MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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martes, 8 de septiembre de 2020

EL SUTRA DEL ESTRADO Clase 4 El Espejo Puro

 

EL SUTRA DEL ESTRADO

Clase 4

El Espejo Puro

Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

Charla Dharma 06/SEP/2020



Regresemos de nuevo al monje mayor Sheh-hsiu contemplando cómo ganar el concurso de poesía para ser abad del monasterio. Aunque tenía nombre y fama como el más ilustre de los monjes, todavía sentía vergüenza entregar su poema directamente al maestro. Así que escribió su poema en la pared del pasillo fuera del cuarto del maestro.

Se leyó:

El cuerpo es el árbol Bodhi,

la mente es como un espejo claro.

En todo momento debemos esforzarnos por pulirlo,

y no dejar que se acumule el polvo. (Yampolski, 2012)

Aquí Sheh-hsiu compara nuestro cuerpo a un árbol de bodhi. Bodhi significa iluminación. Cuando nos sentamos en zazen, nuestro cuerpo es recto como un árbol, debajo del cual nos despertamos, igual a como hizo Buda hace 1,600 años. Al practicar, se calma la mente de toda impureza. Se limpia de todo lo que puede obstaculizarla, o sea, se quitan las ideas y los pensamientos discriminatorios. Se vuelve un espejo claro que refleja todo lo que aparece frente a él. Igualmente, cuando soltamos nuestros pensamientos basados en las kleshas de codicia, frustración, y delirio, cuando no nos apegamos a nada, la mente refleja todo sin obstáculo. Las kleshas son el polvo obstruyendo la clara lucidez de la mente. Libre del polvo, se ve el mundo exactamente como es, brillante, nítido, bello. El poema de Sheh-hsiu está animándonos a practicar con determinación para eliminar el polvo de las kleshas que obstruyen la claridad inherente. Es un consejo del esfuerzo requerido para cultivar la mente clara libre de las tendencias egóicas que causan la insatisfacción y sufrimiento.

Parece un buen consejo. Sin embargo, el maestro no aceptó el poema como adecuado, aunque aconsejó a todos los otros monjes que recitaran este verso como un apoyo imprescindible a su práctica diaria, así salvando a Sheh-hsiu de una vergüenza pública. Luego, cuando los dos estaban a solas, el maestro reconoció que el verso reveló un consejo legítimo, pero no mostró la comprensión suprema del Dharma. Por eso, no pudo otorgarle la transmisión para hacerle el abad del monasterio y simplemente le animó que continuara en su práctica.

Mientras tanto, Hui-neng había escuchado a los otros monjes pronunciar el poema de Sheh-hsiu en los pasillos. Al oírlo, Hui-neng reconoció una falta en el verso, puesto que la iluminación no dependía en el conocimiento, ni en la práctica, o el estudio, o ninguna otra cosa que implicara un estado condicionado, como algo a lograr en algún momento distante del futuro. Como habíamos visto antes con los monjes chismosos y perezosos del monasterio, si se pospone la iluminación a un futuro lejano, no llegará nunca. Entonces, Hui-neng respondió con su propio poema al pedir a un joven monje que lo escribiera en la pared por él, del cual se leyó:

Bodhi originalmente no tiene árbol,

El espejo tampoco tiene soporte.

La naturaleza búdica es siempre limpia y pura;

¿Dónde hay espacio para el polvo?

La mente es el árbol Bodhi,

El cuerpo es el soporte del espejo.

El espejo es originalmente limpio y puro;

¿Dónde se puede manchar de polvo? (Yampolski, 2012)

            En el primer verso, Hui-neng estaba diciendo que el Bodhi, o le mente iluminada, no es una cosa impermanente como un árbol, y no depende en nada como soporte. La iluminación ya es completa y perfecta. Es decir que nuestra naturaleza búdica, o sea, nuestra mente verdadera iluminada es inherentemente perfecta, libre y vacía. Jamás puede ensuciarse porque no es algo con tiene comienzo o fin, no es un estado mental, y no es resultado de alguna práctica. La mente iluminada es nuestra esencia ya presente y consciente de sí misma. Como dice el maestro Seung Sahn, cuando rojo viene, hay sólo rojo. Cuando verde viene, hay sólo verde. El espejo refleja todo, pero nunca se mancha con lo que refleja. Por tanto, no tenemos que lograrla, sino más bien, simplemente ser conscientes y atentos a lo que es antes del pensar aquí y ahora, lo no conceptual.

            En el segundo verso, nos explica que la mente es originalmente bodhi, y al darse cuenta, se despierta a la verdad, y esto es iluminación. Sin embargo, practicamos con un cuerpo. Sin un cuerpo y un ego, no hay iluminación. No hay nada que se da cuenta de la realidad suprema. Aunque no se haya logrado nada, la ilusión de que somos este cuerpo desvanece y despertamos de nuestro sueño de insatisfacción y sufrimiento. La práctica con este mismo cuerpo es de hecho la función de esencia manifestándose en la vida cotidiana de dualidad, en carne y hueso. Así que la compasión y la sabiduría de nuestra naturaleza búdica puede expresarse sin obstáculo para servir y salvar a todos los seres sintientes del universo a pesar de que no hay nadie salvar ni ser salvado. 

            Al leer estos versos, el maestro reconoció la comprensión suprema de Hui-neng. Para evitar celos peligrosos de los otros monjes, decidió otorgarle la transmisión en secreto junto con la túnica de Bodhidharma. Durante toda la noche le explicaba las enseñanzas más importantes del Dharma. Estos gestos simbolizan que el maestro y el alumno se volvieron uno en comprensión, una mente única por un entendimiento logrado fuera de los sutras basada en la percepción directa de la Verdad. Luego, el maestro le encargó a Hui-neng guardar las enseñanzas con su vida por las generaciones futuras. Así que le despidió del monasterio al aconsejarle que se escondiera durante tres años para que los otros monjes celosos no le mataran.

¿Qué significa todo esto para el practicante contemporáneo? Podemos ser libres del sufrimiento. El despertar es aquí y ahora. Sólo en este momento puede ocurrir. Cuando no nos entregamos al momento presente, cuando sólo damos 10% de nuestro esfuerzo y energía al trabajo indicado, entonces 90% del tiempo continuamos con los mismos patrones mentales de quejas, comparaciones y distracciones. Es decir, por la falta de atención a este momento justo como es, sufrimos. En cambio, podemos cultivar y despertar ahora mismo a la mente verdadera. ¿Cómo? Busca quién necesita ayuda ahora. Presta tu apoyo a la comunidad a tu alrededor. Sí amable y generoso con tu tiempo, consideración, y amor.  Haz la diferencia en la vida de otros. Las oportunidades son ilimitadas. Lo Absoluto te llama para servir. Mediante este servicio cultivamos y expresamos Bodhi, la Esencia en acción.

La mente es como un espejo. Refleja todo lo que viene frente a él. Y como un espejo, refleja en todo momento simplemente lo que hay allí, sin ensuciarse de lo que refleja. Eso es la vacuidad. No somos estas imágenes pasajeras en el espejo. No somos estos pequeños dramas turbulentos y cambiantes. Somos el espejo en sí, constante, continuo, y puro. Comenzamos limpiando el espejo con nuestra práctica como una etapa inicial del principiante. Así que nos estabilizamos en un régimen de meditación y estudio de Dharma. Consultamos con el maestro en dokusan y eliminamos el polvo de nuestros pensamientos discriminatorios. Cuando surgen las kleshas de codicia, ira e indiferencia, volvemos una y otra vez a la dulzura quieta de este momento preciso. Eventualmente, graduamos a un nivel de práctica más avanzada, basada en shunyata, el vacío al preguntarnos: ¿Quién está practicando? ¿Quién realiza esta acción? ¿Quién observa este momento? ¿Quién soy?  Ya se da cuenta que cualquier idea de limpiar el espejo de la mente es una ilusión. No se puede limpiar lo que nunca estaba manchado. Esta mente presente es en sí la verdadera naturaleza búdica perfecta, clara, ilimitada.

Este cuerpo y mente son vehículos de práctica, y así, son perfectos como son. A pesar de que practicamos con gran determinación, perseverancia, y fe, eventualmente podemos soltar el hacedor, dejando una verdad más profunda revelarse, como se reflejó en el poema de Hui-neng y expresado con el Hwadu “¿Quién soy?” Al admitir “No sé,” pasamos por la puerta de no puerta del zen. Por fin, abandonamos la búsqueda y nos damos cuenta de que ya está presente. Y en el mismo instante nos rendimos a la paz y la ecuanimidad de Bodhi.

 

Bibliografía

A Concise Dictionary of Buddhism and Zen. (2010). Shambhala: Boston, Mass.

Park, Sung Bae. (1983). Buddhist Faith and Sudden Enlightenment. State University of New York Press: Albany, N.Y.

Sahn, Seung. (1976). Dropping Ashes on the Buddha. Grove Press: New York.

Yampolsky, Philip. (2012). El Sutra de la plataforma del Sexto Patriarca (Traducciones de       los clásicos asiáticos). Prensa de la Universidad de Columbia: Nueva York. Edición   de Kindle.

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