MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. JINSIM HYOENJIN: Arzopispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Transmisión el 27 de marzo 2021 e Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma.

Ven. Jinsim Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente.

Ven. Jinsim Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un arzobispo (maestro zen superior) es un obispo que, habiendo recibido Inga y Transmision de Dharma, preside varias diócesis en una gran región. Este puesto incluye algunas responsabilidades de supervisión tanto de las diócesis como de los obispos de esa región. Un arzobispo sirve como guía o instructor en asuntos religiosos; y a menudo es el fundador o líder dentro de una Orden. Además, el Colegio de Arzobispos actúa como un Consejo Rector igualitario para la Orden Zen de las Cinco Montañas.
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lunes, 17 de enero de 2022

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 5.6. Teoría del Karma y Budismo Zen


 FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 5.6. Teoría del Karma y Budismo Zen
Charla Dharma 16/ENE/2022
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin



Por lo tanto, si cultivamos el camino de la conducta virtuosa, entonces en el futuro tendremos una mejor vida. Como el Buda lo enseña en el Sutra Avatamsaka: “Un bodhisattva se preocupa de lo que hace (causa), pero no por lo que recibe (efecto). Una persona común se preocupa por lo que recibe, pero no por lo que hace”. Esa diferencia de actitud marca la diferencia entre un Bodhisattva y una persona común, y también entre un budista y un no budista, o una persona Zen y una persona no Zen.


El hecho de que un objetivo sea problemático o no a menudo depende del estado de ánimo más que del objeto en sí. Si pensamos que es un problema, entonces es un problema. Si no pensamos que sea un problema, entonces no es un problema. Todo depende de la mente. 


Por ejemplo, a veces durante la meditación, nos interrumpen ruidos externos. Si nos detenemos en ellos y nos aferramos a ellos, perturbarán nuestra meditación. Pero si los descartamos de nuestra mente tan pronto que surgen, entonces no causarán ninguna perturbación. 


Si siempre estamos exigiendo algo de la vida, entonces nunca estaremos contentos. Pero si aceptamos la vida tal como es, entonces conoceremos el contentamiento. Algunas personas buscan la felicidad a través de las cosas materiales; otras personas pueden ser felices sin muchas cosas materiales. ¿Por qué? Porque la felicidad es un estado de ánimo, no una medida cuantitativa de posesiones. 


Si estamos satisfechos con lo que somos y tenemos ahora, entonces somos felices. Pero, si no estamos satisfechos con lo que somos y tenemos ahora, ahí es donde reside la infelicidad. El Buda dijo que el deseo “no tiene fondo”, porque no importa cuánto se ponga en él, nunca se puede llenar, siempre permanece vacío. 



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miércoles, 12 de enero de 2022

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 5.5. Teoría del Karma y Budismo Zen


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 5.5. Teoría del Karma y Budismo Zen

Charla Dharma 09/ENE/2022
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin






La ley del karma une las vidas pasadas, presentes y futuras de un individuo, a través del curso de su transmigración. Para comprender cómo es posible tal conexión entre las experiencias y acciones de un individuo en vidas sucesivas, debemos echar un breve vistazo al análisis budista de la conciencia. Según la filosofía budista de la conciencia de la escuela Vijñàvada, existen ocho tipos de conciencia. 


Hay cinco tipos de conciencia sensorial: es decir, conciencia de los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y el cuerpo. Estos hacen posible la conciencia de los cinco tipos de datos de los sentidos externos a través de los cinco órganos de los sentidos. 


La sexta consciencia es la conciencia intelectual, la facultad del juicio que discrimina, compara y distingue los datos sensoriales y las ideas. La séptima conciencia, llamada manas, es la conciencia del ego, la consciencia interna de uno mismo como un ego y el apego a una discriminación entre uno mismo y los demás. Incluso cuando los primeros seis tipos de conciencia no funcionan; por ejemplo, en el sueño profundo, la séptima conciencia todavía está presente, y si está amenazada, esta conciencia, a través del impulso de la autoprotección, nos hará despertar. 


La octava conciencia se llama alaya-vijñana; la consciencia-almacén. Puesto que esta consciencia es tan profunda, es muy difícil de entender; pero su nombre literal nos da una pista de su significado. El àlaya es un depósito que almacena todas nuestras impresiones de nuestros hechos y experiencias. Todo lo que vemos, oímos, olemos, gustamos, tocamos, y hacemos deposita, por así decirlo, una semilla en la conciencia-almacén. La semilla es un núcleo de energía kármica. 


Dado que el àlaya atesora todas las semillas de nuestras acciones pasadas, es el arquitecto de nuestro destino. Nuestra vida y carácter reflejan las semillas en nuestra consciencia-almacén. Si depositamos malas semillas, es decir, realizamos más acciones malvadas, nos convertimos en malas personas. Es como si tuviéramos que quemar incienso en un gran salón; luego, el salón tomaría un dulce aroma. Si tuviéramos que traer algunos huevos podridos, el salón tomaría un olor nauseabundo.


La conciencia-àlaya no sólo almacena todas las semillas, tanto buenas como malas, sino que también las lleva de un momento al siguiente, y de la vida pasada a la presente, de la vida presente a la vida futura. Esto es lo que hace posible la transmisión del carácter, así como el desarrollo o declive de carácter, a lo largo de una serie de vidas. 


La conciencia-almacén también explica cómo, en ciertos casos excepcionales, se producen recuerdos de experiencias en vidas pasadas, o talentos y rasgos de carácter adquiridos en vidas pasadas alcanzan una fructificación temprana en la vida presente. Leemos de poetas, pintores y músicos que estaban creando obras de arte cuando eran muy jóvenes. También a veces se oye de niños que pueden hablar lenguas extranjeras que jamás les han sido enseñadas por sus padres. Todas estas maravillas son manifestaciones de las tendencias de las semillas en el àlaya-vijñàna. 


Nuestro destino en la vida es resultado del funcionamiento de las semillas kármicas en nuestra consciencia-almacén. Este destino no está predeterminado como el fatalismo lo sostiene, sino que es producto de nuestra propia voluntad, a través de nuestras acciones volitivas, o Karma. Si hacemos buenas acciones, depositamos buenas semillas en el àlaya y cosecharemos buenos resultados, y si hacemos malas acciones, depositamos malas semillas y cosecharemos malos resultados.





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lunes, 3 de enero de 2022

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN, Capítulo 5.4. Teoría del Karma y Budismo Zen, Charla Dharma 02/DIC/2022


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 5.4. Teoría del Karma y Budismo Zen 

Charla Dharma 02/DIC/2022
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin




Dado que el budismo coloca la responsabilidad última de nuestra vida en nuestras propias manos; si queremos que nuestras manos moldeen nuestra vida de una mejor manera, debemos lanzar nuestras mentes en una mejor dirección, porque es la mente que controla las manos que moldean nuestra vida. Pero aquí surge una pregunta. A veces conocemos a alguien que es virtuoso, gentil, amable, cariñoso y sabio; y, sin embargo, su vida está llena de problemas desde la mañana hasta la noche. Su auto se descompone, sus hijos fallan en la escuela, a menudo está enfermo y sin trabajo. ¿Por qué es esto? ¿Qué pasa con nuestra teoría de que los buenos actos conducen a la felicidad y los malos al sufrimiento? 

Para entender esto, debemos darnos cuenta de que los frutos del karma no necesariamente maduran en la misma vida en la que el karma se acumula originalmente. El karma puede traer sus consecuencias en la próxima vida o en vidas sucesivas. Si una persona fue buena en una vida anterior, puede disfrutar de la felicidad y la prosperidad en esta vida aunque su conducta ahora sea mala. Y una persona que es muy virtuosa ahora puede encontrarse en problemas debido al mal karma de una vida pasada. 


Es como plantar diferentes tipos de semillas; algunas darán flores muy rápido, mientras que otras les tomará más tiempo, quizás años. La ley de causa y efecto no cambia, pero los efectos aparecen en diferentes momentos, de diferentes formas y en diferentes lugares. Si bien algunas de nuestras experiencias se deben al karma en la vida presente, otros pueden deberse al karma de vidas anteriores. En la vida presente, recibimos los resultados de nuestras acciones de vidas pasadas, así como en el presente. Y lo que cosechamos en el futuro será el resultado de lo que hagamos en el presente.
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viernes, 24 de diciembre de 2021

"Chanting Service for Ven. Wonji Dharma"


Wonji Dharma, fundador y maestro guía de la Orden Zen de las Cinco Montañas, falleció recientemente. Ofrecemos estos cantos no solo para él, sino también para nosotros como miembros de la Sangha y por el bien de todos los seres. Myohe Do'an canta Jijang Bosal y Kwanseum Bosal el 22 de diciembre de 2021.

lunes, 20 de diciembre de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 5.3. Teoría de Karma y Budismo Zen

 


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 5.3. Teoría de Karma y Budismo Zen
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
19/DIC/2021



La teoría del karma en el budismo hace a la persona y a nadie más en el arquitecto de su propio destino. De momento a momento estamos produciendo y creando nuestro destino a través de nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones. El siguiente verso resume la esencia de la posición budista:
        Siembra un pensamiento y cosecha una acción;
        Siembra un acción y cosecha un hábito
        Siembra un hábito y cosecha un carácter,
        Siembra el carácter y cosecha un destino. 


Nuestro destino emana de nuestro carácter, nuestro carácter de nuestros hábitos, nuestros hábitos de nuestras acciones y nuestras acciones de nuestros pensamientos. Y puesto que los pensamientos surgen de la mente, esto hace la mente el determinante último de nuestro destino. De hecho, la mente es el único creador que el budismo reconoce, y el poder de la mente el único poder significativo en el mundo. 


Como dice Milton. “La mente puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”. Si tenemos buenos pensamientos, nuestros actos no pueden ser malos. Al tener buenos pensamientos, produciremos mejores acciones, desarrollar mejores hábitos, moldear mejor carácter y heredar mejores destinos. No debemos dejarnos engañar por la energía aparentemente débil de nuestros pensamientos individuales. Trabajando juntos lenta y silenciosamente, son los agentes secretos de todo lo que somos y de todo lo que podríamos llegar a ser. 


Una vez, una mujer de mi clase de U.C.L.A. se acercó a mí y me dijo: “Me gustaría ir a su centro de meditación para practicar, pero estoy demasiado nerviosa para meditar”. Le pregunté “¿Quién produce tu nerviosismo? Eres tú misma. Como dejas que las cosas externas perturben tu mente, te pones nerviosa. Pero si tu mente está en calma y bajo control, entonces nada puede ponerte nerviosa, nada te puede molestar. Ven y practica; entonces lo descubrirás.”


Vino y aprendió a controlar y disciplinar su mente. A medida que practicaba, ganó más confianza en sí misma, de modo que los acontecimientos del mundo exterior ya no la molestaban. Ahora ya no es nerviosa, porque es una dueña de sí misma y dueña de sus circunstancias. Su mente está tranquila, su mente está quieta. Y con una mente tranquila y quieta, su vida también está tranquila y quieta.


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lunes, 13 de diciembre de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 5.2. Teoría de Karma y Budismo Zen


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 5.2. Teoría de Karma y Budismo Zen

Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
12/DIC/2021



La doctrina del karma es, precisamente hablando, no meramente una doctrina de causa y efecto, sino de acción y reacción. La doctrina sostiene que toda acción realizada voluntariamente por un agente ya sea de pensamiento, palabra o acción, tiende a reaccionar sobre ese agente. La ley del karma es una ley natural, y su operación no puede ser suspendido por ninguna fuerza de una deidad. 

Es como si infringiéramos una ley de tránsito y pidiéramos perdón al policía. No nos perdonaría, porque hemos violado la ley y debemos pagar las consecuencias. De la misma manera, a través de la ley del karma, nuestras acciones producen sus resultados naturales. Al reconocer esto, los budistas no rezan a Dios pidiendo misericordia, sino que regulan sus acciones para armonizarlas con la ley universal. Si hacen el mal, tratan de descubrir sus errores y rectificar su conducta; mientras que, si hacen el bien, tratan de mantener y desarrollar ese bien.



No debemos preocuparnos por el pasado, sino más bien estar preocupado por lo que estamos haciendo en el presente. En lugar de correr buscando perdón, deberíamos intentar sembrar buenas semillas en el presente y dejar los resultados a la ley del Karma. Cuando un discípulo venía al Buda, arrepentido por sus fechorías del pasado, el Buda no le prometía ningún perdón, porque sabía que cada uno debe cosechar los resultados de las semillas que había sembrado. En su lugar, explicó: “Si sabes que lo que has hecho está mal y es dañino, de ahora en adelante no lo vuelvas a hacer. 


Si sabes que lo que has hecho es correcto y provechoso, continúa haciéndolo. Destruye el mal karma y cultiva el buen karma”. Debemos darnos cuenta de que lo que somos en el presente es una sombra de lo que fuimos en el pasado, y lo que seremos en el futuro es una sombra de lo que somos ahora en el presente. Debemos aplicar nuestra mente al presente para poder avanzar en el camino.



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lunes, 6 de diciembre de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 5.1. Teoría de Karma y Budismo Zen

 

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN 
Capítulo 5.1. Teoría de Karma y Budismo  Zen

Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
05/DIC/2021


El budismo difiere significativamente del cristianismo en otro aspecto. El cristianismo, aunque afirma la ley de causa y efecto, está demasiado dispuesto a abrogarla buscando el perdón a través de la gracia de Dios y la mediación de un sacerdote. Por lo tanto, el cristiano adora a Dios y le reza para obtener el perdón de los resultados de sus malas acciones que le esperan. 


Sin embargo, en el budismo nadie puede perdonar a una persona por sus transgresiones. Si comete una mala acción, tiene que cosechar las consecuencias, porque todo se rige por la ley universal y no por ningún creador arbitrario.


La concepción budista del tiempo considera el presente, el aquí y el ahora, como el determinante causal entre el pasado y el futuro. Lo que somos en el presente es resultado de lo que hicimos en el pasado, y lo que hacemos ahora en el presente determina en qué nos convertiremos en el futuro. Un dicho budista dice así: “El presente es una sombra del pasado, el futuro una sombra del presente”. Por lo tanto, nuestra acción en el presente es más importante, porque lo que hacemos en el presente determina el curso de nuestro desarrollo futuro. 



Debemos aplicar nuestra mente al presente para poder avanzar en el camino. Según la doctrina budista del renacimiento, la relación causal entre la acción y sus resultados es válida no sólo con respeto a la vida presente, sino también con respecto a las vidas pasadas y futuras. Esta ley universal de causa y efecto es ineluctable. Así como no podemos huir de nuestras propias sombras, tampoco podemos huir de los resultados de nuestras acciones. Nos perseguirán sin importar dónde nos escondamos.



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lunes, 29 de noviembre de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 5.0. Teoría de Karma y Budismo Zen


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 5.0. Teoría de Karma y Budismo Zen

Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
28/NOV/2021




¿Cómo llegamos aquí?, ¿Qué nos hizo lo que somos?, ¿Cómo podemos cambiarnos a nosotros mismos?, ¿Qué sucede cuando morimos? Estas son las preguntas más fundamentales que podemos hacer. Todos los humanos pensantes se las han preguntado, y las respuestas a las que han llegado son tan diversas como las personas en sí. Sin embargo, fuera del alboroto de especulaciones en estos temas, algunas respuestas alternativas han surgido, representativas de las líneas básicas de abordaje. 


Una que ha prevalecido en el Occidente cristiano es una posición teísta en la que el destino de la persona está básicamente determinado por Dios. Dios determina si una persona merece el cielo o el infierno; incluso puede decidir el destino terrenal de cada persona.


Un segundo grupo cree en el fatalismo. Según el fatalismo, cada uno de nosotros tiene un destino que no podemos cambiar y sobre el que no podemos hacer nada. Como se dice, “Lo que será, será”. En esta filosofía, el agente que determina el destino no es, como en la posición teísta, un Dios personal, sino más bien una fuerza misteriosa e impersonal llamada “Destino” la cual trasciende nuestra comprensión y, por tanto, nuestra capacidad de persuadir o manipular. 


Así mismo, existe un tercer grupo que sostiene exactamente lo contrario: que todo pasa por accidente. Ésta es la filosofía del indeterminismo. El indeterminista cree que, si se tiene suerte, se accederá a la felicidad o al éxito; y si tiene mala suerte, sufrirá o fracasará. Sin embargo, todo lo que recibe, no lo recibe a través de ningún proceso de determinación, sino por accidente; por pura coincidencia.


Estas tres creencias – el determinismo teísta, el fatalismo y el indeterminismo – son todas rechazadas por el Budismo Zen. Entonces, ¿qué respuesta ofrece Zen al acertijo del destino humano? El Zen responde con el principio budista general de acción y reacción como visto en la esfera de la conducta humana y la experiencia. 


De acuerdo con esta ley, si una persona hace algo, lo que haga inevitablemente tendrá un efecto en ella, en el presente o en el futuro, y cuál será ese efecto lo determinará el carácter de su acción original. Si realiza buenas acciones o buen karma, obtendrá buenos resultados, es decir, felicidad y éxito; si realiza malas acciones, o mal karma, obtendrá malos resultados, es decir, sufrimiento y fracaso.


Muchos están familiarizados con las palabras de la Biblia: “Cosecharéis lo que sembraréis”. Esta cita es el significado preciso de la ley de karma. Excepto, donde el cristianismo da a esta declaración una interpretación teísta, el budismo considera al karma una ley inmanente en el universo. La doctrina del karma es el “camino medio” entre el determinismo y el indeterminismo completos.


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martes, 23 de noviembre de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 4.5. Los Tres Esenciales de la Práctica Zen


FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 4.5. Los Tres Esenciales de la Práctica Zen

Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
21/NOV/2021

En la tradición Zen, especialmente en la vida monástica, solemos apartar periodos de tiempo para una práctica intensiva de meditación. Estos periodos, llamados sesshin en japonés, pueden durar tres días, una semana, tres semanas, tres meses o más. Durante el sesshin, los estudiantes tienen tiempos definidos en los que pueden tener una consulta con el maestro, llamado sanzen, para hacer preguntas al maestro y presentar su comprensión y logros. En la mayoría de los casos, cuando el estudiante presenta su comprensión, el maestro contesta: “No, sigue practicando.”  Tiene que decirlo, porque si dice que sí, entonces eso es todo, ya no hay nada más. Tiene que decir no para motivar a sus estudiantes a seguir practicando. Si uno no entiende el método del Zen, se desanimará y se renunciará, quizás para nunca volver. Pero si entiende esta técnica, no se desanimará, sino continuará con su práctica con una determinación todavía más fuerte. La respuesta "no" que le da un maestro Zen no necesariamente indica rechazo; es más bien una forma de animar al estudiante a que siga adelante, que intente más. 


El maestro Zen no quiere que sus discípulos descansen satisfechos con un logro menor, así que en su compasión desea guiarlos en el viaje del engaño a la iluminación, de Samsara a Nirvana. Por lo tanto, una determinación fuerte es lo más importante. La meditación Zen es un proceso de por vida. Así como respiramos y comemos todos los días, así debemos meditar todos los días. Ambos respirar y comer son importantes para la vida, y así también es la meditación, puesto que la meditación mantiene nuestra vida en equilibrio y nos ayuda a entendernos a nosotros mismos y la naturaleza de la vida. Proporciona una base segura para la armonía entre nosotros y los demás, y entre nosotros y el universo. Así que la meditación no es una cuestión de días, semanas, meses o años, sino de toda la vida. Y si tenemos una determinación fuerte en nuestra práctica, podremos, sin duda alguna, alcanzar la meta final, el estado de Budeidad, la realización de sabiduría perfecta y compasión infinita. Como los maestros Zen dicen: "Con mucha arcilla puedes hacer un gran Buda".



Método de práctica

En el Zen vietnamita una práctica común de meditación es el Recuerdo del Buda, el método de visualizar internamente la imagen de Buda. El devoto asume la postura usual y cierra los ojos. Luego intenta visualizar al Buda lo más claro posible. Mantiene la imagen de Buda en su mente y no permite que nada lo interrumpa. Intenta ver al Buda lo más claro posible con los ojos cerrados, así como si se estuviera viendo un objeto físico con los ojos abiertos. Si no puede ver la imagen de Buda en su mente con claridad o si la mente está distraída con pensamientos, se abren los ojos para ver la estatua de Buda; entonces una vez que tiene una clara imagen mental, se vuelven a cerrar los ojos y continúa con la meditación. La imagen del Buda representa sabiduría perfecta y compasión. Al principio de la práctica el meditador distingue a Buda como el objeto de meditación distinto de sí mismo el meditador. Pero mientras se desarrolla la meditación más a fondo, ambos el meditador y Buda, el sujeto y el objeto, desaparecen, y sólo la unidad queda.  Esa unidad va más allá de la distinción y la comparación, más allá del rango de la conciencia de los sentidos, es quieto, inmutable y perfecto. No podemos ver, oír, tocar o saborearlo, pero ahí está; siempre está con nosotros; es la sabiduría perfecta, iluminación, Nirvana. Podemos percibirlo y vivir en ello sólo a través de la mente calma resultado de la meditación. Meditación en el Buda ayuda a tranquilizar la mente y traer calma a nuestra vida diaria.



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martes, 16 de noviembre de 2021

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN Capítulo 4.4. Los Tres Esenciales de la Práctica Zen

FILOSOFÍA ZEN, PRÁCTICA ZEN
Capítulo 4.4. Los Tres Esenciales de la Práctica Zen
Charla Dharma 14/NOV/2021
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin



Sólo hay un tipo de graduación en el Budismo Zen, y eso es realización de la Iluminación Suprema, cuando nos convertimos en Budas. Pero, a pesar de que tenemos una naturaleza búdica, no es fácil convertirse en Buda. Es difícil no sólo para nosotros, sino también fue difícil para Buda. El mismo Buda dijo: "En el universo no hay un pedazo de tierra tan pequeño como un grano de mostaza, donde no haya sacrificado mi vida o no haya enterrado mis huesos." Es difícil imaginar cuántas vidas reencarnó el Buda en este universo, cultivando su sabiduría y su virtud para lograr la budeidad. Innumerables veces, no solo en el pasado, sino también en esta vida, se dedicó a practicar por seis años y cuarenta y nueve días. Bodhidharma también practicó por nueve años después de llegar a China. Con respecto a esto, los varios maestros Zen sugieren que, si se considera la mente como un espejo, "ten cuidado de mantenerla limpia siempre, y no dejes que el polvo se acumule en ella". En otras palabras, sugieren que el estudiante zen practique diligentemente todos los días; nunca atajo, nunca darse por vencido, pero seguir adelante. 



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