MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 13 de agosto de 2018

Diálogos Zen #40: Perdidos en el Bosque


CÓMO CONVERTIR SAMSARA EN NIRVANA Charla Dharma 12/OCT/2018



CÓMO CONVERTIR SAMSARA EN NIRVANA
Charla Dharma 12/AGO/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Es un dicho del Zen decir: “Nirvana es Samsara; Samsara es Nirvana.” Samsara es el mundo percibido como imperfecto y lleno de mucho sufrimiento. Nirvana es el mismo mundo percibido como perfecto justo como es y libre del sufrimiento. ¿Cómo convertir Samsara en Nirvana? Primero, tenemos que purificar nuestra mente, habla, y acciones. Segundo, tenemos que guiar a otros seres a la verdad, ayudándoles lograr la Iluminación. Así que, Nirvana no está tan lejos. Es posible lograrlo aquí y ahora. Para lograr Nirvana, tenemos que practicar, disciplinar la mente, y actuar acorde a los preceptos, los cuales son guías de cómo comportarse como un bodhisattva. Si actuamos así en nuestras vidas cotidianas, trascendemos la mente limitada y logramos la mente Iluminada. Desde este estado de mente perfeccionada, se experimenta Nirvana aquí en este mismo mundo, en este mismo instante.

No es una cuestión de filosofía, análisis, argumentos ni metafísica, es más bien actuar desde el “No sé”, nuestra verdadera mente libre de prejuicios, impurezas, y comparaciones, y críticas. Tenemos que practicar atentos a la disciplina de los tres karmas: acción de cuerpo, acción de la boca, y acción de la mente. Cuando nos sentamos en la meditación, es muy buena acción: el cuerpo está en la postura perfecta, libre de malas acciones. Al sentarse así, la mente se tranquiliza, y poco a poco, se vuelve libre de pensamientos discriminativos, los que causan mala karma y sufrimiento. Sentados en meditación, ya la boca está bajo nuestro control, no estamos diciendo nada negativa ni criticona. Pero cuando nos levantamos del cojín, es muy fácil criticar otros o decir algo que puede causar dolor y herir a otros. Tenemos que disciplinar la boca y controlar nuestra habla mientras que seguimos desarrollando la meditación y la sabiduría. Hay un dicho chino que dice: “Una palabra una vez hablada, ni cuatro caballos fuertes ya la pueden recuperar.”  Antes de decir algo, debemos considerar el resultado, si es o no es beneficioso para nosotros y para otros. Si lo que vamos a decir puede herir o causar daño para nosotros o para otros, es mejor abstenerse de decirlo. En el Dhammapada el Buda dijo, “Que nadie busque las faltas de los demás, las cosas dejadas y deshechas por otros, sino las propias obras hechas y deshechas de uno mismo.”

En cambio, cuando una persona practica el amor benevolente y la compasión, piensa bien de los demás, y sus palabras y acciones reflejan esta benevolencia. Toda acción y habla viene de la mente y el pensamiento. Si la mente no piensa de una forma amable, es difícil manifestar habla y acciones amables. Un budista intenta con toda su fuerza estar atento a su pensamiento, vigilando sus pensamientos, puesto que sabe que el pensamiento es la base de toda acción y habla. Por tanto, nos sentamos en meditación para calmar la mente, disciplinando y purificándola. Cuando la mente es pura, el satori, o sea, la Iluminación, no está lejos. Incluso el maestro japonés Dogen en el siglo 12 dijo, “Zazen y satori son uno.” Es decir, sentarse en meditación y la iluminación son lo mismo. Mientras que se sienta, el cuerpo no comete maldad, y la boca no habla de cosas malas. La mente es muy calma, quieta, pura y lúcida. Así que, la meditación es un período corto de Iluminación, o por lo menos la condición ideal en la cual la Iluminación puede manifestarse. Sin embargo, puesto que la meditación sentada es un período bastante corto, la mente disciplinada conseguida por medio de la meditación sentada debería llevarse a la vida cotidiana. Esta mente purificada debe transformarse en la acción de cada día.

Así que el practicante del Zen experimenta la perfección de cada día y aprecia la belleza de cada estación. Si una persona se limita la mente con pensamientos discriminativos y negativos, no puede apreciar la totalidad de la vida. Practicar el Zen no es sólo disfrutar la vida durante los momentos placenteros, sino también durante las tragedias y dolores. Normalmente estamos contentos cuando todo anda bien en la vida, pero cuando surgen alguna pena o dificultad, sentimos angustia y descontento. De hecho, no hay nada malo allí. No hay nunca éxito sin fracaso. No debemos preocuparnos tanto de los fracasos. El éxito y el fracaso, la decepción y la satisfacción, todo depende de la mente. ¿Por qué preocuparse tanto? ¿Por qué crear tanto drama y angustia? Hay que tranquilizarse y estar contento. Todo viene y va, nada perdura, nada debe molestarnos tanto.

Siempre hay altibajos en la vida. Siempre hay momentos de éxito y momentos de fracaso. La vida es así. Es una rueda que gira y gira. Un día estás en el cielo y otro día estás en el infierno. De hecho, se aprende más espiritualmente del infierno que el cielo, puesto que mientras que se está en el cielo, no hay ninguna razón contemplar ni hacer ningún cambio en la vida. No obstante, mientras que se está en el infierno, es tan desagradable, por fuerzas uno quiere hacer lo que sea para salir.  Por lo tanto, aprendemos más de nuestros fracasos que nuestros éxitos, puesto que los fracasos nos proveen valiosas experiencias para la vida. En China, cuando representan una imagen de Bodhidharma, el primer patriarca zen, muchas veces está acompañado con cuatro caracteres chinos que significan, “Caer siete veces, levantarse ocho.” No se mide la importancia de la vida por cuántos éxitos se ha habido, sino por cuántas crisis se han resuelto.

 La vida es un viaje largo desde Samsara a Nirvana, desde la ignorancia hasta la Iluminación. Requiere mucha paciencia para llevar a cabo el trabajo requerido para despertarse y luego salvar a todos los seres del universo. Hay que simplemente ir derecho, trabajando en los preceptos, la ética, meditando diario, sin desviarse en quejas, críticas, dramas, ni obsesiones. Hay que practicar con mucha determinación, día tras día, constante y diligente, para lograr la meta. Confucio dijo, “No desees resultados rápidos, ni buscar avances pequeños. Si se busca resultados rápidos, no se logrará la meta final. Si se deja llevar por avances pequeños, jamás se logrará las cosas grandes.”  Practicamos así con mucho esfuerzo constante y continuo, haciendo lo mejor posible hoy mismo. Aunque hay muchos obstáculos y dificultades, se puede superarlos uno por uno, haciendo lo que se puede hoy, sin dejarlo para mañana. No permitir ni un día pasar que no practiques. Hay que meditar, soltar los apegos, soltar las preocupaciones, cuidar la boca y el cuerpo en su habla y acción. Seamos generosos con nuestras sonrisas, apoyo, y amor benevolente a todo el mundo. Al trabajar salvando a otros, nos salvamos a nosotros mismos, y así se convierte samsara en nirvana.     

lunes, 6 de agosto de 2018

Diálogos Zen: #39 El desafío más grande



LA VIDA AUTÉNTICA DEL ZEN Charla Dharma 05 AGO 2018


LA VIDA AUTÉNTICA DEL ZEN
Charla Dharma 05/AGO/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna



Cuando tienes hambre, simplemente hablando acerca de la comida no te satisface.  Hay que preparar comida verdadera para satisfacer el deseo para comer. De igual forma, hablando acerca del Zen jamás te va a satisfacer tu hambre para la auténtica experiencia zen. Así que, para tener una auténtica experiencia Zen, hay que dejar atrás todas las palabras y pasar directamente a la acción. Si no se vive el Zen, no se puede entender nada acerca de él. Incluso si se estudia extensivamente la filosofía Zen, si no se practica, no se puede entender mucho sobre el Zen. Comprensión intelectual es conocimiento de segunda mano; no es la experiencia directa, la cual implica una práctica diaria, una disciplina constante para toda la vida. No es simplemente una cuestión de tomar un taller, leer unos libros, o debatirse en Facebook los puntos más sutiles acerca de lo que se considera la iluminación. Hay que sentarse día tras día, calmando la mente, ubicándose en este momento presente antes del pensar, en nuestra verdadera esencia, para entender verdaderamente lo que es el corazón del Zen.

         El lenguaje es muy limitado, mientras que la verdad o la realidad es ilimitada. Así que, la herramienta limitada del lenguaje no puede expresar la verdad ilimitada de la realidad. Como Lau-tzu expresó en el libro del Tao-te-Ching, “El Tao que se habla no es el Tao verdadero. El nombre que se puede nombrar no es el verdadero nombre.” El Tao, la realidad en sí, la verdad absoluta, jamás puede ser limitado a meras palabras o ideas. Por lo tanto, las palabras de los textos, las palabras del maestro, e incluso las palabras del Buda, son simplemente un dedo señalando a la luna, una sugerencia de cómo encontrar la experiencia directa.

         Mira el ejemplo de los 2 discípulos más cercanos al Buda Shakyamuni, Venerable Mahakashyapa y Venerable Ananda. Ananda era intelectualmente brillante con una memoria fotográfica, mientras Mahakashyapa era más avanzado en la práctica de meditación. Durante la vida del Buda, Ananda no pudo lograr la Iluminación puesto que su capacidad intelectual le obstaculizaba continuamente. Sólo después del Paranirvana del Buda Ananda pudo por fin lograr el despertar final. En cambio, Mahakashyapa fue nombrado el sucesor del Buda por su comprensión profunda basada en la experiencia directa mediante la meditación y la práctica ética diaria.

         Otro ejemplo de la importancia dada a la experiencia directa se ve con el sexto Patriarca Zen en China, Hui-Neng, el que era un monje analfabeto que trabajaba en la cocina del monasterio preparando la comida para los 500 monjes, además de limpiar y lavar los trastes. Aunque otros monjes tenían mucho más conocimiento y aprendizaje intelectual, debido a su práctica constante y auténtica, Hui-neng fue nombrado el sucesor del quinto Patriarca Hung-Jen al jubilarse, demostrando su comprensión superior más allá de las palabras y el lenguaje.  
  
         Puesto que el lenguaje y las palabras intelectuales son simplemente herramientas indirectas, no son el corazón del Zen. Zen se fundió sobre el momento histórico cuando Buda levantó una flor y Mahakashyapa sonrió, demostrando otra vez su comprensión directa de la Verdad, el Dharma del Buda. Luego, en el sexto siglo, Bodhidharma, el veintiocho Patriarca, desarrolló el mismo mensaje al escribir:

Una transmisión especial fuera de las escrituras;
No depende de palabras o letras; 
Un señalar directo a la mente verdadera;
Revelando la naturaleza y logrando la Budeidad.     

Bodhidharma enseñó que todos los escritos y textos de los maestros y Patriarcas son medios hábiles. No se debe apegarse ni depender exclusivamente en ellos. La enseñanza más importante del Zen es la experiencia directa, una epifanía continua, una búsqueda interior revelando la naturaleza búdica y logrando la Budeidad en nuestras vidas cotidianas.

         Meditación sobre el cojín no es suficiente. Hay que aplicarlo a la vida cotidiana con todas sus actividades. Así que, jardinería es meditación. Leer, pintar, cocinar, llevar agua, estudiar, trabajar, hacer el amor, defecarse, arreglar flores, bailar, todo es meditación, la vida en sí. Durante todas estas actividades, practica disciplinando la mente, controlando la mente, para que no se desvíe en ideas de codicia, descontento, miedo, e ilusión. Sigue vigilándote así hasta que logres ser Uno con cuerpo y mente, Uno con sujeto y objeto, Uno con uno mismo y el Universo.

         Buda enseñó que para obtener la perfecta iluminación hay que desarrollar la sabiduría y la compasión. Se desarrolla la sabiduría por medio de los preceptos (sila), la ética aplicado al mundo, y la meditación (samadhi) para calmar la mente y así destruir la ignorancia y la ilusión. Se desarrolla la compasión para amar y ayudar a otros por medio de los seis paramitas o perfecciones, las que consisten de generosidad (dana), moralidad (sila), paciencia (ksanti), energía (virya), meditación (dhyana), y sabiduría (prajna). Si se presta atención a estas seis perfecciones, la vida va a mejorar, y se va a experimentar más felicidad, un resultado de buen karma. Karma es acción. Hay una ley universal de la cual lo que haces es lo que recibes. Si tus propósitos son buenos las consecuencias son buenas, dándote más felicidad. Sin embargo, el maestro Seung Sahn nos advierte que no se debe practicar simplemente para generar buen karma resultando en felicidad:   

“Debes entender que buenas acciones no pueden cambiar tu karma. Buenas acciones pueden traer algún tipo de felicidad, pero esta felicidad también es karma. La gente a veces llama esto buen karma. Pero buen karma aún es karma, y karma es creado por pensar. Todo lo que está creado por pensar siempre cambia. Así que buen karma con el tiempo se agota y se vuelve mal karma. Si realmente quieres cambiar tu karma, no hagas ni bueno ni malo. Eso es práctica correcta. ¿Cómo usas tu karma para ayudar a todos los seres?”
                        ~Maestro Zen Coreano Seung Sahn

Así que, si practicas para crear buen karma con el fin de ser feliz, es limitado y relacionado todavía al ego. Cuando se practica, es simplemente para practicar. Cuando se sienta en zazen, es simplemente sentarse por sentarse. Cualquier meta que se propone limita los resultados a estados impermanentes. La felicidad condicionada no dura para siempre. En cambio, si se basa en lo que no es condicionada, la mente no sé, antes del pensar, entonces se despierta, liberándose de cualquier estado mental o emocional. Eso es la Iluminación final, libre de todo concepto o idea.

Vivir el Zen es vivir una vida auténtica, una vida de ética, compasión, generosidad y sabiduría, una vida de plenitud que regala energía, sonrisas, amor y benevolencia a todo el mundo en todo momento, una vida comprometida al servicio, ayudando a todo el universo a despertar y liberarse del sufrir. Por eso, disciplina tu mente practicando la meditación tanto sobre el cojín como en tu vida diaria. Una disciplina constante y diaria es el Zen auténtico.   

lunes, 30 de julio de 2018

La Mente del Bodhisattva: Relación e Interdependencia Charla Dharma 29/JUL/2018


La Mente del Bodhisattva:
Relación e Interdependencia
Charla Dharma 29/JUL/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

La sobrevivencia de la humanidad requiere el despertar a una nueva conciencia de unicidad, una conciencia basada en el hecho de que no hay separación entre uno y los demás. Nuestra existencia en este planeta depende en nuestra capacidad de transformarnos desde individuos aislados e ignorantes, a seres interdependientes y protectores de todos los otros seres del mundo. Requiere que nos demos cuenta de que mientras funcionamos con violencia, ira y codicia, todos sufrimos, todos estamos en peligro de extinción.  Sin embargo, al ser conscientes de nuestra relación e interdependencia con todos en el mundo, hay una posibilidad de superar los desafíos de calentamiento global, sobrepoblación, guerras atómicas, contaminación y destrucción del medio ambiente. Lo que requiere en este momento no es nada menos que una revolución total. Pero no es una revolución violenta y agresiva, sino una revolución de conciencia. Lo que requiere es que cada uno de nosotros tomemos responsabilidad de nuestro rol en el mundo desarrollando la mente del bodhisattva, la mente de autoconciencia y autocontrol, la mente de paz y compasión, la mente que reconoce que no hay separación entre tu, yo, y los demás. Somos todos parte de una gran familia de amigos, y esta familia necesita amor y atención.
La vida budista es activa en el mundo basada en nuestro lema, “¿Cómo puedo ayudarte?”. Un budista practica para descubrir su verdadero ser de la naturaleza búdica, la cual no es la mente desviada, distraída, temerosa o molesta. No es la mente criticona, chismosa, prejuiciosa, o agresiva. No es la mente que se preocupa del pasado o futuro. Nuestro verdadero ser es la mente equilibrada, armoniosa, calma y pura. Es la mente que entiende su relación con los demás y toma responsabilidad por el bienestar, salud, y protección de todos. Esta mente verdadera entiende que nadie puede existir aislado y separado de otros. No somos islas en un mar de soledad. Somos partes dinámicas de toda una red de interconexiones, como los billones de nervios y células en un gran cerebro. Si uno no realiza su trabajo, el resultado es bloqueo, cáncer, y muerte. Pero si toda célula cerebral realiza su parte, la flor de loto de conciencia se abre, y el mundo de nirvana se manifiesta, el mundo de paz y dicha.
Entonces, ¿cómo ser un bodhisattva?  Comenzar por calmar la mente y luego darte cuenta de que todos somos interconectados, extensiones el uno con el otro. Al calmar la mente, por medio de la meditación, la disciplina y la ética espiritual, se puede experimentar el amor innato de nuestro ser. Luego este amor se extiende en todas las direcciones hasta incluir el universo entero.  Entonces, la mente calma y lúcida, presente y armoniosa, revela amor propio y el amor universal, porque si no puedes amarte a ti misma, no puedes amar verdaderamente a otros. Amar a otros requiere responsabilidad y esfuerzo para vivir juntos en el mundo como familiares y amigos. Un budista despierto a su propia naturaleza búdica reconoce que la salud del planeta, la sobrevivencia de la especie humana depende de la paz mental, la que crea la paz de individuo, la cual impacta la paz de la familia, la comunidad, la sociedad, la nación, y finalmente el planeta entero. La paz mental implica ahimsa, el término enseñado por Gandhi que significa no-violencia. El Buda enseñó que una verdadera paz jamás se basa en ira, terror, y guerra, ni con agresión u opresión. Sólo se puede cortar el círculo de odio con el poder de amor, tolerancia, compasión mutua y respeto. A menos que eliminemos el odio y la violencia mental, no podremos jamás eliminar el odio y la violencia en el mundo de una forma duradera. Por eso, presta atención a tus pensamientos e ideas violentas y negativas. Allí es tu primera responsabilidad. Al soltar las ideas discriminativas, la paz y la compasión se revelan, extendiéndose a nuestros compañeros los humanos, animales, y la naturaleza a todo nuestro alrededor. El bodhisattva es el que se da cuenta que todos somos uno. El bodhisattva es el que desarrolla una conciencia planetaria basada en comprensión, respeto, y responsabilidad.
Un bodhisattva se da cuenta de lo que otros necesitan para su bienestar. Al identificarse con otros, entender su perspectiva, podemos entonces cuidarles bien. Somos parte de una gran familia que incluye cada individuo, cada sociedad, cada nación, cada animal, cada roca, planta, insecto y organismos en todo nuestro planeta. Al entender lo que nuestra familia necesita para su bienestar, nos resolvemos a cuidarla, absteniéndonos de contaminar, usar los recursos con sabiduría, y tratar a otros como nos tratamos a nosotros mismos. Como Buda dijo, es tratar a otros como una mamá ama y cuida a su propio hijo e hija. Así que, los tratamos con respeto y consideración, una reverencia que toda la naturaleza es vida milagrosa, toda vida es sagrada, y que todos merecemos ser felices. Respeto implica honestidad. Somos honestos con nosotros mismos y con otros. Ser un bodhisattva requiere responsabilidad, que incluye un trato a otros con compasión y benevolencia. Tratamos a otros con habla amable, ayudándolos cuando lo necesitan. Somos imparciales y sinceros con ellos. Ser un bodhisattva es tratar a todo el mundo como nuestros mejores amigos, protegiéndolos y su propiedad, dándoles refugio en tiempos de peligro, y no los abandonamos en tiempos difíciles.
El planeta está pasando por tiempos difíciles, tiempos de mucho peligro.  No lo abandones. Protégelo. Cuídalo. Trátalo como a tu propia familia, como a tu propio hijo e hija. Libértate de la violencia interna, así que te liberas al mundo entero. Ser amable con otros. Trátalos con respeto. Ábrete a su sufrimiento, tanto los humanos como los animales. Comprométete a ayudarlos todos, porque son todos aspectos y extensiones de ti mismo. Si puedes vivir así, eres un verdadero budista, el que realiza el trabajo como un bodhisattva. Los bodhisattvas son responsables en su trato con otros que incluye respeto, consideración, protección y apoyo. Despertarte a tu verdadero ser es despertarte a tu relación al mundo, y eso es Nirvana. 

Bibliografía
Thich Thien-An. (1975). Zen Philosophy, Zen Practice. Dharma Publishing: Berkeley, CA

lunes, 23 de julio de 2018

EL CAMINO FÁCIL A NIRVANA: “NAMU AMITO FOU” Charla Dharma 22/JUL/2018 Ven. Dr. Hyoenjin Prajna



EL CAMINO FÁCIL A NIRVANA: “NAMU AMITO FOU”
Charla Dharma 22/JUL/2018
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

“Al fusionar el poder propio con el poder del otro en la práctica diaria, se puede entrar la puerta de Iluminación, y morar en la ciudad de Nirvana.” ~Thich Thien-An

Hay que despertarse a la Mente real libre del pensamiento conceptual, discriminativa, y dualista, la que es aquí y ahora en este mismo instante. Sin embargo, hay los que luchan continuamente para lograr la Iluminación, pero por falta de tiempo, determinación, esfuerzo, u otras obligaciones, no pueden desarrollar una disciplina constante requerida para llegar a la plena Iluminación. Pero no se desesperasen, hay un camino fácil a nirvana, la fusión del poder propio con el poder del otro, o sea, puedes abrirte al poder de Buda para sostener y llevarte directamente al despertar final por medio del cantar de su nombre.
Es como un barco que naufragó en un río. Algunos buenos nadadores pueden salvarse. No obstante, ¿qué pasará a los que no pueden nadar bien? Pueden pedir ayuda a los que nadan bien. El estudio con un maestro experimentado es como aceptar la ayuda de un buen nadador para llegar a la otra orilla del río. El maestro extiende su mano por medio del dokusan, charlas, y retiros, enseñándoles a l@s alumn@s como sentarse, contemplar, estudiar y disciplinar su mente para que puedan calmar y purificar la mente para realizar su verdadera naturaleza. Debido a la sabiduría y habilidad del maestro, se puede avanzar en la práctica del zen. Sin la insistencia constante del maestro, l@s alumn@s pueden fallar o ahogarse en el río. El maestro entonces señala la vía (poder del otro) y la alumna practica y aplica los consejos en su vida cotidiana (el poder propio).  
Lo mismo se puede decir del Buda, una fuerza de compasión y sabiduría en el universo que puede ayudarte en momentos de crisis si lo pides. En los momentos cuando no confías en ti mismo, cuando tienes miedo de ahogarte, puedes abrirte al poder de Buda para que te agarre tu mano y te arrastre a la otra orilla.  La práctica de pedir la ayuda del Buda es algo que zen ha tomado prestado de la tradición de la Tierra Pura, la cual utiliza el poder de Amita Buddha para lograr el Paraíso Occidental, o sea, Nirvana. Shakyamuni Buddha contó la historia de un bodhisattva que vivió hace muchos eones con el nombre de Dharmakara, el que practicaba profundamente meditaciones de compasión y benevolencia. En sus meditaciones, vio que todos los seres sufren por el nacimiento, la vejez, la enfermedad, y la muerte. Así que, por su compasión, hizo un voto que cuando lograra la budeidad, crearía un paraíso en la región Occidental donde no habría sufrimiento, y por el poder de su voto, cualquier ser que repitiera su nombre y pidiera su ayudar, podría nacer en este paraíso Occidental. Después de varios largos eones de autocultivo, este bodhisattva sí logró la Perfecta Iluminación, convirtiéndose en el Buda Amita, el Buda de Luz. A través de su voto, todo ser que tiene fe y toma refugio en Él, puede entrar en este paraíso.
Sin embargo, este paraíso no es la meta final. Es un lugar intermediario donde las condiciones son las más favorables para practicar y cultivarse. Para los que se encuentren con muchos obstáculos difíciles, debido a la necesidad de trabajar, las atracciones de los sentidos, la amenaza de enfermedades y dolencias, y el fuerte enredo con la materialidad, este paraíso elimina todos los obstáculos a la práctica. Allí todo es radiante, lleno de paz y belleza, sin impurezas, donde todo brilla con pureza. Allí todos nacen en medio de lotos en la presencia constante del Buda Amita, junto con asambleas de bodhisattvas presidido por el Bodhisattva Kwanseum. Allí es fácil desarrollar la concentración y la sabiduría para lograr la Perfecta Iluminación. 
En la tradición budista de la Tierra Pura, se logra la Iluminación por medio de la devoción, la que consiste en la recitación de sutras dedicadas al Buda Amita, cantar su nombre, contemplar su imagen, y recordar su sabiduría, virtud, y compasión. En zen, combinamos la meditación con el cantar del nombre de Buda, mientras se sienta frente a la imagen del Buda, visualizándolo internamente.  Así que la mente profundiza en la meditación hasta que el sujeto y el objeto se vuelvan uno. Este estado se llama “El Samadhi de Mente Única”. En este estado, no hay distinciones entre Tierra Pura y Zen, poder propio y poder del otro, sabiduría o compasión. Hay simplemente el brillo de una pura luz infinita.
En Zen, no se aprende sólo mediante los libros o maestros, o sólo dentro de un templo o centro de meditación, sino de todo en todas partes, incluyendo el canto de los pájaros, el murmullo del río, flores abriéndose, gente sonriente, artes marciales, jardinería, poesía, pintar, ceremonias de té, arreglo de flores; todos expresiones y medios hábiles para lograr la calma lucidez de nuestra Mente Original.  
Bibliografía
Thich Thien-An. (1975). Zen Philosophy, Zen Practice. Dharma
         Publishing and College of Oriental Studies.