El Maestro otorga la bangesa de Śrāmaṇera a Gosahn Bhava
Ceremonia de Preceptos
Zamora, Michoacán, 07 OCT 2018
EL PERDÓN DE BUDA
Capítulo 31.1. ¿Cuál es la Consciencia?
Charla Dharma 15/ENE/2026
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
Capítulo 31.1. ¿Cuál es la Consciencia?
Charla Dharma 15/ENE/2026
Ven. Dr. Jinsim Hyoenjin
Érase una vez un discípulo que se acercó a su maestro Zen para pedirle consejo. El maestro respondió, “Atención” y para de hablar. Así el alumno le hizo una reverencia respetuosa y salió. Después de un rato el alumno volvió y pidió si el maestro pudiera darle más consejo, y el maestro respondió, “Atención, atención” después guarda silencio. Respetuosamente, el alumno hizo una reverencia y salió. Luego de haber trabajado con la respuesta del maestro por otro periodo de tiempo, volvió una tercera vez para pedir más consejo. Esta vez el maestro respondió,
“Atención, atención, atención.”
Esta historia nos demuestra la importancia que el Zen pone en la atención, o más bien, la consciencia. ¿Qué exactamente es la consciencia? La consciencia es la capacidad de prestar atención al momento. Es nuestra habilidad de percatarnos y darnos cuenta de un objeto, conocerlo directamente en el presente, sea como sea, un objeto físico o mental, como un sonido, un pensamiento, o un signo, antes de interpretarlo.
La consciencia es como un espejo; simplemente refleja lo que hay allí enfrente. No requiere que alguien esté allí para manifestar el reflejo. No es un proceso de pensar mentalmente; es preconceptual, antes del pensar. También es la habilidad de estar atento a los pensamientos en sí. Hay mucha diferencia entre pensar y ser consciente que el pensamiento está ocurriendo. Se advierten los pensamientos que pasan por la mente, persiguiéndose unos a otros.
El proceso mental se refleja en la consciencia en este momento presente, sin prejuicio, crítica, preferencias, sin meta más allá de verse a sí mismo, desapegado, despierto, lo que puede llegar a ser un modo de vivir, una manera de ser íntimo con todo. Cuando ves un árbol, sólo ve el árbol, sin nada entre tú y el árbol. Cuando observas la respiración, sólo percibe la respiración, sin nada entre tú y la respiración.
Sin embargo, justo después de ser consciente del objeto, normalmente se pone un nombre o etiqueta a la experiencia, al considerarla como bueno o malo, agradable o desagradable, dejando entrar todo tipo de evaluaciones que crean sufrimiento.
La ilusión ocurre cuando se ha apegado a estas evaluaciones, que obstruyen esta consciencia pura, y que se manifiestan como resistencia, fijación, contracción, apego, en fin, lo que bloquea nuestra capacidad de ver las cosas como son. Es como si nuestras experiencias del mundo en términos de sensaciones, pensamientos, y emociones fueran pedazos de velcro, y la ilusión el anzuelo de velcro, de esta manera nos enganchamos a las impurezas mentales relacionadas con el deseo, el apego, el miedo o la aversión, que asociamos a memorias del pasado e ideas del futuro.
El Buda dijo que cuando estamos atrapados por la ilusión, nos sentimos como en una cárcel, esclavos, enfermos, endeudados, o como atravesar un desierto. Pero cuando abandonamos estos obstáculos, nos sentimos liberados de deudas, con buena salud, fuera de la prisión, la esclavitud, y próximos a tierra segura.
Un aspecto de la ilusión es que la gente tiende a confundir la satisfacción del deseo con la felicidad. El Buda dio una historia para demostrar este error. Había un leproso quien vivía en el bosque y sufría un terrible dolor y comezón. La única manera que tuvo para aliviarse fue cavar un gran agujero, llenarlo con madera en llamas – y así crear carbones ardientes – y frotar su cuerpo afligido sobre los carbones. Sólo podía aliviarse mediante la creación de otro tipo de sufrimiento para distraerse.
Esta historia relata que luego el hombre se curó y se mudó a la ciudad para vivir una vida normal. Tiempo después tuvo la oportunidad de regresar al bosque, y allá vio leprosos que se aliviaban de la misma forma en la que él solía hacerlo, frotando sus cuerpos contra los carbones ardientes. No podía continuar mirándolos puesto que era demasiado doloroso verlos así.
El Buda dice que así es como vivimos nuestras vidas. Para aliviarnos de nuestro sufrimiento – nuestro deseo – creamos otro, con todas las cosas que perseguimos para aliviarlo. Una persona que se ha curado de la enfermedad de la que sufrimos, encuentra doloroso mirarnos mientras creamos todo este sufrimiento adicional en la esperanza de aliviarnos del mismo sufrimiento.
El alivio proviene de la sabiduría, es decir, al entender cómo creamos nuestro propio sufrimiento mediante el apego. Hay que reconocer a la mente cuando está libre del sufrimiento, para que se pueda volver a ella cuando algo nos perturbe.
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El Dharma se da sin costo a todos los seres que busquen alivio del sufrimiento y aspiren despertarse a su verdadera naturaleza búdica.
Se aceptan aportaciones voluntarias, las cuales son el único sustento del maestro.
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