MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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viernes, 29 de julio de 2011

EL LABRADOR

EL LABRADOR
Ozmo Piedmont, PH.D.


En la Tripitaka, el Canon Pali, el Buda utilizó una metáfora muy genial para demostrar el sentido de la práctica espiritual en la vida cotidiana,  comparándose a sí mismo a un labrador en el campo arando la tierra y sembrando la semilla.  Cuando un granjero le preguntó por qué se consideraba un labrador si no llevaba ni arado ni semillas, el Buda contestó:
                Mi semilla es la fe, mi lluvia el control,
                Mi arado y mi yugo son el entendimiento,
                Mi palo es la consciencia, la mente es mi lazo,
                Y la atención vigilante mi zapato y mi aguijón.
                Cauteloso en el cuerpo y el habla
                Y moderado en el uso de la comida,
                La Verdad es el cosechar que hago,
                La paciencia es como quitarme el arnés,
                Mi buey enjaezado es la energía,
                La que se recurre para que cese la esclavitud,
                Pasando a donde no hay tristeza
                Y nunca más volviéndose atrás.
                Arar así es lo que hago;
                Lo que tiene la inmortalidad como su fruto.
                Él que ara de esta manera se liberará
                De todo sufrimiento.[1]

Nuestra práctica comienza con la semilla de la fe, cuando algo nos llama desde adentro, invitándonos a buscar una forma de vivir en el mundo basada en la paz y la compasión, y confiamos que esta llamada es real e importante.  Cuando comenzamos a abstenernos de reaccionar en formas egoístas, entonces nos regamos con nuestra aspiración, purificando nuestro karma y encontrando la liberación del sufrimiento.  Nuestras herramientas son el yugo, nuestra práctica espiritual conectándonos al Divino, y el arado de la comprensión correcta, el que rompe la tierra dura de la ignorancia, preparando nuestras mentes para que recibieran las nuevas semillas del Dharma.  Lo que nos mantiene en el camino de la práctica es nuestra consciencia basada en la Naturaleza Búdica,  la voz interior aconsejándonos, y junto con la mente, nos mantienen bien enfocados en como encontrar el mejor camino posible.  Con la mente y la consciencia trabajando juntas, se puede desarrollar la herramienta más indispensable, la atención vigilante, permitiéndonos la habilidad de mantenernos en el presente observando sin prejuicio la realidad a nuestro alrededor.  La utilizamos como aguijón, suavemente animándonos a seguir el camino adelante.  Si estamos cautelosos con el cuerpo, su mantenimiento, y nuestra forma de comer, entonces nuestro trabajo está facilitado y más eficaz, puesto que tenemos un cuerpo saludable, fuerte, y resistente.    Nuestro cosechar es el descubrimiento de la Verdad, tanto adentro como afuera,  o sea, nos damos cuenta de nuestra conexión íntima con el Infinito.  Tener paciencia con todo lo que hacemos nos da la oportunidad de purificarnos del arnés de los tres venenos de deseo, frustración, y delirio.  Esto requiere la energía de la dedicación para liberarnos de las influencias negativas de los venenos en nuestro karma y nuestras mentes.    Con esto se logra la Iluminación, cambiándonos nuestro karma, viviendo la vida en una forma más sana.  Nos comprometemos a seguir este camino, porque se puede experimentar los resultados en carne y hueso, una paz profunda llegando a la salvación, la transcendencia de la muerte, y la liberación del sufrimiento para siempre.


1 Ñanamoli, Bhikkhu. The Life of the Buddha. (Tripitaka: Pali Canon) BPS Pariyatti Editions: Onalaska, WA. 1992. Ch.9: pp.120-121.

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