creemos que estamos haciendo algo bueno, nos damos cuenta de que en realidad estamos causando daño. Además, no hay final a la causa y efecto. Una causa produce un efecto que a su vez se convierte en la causa de otro efecto. Cada acción basada en ego es una causa produciendo un efecto. Es la Ley de la Causalidad. Tarde o temprano, nuestros malos actos nos alcanzarán. Para prevenir el efecto, hay que prevenir la causa. Debemos aprender a perdonar, a dejar pasar el daño y el insulto, a no buscar la venganza, y a no albergar rencor. Tampoco debemos ser vanidosos cuando realizamos actos caritativos y buenos. Debemos realizar buenos actos en silencio y el anonimato. Se dice que “Un buen acto debería tener una vida corta, y una vez muerta, debería ser rápidamente enterrado.” Y no debemos intentar de resucitarlo, a menos que queremos crear un zombi que ronda a la gente recordándola constantemente nuestro maravilloso servicio. Mejor olvidar nuestro acto bueno al momento de haberlo realizado.
No hay escape de la ley de causa y efecto, incluso para los iluminados. Hay una historia que se trata de la liberación de un salvaje espíritu-zorro por el maestro zen Bai Zhang:

Parece ser que una noche, después de que una reunión zen hubiera terminado y todos sus discípulos se hubieran retirado, el Maestro Bai Zhang se dio cuenta de que un anciano permanecía fuera de la Sala de Meditación.  Bai Zhang se acercó al hombre y le preguntó, "Dígame, señor, ¿a quién o qué está buscando?"   El anciano respondió, "No, no 'señor'. No soy en absoluto un ser humano. Soy un zorro salvaje que simplemente habita el cuerpo de un hombre." 

Bai Zhang naturalmente se quedó sorprendido y curioso. "¿Cómo adquiriste esta condición?", preguntó. 

El anciano hombre-zorro explicó, "Hace quinientos años, era el monje prior de este monasterio. Un día, un joven monje se acercó y me preguntó, '¿Cuando un hombre alcanza la iluminación, sigue sujeto a la Ley de la Causalidad?' y atrevidamente le contesté, 'No, está exento de la Ley.' Mi castigo por esta falsa y arrogante respuesta fue que mi espíritu se cambió por el espíritu de un zorro salvaje, y por eso corrí a las montañas. Como hombre-zorro no puedo morir, y mientras persista mi ignorancia debo continuar viviendo en esta desdichada condición. Durante quinientos años he estado paseando por el bosque en busca del conocimiento liberador. Maestro, le suplico que se apiade de mí y me ilumine a la verdad." 

El Maestro Bai Zhang le habló amablemente al hombre-zorro. "Hazme la pregunta que el joven monje te hizo, y obtendrás la respuesta correcta." 

El hombre-zorro obedeció. "Maestro, deseo preguntarle esto: ¿Cuándo un hombre alcanza la iluminación está sujeto a la Ley de la Causalidad?"

Bai Zhang respondió, "Sí. Nunca está exento de la Ley. Nunca podrá cerrar sus ojos a las posibilidades de la causa y el efecto. Debe seguir atento a todas sus acciones pasadas y futuras."   De repente el anciano hombre-zorro obtuvo la iluminación y quedó libre. Se postró ante el maestro y le agradeció profusamente, "¡Al fin – dijo- estoy liberado!" Entonces, cuando se estaba marchando, se volvió y le preguntó a Bai Zhang, "Maestro, ya que soy un monje, ¿podría concederme amablemente los ritos funerarios usuales para un monje? Vivo cerca, en una guarida en la montaña que hay detrás del monasterio, ahora iré allí para morir."   Bai Zhang aceptó, y al día siguiente fue a la montaña y encontró la guarida. Pero en vez de encontrar allí un viejo monje, Bai Zhang solo vio un bulto en el barroso suelo de la guarida. Tanteó el bulto con su bastón y descubrió ¡un zorro muerto! 

Bueno, ¡una promesa es una promesa! El Maestro Bai Zhang condujo los ritos funerarios acostumbrados para un monje sobre el cuerpo del zorro. Todo el mundo pensó que Bai Zhang estaba loco, especialmente cuando condujo una solemne procesión funeral... con un ¡zorro muerto en el féretro! 

Esta historia trata la ley de causa y efecto, o sea, karma.  En la mitología China, el zorro representa lo mismo en el Occidente de un gato negro, o quizás una bruja o un hechicero. Se le considera la zorra como un animal astuto y engañoso y también un mal presagio para la gente común. El punto de la historia es ya sea una persona iluminada está sujeta a la ley de karma o no. Mucha gente cree que al iluminarse, uno se libera del karma y la ley de causa y efecto. El maestro Venerable Wonji Dharma (Wonji, 2015, p. 184-186) nos aclara que hay dos niveles de karma: karma fijo y karma cambiable. Un ejemplo de karma fijo sería tu nacionalidad, tu género, tu genética. A pesar de que te mudas a otro país y estudias mucho sus costumbres, lenguaje y cultural, siempre hay aspectos de tu percepción basados en tu genética, biología, y país de origen. En cambio, quizás naciste en una familia pobre con pocos recursos. Esta condición se puede modificar con educación, trabajo, y esfuerzo. Aunque culturas orientales como la India y China consideran que al nacer en cierta casta determina el nivel socioeconómico por el resto de tu vida. No obstante, el Buddha se dio cuenta que restricciones como estas son hechas por el pensar de la mente discriminativa, o sea, la mente condicionada del ego. Al despertarnos, nos damos cuenta de que los dos tipos de karma, tanto el karma fijo y el karma cambiable, son de hecho sólo uno. La Ley de Causa y Efecto opera fuera de nuestra verdadera naturaleza. Así que, el cuerpo está sujeto a las consecuencias de nuestro karma, ya sea fijo o cambiable. Se puede modificar algunos aspectos de nuestro karma, mientras que hay otros imposibles cambiar. De ese modo, se puede ver que incluso haber alcanzado la Budeidad no libra a uno de la Ley de la Causalidad en cuanto al cuerpo físico y el reino de samsara.  Aunque no hay escape de la enfermedad, la vejez, y la muerte del cuerpo, causa y efecto operan fuera de nuestra verdadera naturaleza. Es decir, podemos elegir la paz y el bienestar de nuestra budeidad en medio de nuestra condición humana y kármica.

Bibliografía

Dharma, Venerable Dr. Wonji. (2015). It’s All Good: The Chan Teachings of Wonji Dharma. Buddha Dharma University  Press: Oneida, N.Y.

Shakya, Ming Zhen (Chuan Yuan) y Cheung, Upasaka Richard de la notas y recuerdos del Maestro Jy Din Shakya. (1996). Las Enseñanzas del Maestro Hsu Yun: Nube Vacía. Orden Hsu Yun del Budismo Chan/Zen.
      

Diálogos Zen #71: Kensho



lunes, 15 de julio de 2019

MONTAÑAS Y AGUA: Iuminación y Función Suprema Charla Dharma 14/JUL/2019



MONTAÑAS Y AGUA:
Iluminación y Función Suprema
Charla Dharma 14/JUL/2019
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Lograr la iluminación es perder la iluminación. Perder la iluminación es lograr la iluminación. (Perderlo 1, p. 1)
¿Cuál es la iluminación? Dentro del contexto de tiempo y espacio, o sea, el yo de samsara, tratamos lograr la iluminación. El término “iluminación” es sólo una palabra, una idea. En sí, no existe como una cosa o un estado de la mente. La iluminación es lo que eres, esta cosa redonda, pura, brillante, y clara. ¿Cuál es esta cosa? Eres tú esta cosa. Sin embargo no es una cosa. Es algo antes del nombre o la forma o la idea. Si intentamos lograrlo, como algo fuera de nosotros ubicado en un futuro ilusorio, lo perdemos. Al mismo tiempo, abandonarnos a los sentidos, nuestros deseos, nuestra ira, nuestros miedos e ilusiones, no es una vida completa. Es una vida sin sentido o función. Hay que lograr la iluminación para liberarnos de la insatisfacción. Entonces, ¿cómo lograrla?

(Levanta el bastón Zen sobre su cabeza, luego golpea el podio).
¿Cuál es el sentido de este golpe?
Esto significa ninguna iluminación que lograr, ninguna iluminación que perder. Hace mucho tiempo un Patriarca eminente dijo: “mantengan una mente que sea clara como el espacio”. Si vemos más profundamente en nuestra verdadera naturaleza e intentamos encontrarla, entonces vemos que es completamente vacía – vacía y clara como el espacio. “Completa vacuidad sin nada que lograr” es nuestra mente original – nuestra sustancia original. Esto es de donde venimos y es a donde vamos. Por esta razón no hay nada que lograr; nada que perder. Todos los opuestos son cortados: bueno, malo, correcto, incorrecto, sagrado o profano. Si todos los opuestos son cortados, le llamamos a eso completa vacuidad. Ese es nuestro rostro original, el punto primario.  (Perderlo 1, p. 2)
Seung Sahn nos está dando una pista. Para lograr la iluminación, hay que perder la iluminación. Soltar toda idea de lo que es la iluminación. Olvídense del concepto de iluminación. No hay nada lograr. Tampoco hay algo perder. Estos dos conceptos son dos lados de la misma moneda. Son conceptos dualistas dentro de la mente condicionada, la mente del yo, la mente de la insatisfacción. Desde el punto de vista de nuestra práctica, desde el principio tu y yo y todos somos iluminados, puesto que todos somos esta cosa pura y clara y completa, nuestra sustancia original. Ni puedes lograrla ni puedes perderla. Es siempre aquí, presente, completo. Estamos simplemente distraídos con ideas incompletas buscando satisfacción en cosas insustanciales, cosas impermanentes, en cosas ilusorias que no pueden completarnos ya que son vacíos. Sin embargo, al darnos cuenta de esto, de la impermanencia, podemos invertir la atención hacia adentro y buscar dentro de nosotros el origen de todo. Por medio de la atención invertida y la introspección contemplando “¿Quién soy?”, podemos recordar lo que siempre éramos. Y eso es la iluminación.

Sin embargo, la iluminación implica tres etapas de desarrollo espiritual. Seung Sahn nos describe tres etapas de comprensión usando las metáforas de la montaña y el agua. Él dice…

La montaña es el agua, el agua es la montaña.
No hay montaña, no hay agua.
La montaña es la montaña. El agua es el agua.

En estas líneas, se entiende la montaña y el agua como el mundo fenomenal de nuestras experiencias de samsara, el mundo de insatisfacción, de dukka. 

Primero, hablamos sobre el mundo de la impermanencia. Lograr la iluminación es perder la iluminación. Perder la iluminación es lograr la iluminación. La montaña se vuelve agua, el agua se vuelve montaña. (Perderlo 1, p. 3)
Como hemos mencionado antes, ganar o perder la iluminación es el mundo de opuestos, de samsara y sufrimiento. Si intentamos lograr la iluminación, la perdimos puesto que es una idea insustancial. Si soltamos nuestro deseo lograr algo en el futuro, nos despertamos a lo que ya es presente aquí. Comenzamos soltando todas nuestras ideas a partir del hecho de que tanto montaña como agua son impermanentes, simplemente ideas transformándose de un momento a otro sin quedarse nada fijo. La montaña eventualmente se transformará en agua, y viceversa. Todo el mundo fenomenal es así. Esta comprensión de la impermanencia de todas las cosas nos prepara para considerar la próxima etapa de vacuidad.

Luego fuimos al mundo de la vacuidad. Lograr es vacuidad; también, no lograr es vacuidad. La montaña es vacuidad y el agua es vacuidad. Completa y verdadera vacuidad. (Perderlo 1, p. 3)
Lograr o no lograr son simplemente ideas. Todo es vacuidad, cambiando, cambiando, fluyendo, fluyendo. No hay nada en que podemos sujetarnos. No hay nada confiable del mundo basado en cosas que vienen y van. No obstante, esta insustancialidad es nuestro propio ser. Somos la vacuidad, shunyata, la esencia fundamental del universo entero. Al darnos cuenta de esto, podemos volver al mundo cotidiano informado y apreciar las cosas por lo que son, expresiones de la misma esencia fundamental.  

Luego, dando un gran paso más desde el mundo de la vacuidad llegamos al mundo de la verdad. Aquí todo es así como es. La montaña es la montaña; el agua es el agua. Lograr la iluminación es sólo lograr la iluminación; perder la iluminación es sólo perder la iluminación. Llamamos a eso verdad. (Perderlo 1, p. 3)
Todo es simplemente lo que se presenta ser. Soltar nuestras ideas y filtros sobre las cosas, podemos apreciar y disfrutarlas completamente. La montaña es simplemente la montaña. No es demasiado grande o chico, bueno o malo. Es lo que es. El agua es simplemente el agua. Todo el universo está dentro de la experiencia de este momento, justo como es. Considerando estos tres aspectos de la realidad, se lo considera uno superior al otro? Seung Sahn nos desafía considerar los tres mundos o aspectos de la realidad como todo un conjunto.

Ahora han aparecido tres mundos diferentes. De estos tres mundos, ¿cuál es el correcto? Una vez más: la montaña es el agua, el agua es la montaña. Ese es el mundo de la impermanencia. Luego, no-montaña, no agua. Ese es el mundo de la vacuidad. Y finalmente la montaña es la montaña, el agua es el agua – mundo de verdad o de momento. Si tenemos tiempo y espacio, entonces todas las cosas existen. Si trascendemos tiempo y espacio, entonces llegamos al mundo de la vacuidad. Dando un paso más, llegamos al mundo de la verdad. En el mundo de la verdad todo lo que vemos, oímos, olemos, gustamos y tocamos está siempre enseñándonos. Cada momento es verdad. El cielo es azul, el perro está ladrando: guau, guau, el azúcar es dulce. Este es el mundo de la verdad. (Perderlo 1, p. 3)
Debido a la impermanencia, ni podemos aferrarnos a ninguno de estos mundos de percepción para siempre. Por momentos funcionamos en el mundo de opuestos, el mundo de nuestras ilusiones. Luego nos damos cuenta del problema esto nos causa, y recordamos que todo es vacío. Luengo, nos sentimos tranquilos con el mundo que antes nos causaba tanta insatisfacción. Pero al momento de lograr este tercer mundo de percepción, regresamos de inmediato al primero, igual como en el círculo del zen pasamos de 0º a 360º, para luego comenzar a 0º de nuevo. Somos todo el círculo en todo momento, a pesar de que estamos enfocándonos en un punto u otro en cualquier momento. Si se da cuenta de este hecho, nos libera de la ilusión de samsara. Somos libres para aprovechar cualquier estado si nos sirve para el beneficio de otros, y así creamos el mundo de la función suprema. Como dice Seung Sahn: 

Entonces, primero lograr la verdad, luego lograr el camino de bodhisattva. Mundo tras mundo, vida tras vida, hago el voto de seguir el camino del bodhisattva, hasta que todos los seres se vuelvan Buda. Hago el voto de seguir el Gran Camino del Bodhisattva hasta que todos los seres sean liberados del sufrimiento. ¡Ese es el gran voto de Ji Jang Posal (Kshtigarbha), el Gran Voto del Bodhisattva…Llevando este voto, vivimos nuestra vida. Ese es nuestro propósito en nuestra vida. Y no sólo en esta vida, sino vida tras vida, hasta que todos los seres sean liberados. Así es como deberíamos vivir. Entonces mi propósito en la vida es muy claro.
Si descubres quién eres de verdad y lo juntas con tu función suprema de servicio y ética, tu vida será una bendición para ti y un refugio para otros para siempre. Y esto es la iluminación.


Bibliografía
Sahn, Maestro Zen Seung. “Perderlo Es Tenerlo – Partes 1 y 2.” Texto en español revisado por la
Rev. Yin Zhi Shakya, OHY – 7 de junio de 2004. Texto enviado por el Upasaka Gonzalo Barreiro (Kumgang), Maestro de Dharma, desde el Centro Zen Budista Argentino, www.czba.org - 6 de Junio de 2004. 

lunes, 8 de julio de 2019

Diálogos Zen #69: Orientarse en la Vacuidad



¿CERDOS O SERES HUMANOS? Charla Dharma 06/JUL/2019




¿CERDOS O SERES HUMANOS?
Charla Dharma 06/JUL/2019
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

[Las citas siguientes son extractos de una charla ofrecida por el Ven. Gran Maestro Zen Seung Sahn a los miembros del templo Hwa Gye Sa, en Seúl, Corea, la noche anterior al Día de la Conmemoración de Iluminación del Buda. Tradicionalmente los Budistas permanecen toda la noche practicando meditación, imitando al Buda antes de su Gran Iluminación.][i]

Seung Sahn abrió su charla Dharma con esta declaración:

Si sólo están apegados a alguna clase de cosa material, si están sólo conmovidos emocionalmente por alguna clase de cosa material, entonces, ¿en qué se diferencian de una vaca o de un cerdo? ¿En qué nos diferenciamos de cualquier animal? “Esto es una persona” nos decimos. “Esto no es un animal”. Pero debemos comprender nuestra función humana antes de poder llamarnos a nosotros mismos un ser humano. Debemos entender nuestro modo correcto de ser humanos antes de poder decir que no somos apenas un animal. El Buda vio la estrella de la mañana y se iluminó. Cuando vio la estrella de la mañana, logró su verdadera naturaleza humana – el modo de un ser humano. Si logras tu naturaleza humana, entonces puedes ser llamado un ser humano…(Seung Sahn, Perderlo 1, p. 4)
Considerarse un ser humano no es algo dado del momento del nacimiento en este cuerpo. Hay que ganarse el derecho ser llamado un ser humano. La mayoría de la gente se comportan como animales, como cerdos y vacas, intentando satisfacer sus deseos y estimular sus sentidos, motivados por la ilusión que estas acciones les hiciera contentos. Pero no es así. Comer, procrear, y defecar no nos hacen humanos. Simplemente estamos funcionando como un animal. Para un animal esta es su función. Y es perfecto. Pero nosotros, tenemos que lograr el derecho de ser llamado seres humanos descubriendo nuestra verdadera función en este mundo mediante la práctica espiritual.
En este mundo, ¿cuánta gente quiere practicar realmente? Mucha gente no practica en absoluto. Todo el día y toda la noche pelean y sólo ejercitan su deseo, su ira y su ignorancia. Cuando pierdan este cuerpo, no tendrán nada para llevarse. Cuando este cuerpo desaparece, ¿qué se llevarán con ustedes? ¿Qué harán? Si este no saber es claro, entonces el lugar adonde vayan es claro. Entonces ustedes comprenden su trabajo, comprenden por qué nacieron en este mundo. Entonces comprenden qué hacer en este mundo. Cuando hacen esto, entonces pueden volverse un ser humano. (Perderlo 2, p.  7)
Como dice Seung Sahn, hay que practicar con fe, determinación, y disciplina para darnos cuenta de nuestro verdadero trabajo y nuestra verdadera función en este mundo. No es nada fácil. Hay que vaciar nuestras mentes de todas las ideas que nos agitan, la codicia, el deseo, la gula, y la búsqueda de nombre, poder, y riquezas. Si seguimos perdidos en estos esfuerzos superficiales, nos convertimos en bichos metidos en la inmundicia. Seung Sahn nos explica cómo el maestro Sosan Dae Sa, del siglo 16, abrió su mente y comenzó a practicar en serio, logrando la iluminación.  

Un día Sosan fue enviado a la ciudad para comprar pinceles y tinta. Al regresar al templo tuvo que responder a un llamado de la naturaleza. El templo tenía un edificio de letrina en estilo antiguo, muy elevado sobre el suelo. Se decía que la letrina estaba tan alta que si caía excremento cuando un viajero se iba de Taejon, ¡no terminaría de caer hasta que el viajero llegara a Seúl! ¡Así de alto era el edificio de letrina! Entonces, mientras Sosan Daesa estaba defecando sobre el agujero, sucedió que miró hacia abajo, muy abajo! – y vio varios animalitos. Tan pronto como su excremento fresco golpeó el fondo, gusanos, ratas, varias clases de animales corrieron y se sumergieron en ella, comiendo vorazmente. Después de contemplar esta escena durante un momento, tuvo la impresión de que la gente en el mercado no era diferente. Ellos siempre están buscando algo, siempre persiguiendo algo, siempre yendo por algo nuevo, siempre intentando sacar provecho de algo. Ahh… su mente se abrió. Él comprendió algo. Hasta ahora, pensó, he sido exactamente como uno de esos gusanos, buceando en el excremento fresco; siempre buscando otra pila de excremento. Ahora es momento para mí de practicar realmente. (Perderlo 2, p. 5)
Basado en su gran esfuerzo, determinación, y fe, Sosan practicó hasta lograr la iluminación en un momento inesperado.
Una mañana despertó muy temprano... Desde lejos escuchó un gallo cantando (¡ki ki ri ki!), y logró su verdadero ser. Escuchando el sonido de un gallo cantando dijo: “He terminado el gran trabajo de vida y muerte. Todos ustedes que no han logrado la iluminación, mañana por la mañana intenten escuchar el sonido de un gallo cantando. Escúchenlo y terminen el trabajo de un gran hombre”. (Perderlo 2, p. 5)
Pues, incluso aquí hay pájaros cantando, peces nadando, perros ladrando y gatos cazando. Los animales pueden inspirarnos en nuestra práctica espiritual. Nos recuerdan de lo hermoso del mundo natural. Hay pájaros demuestran la infinita paciencia y dedicación cuidando sus huevos al punto de eclosionar. Los perros nos informan y nos cuidan con sus ladrados con cada paseante frente a nuestra casa. Los peces juegan en sus peceras con libre abandono y serenidad. La gata caza su presa con concentración absoluta. Sin embargo, aunque los animales hacen lo que animales hacen, perfectos en su actos y hazañas, los seres humanos tenemos que descubrir nuestra función para diferenciarnos de los animales. Comenzamos con la contemplación del hwadu.
Momento a momento, ¿qué haces? ¿Cuál es tu dirección correcta? Momento a momento, ¿cuál es tu vida correcta? ¿Cómo encuentras tu camino correcto? ¿Cómo liberan a todos los seres del sufrimiento? Llegamos a este mundo con las manos vacías. ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Por qué llegamos a este mundo? Nuestro cuerpo es una cosa vacía. ¿Cuál es la única cosa que acarrea a este cuerpo? ¿De dónde viene? Deben comprenderlo… deben encontrarlo. Si quieren encontrarlo, deben preguntarse: “¿Qué soy yo?” Mantener siempre esta gran pregunta. El pensamiento debe desaparecer. Deben llevarse todo su pensamiento; cortar todo su pensamiento. Entonces su verdadero ser aparece; entonces su verdadera mente aparece. Todos reunidos aquí esta noche, pregúntense sinceramente “¿Qué soy yo?”, y mantengan este gran no saber. (Perderlo 2, p. 6)
Sin embargo, el mero despertar al no saber no es suficiente para considerarse un ser humano de verdad. Requiere un gran voto de acción.
Si vemos de cerca podemos ver mucha gente en este mundo que está gobernada por los cinco deseos de comida, sueño, sexo, dinero y fama. Mucha gente vive sólo por estas cosas. Si abandonan esos deseos, pueden encontrar el camino correcto…Deberíamos preguntar: “¿Cómo puedo lograr el verdadero camino? ¿Cómo puedo liberar a todos los seres?” ¡Esa es la pregunta importante! Necesitamos un gran voto. Necesitamos un gran voto y una voluntad fuerte para liberar a todos los seres. Aunque yo muera, si hago este gran voto, este voto me traerá de nuevo como ser humano. Nuevamente buscaré el camino del bodhisattva; nuevamente vendré a Hwa Gye Sa; nuevamente lograré mi verdadero ser; nuevamente liberaré a todos los seres. Debemos hacer un gran voto para liberar a todos los seres. (Perderlo 1, p. 4-5)
Antes de que naciera el antiguo Buda.
Había esta única cosa – lúcida, redonda y clara.
Na Mu Ah Mi Ta Bul
Originalmente nada, pero hoy
La nieve blanca cubre el mundo.
Na Mu Ah Mi Ta Bul (El mantra del Buda Amitaba)

Al despertar a esta cosa única en ti y comprometido a la salvación de todos los seres del universo, ya te puedes considerar un verdadero ser humano.



[i] “Perderlo Es Tenerlo – Partes 1 y 2” Maestro Zen Seung Sahn. Texto en español revisado por la Rev. Yin Zhi Shakya, OHY – 7 de junio de 2004. Texto enviado por el Upasaka Gonzalo Barreiro (Kumgang), Maestro de Dharma, desde el Centro Zen Budista Argentino, www.czba.org - 6 de Junio de 2004.  


lunes, 1 de julio de 2019

BUDDHA: EL BUEN PASTOR Charla Dharma 30/JUN/2019



BUDDHA: EL BUEN PASTOR
Charla Dharma 30/JUN/2019
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

184. EL BUDA, EL BUEN PASTOR II[i]
Majjhima Nikaya 34: i. 225-227

Así he oído: Érase una vez que el Exaltado residía entre los Vajjians, en Ukkacela, a orillas del río Ganges. En ese momento, el Exaltado se dirigió a los monjes: "¡Monjes!" "¡Reverendo Señor!", dijeron esos monjes al Exaltado en respuesta. El Exaltado dijo esto:
En tiempos antiguos, un pastor de Magadha, un tipo estúpido, en el último de los meses de lluvias, en otoño, sin examinar la orilla cercana del río Ganges, sin examinar la orilla lejana del río Ganges, sin ni siquiera encontrar un vado, condujo su ganado a través de la orilla más lejana, al territorio de los Suvidehas. Ahora, cuando el ganado llegó a la mitad de la corriente del río Ganges, formaron un círculo, y en ese momento se encontraron con la destrucción y la muerte.
¿Cuál fue la causa de esto?

Diálogos Zen # 68: La Meditación Zen y el Diablo





Diálogos Zen #67: La Función del Maestro