MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 27 de junio de 2016

¡HASTA LOS BURROS! Charla Dharma 26/JUN/2016


¡HASTA LOS BURROS!
Charla Dharma 26/JUN/2016
Rev. Dr. Hyonjin Prajna

En el Sutra Shurangama, se relata una historia de un bodhisattva que se llama Ksudrapanthaka, quien tenía tan poca capacidad para memorizar o aprender, que le fue casi imposible practicar el budismo en el monasterio, llevándole considerar el suicidio. Sin embargo, el Buda, viendo su desesperación, le instruyó cómo superar el obstáculo, lo que le ayudó llegar a la iluminación. En una reunión con varios bodhisattvas y sabios, todos iluminados ya, el Buda le pide que cuente su historia…


Ksudrapanthaka se levantó, se postró a los pies del Buda, y le dijo con todo respeto: “Tengo mala memoria y poco aprendizaje. Cuando al principio encontré al Buda, oí el Dharma, y entré en la vida monástica, intenté durante cien días memorizar un solo renglón de los versos del Así-Venido. Pero al aprender la segunda parte del renglón, no pude recordar la primera parte, y al recordar la primera parte del renglón otra vez, no pude recordar más la segunda parte.”

Cuando se entra la vida monástica, la primera cosa que te dan hacer es aprender un verso corto para recitar cada mañana, como lo siguiente:

  No hacer el mal con el cuerpo, el habla, o la mente.
  No crear problema para ningún ser en el mundo.
  Con pensamiento correcto, ver la vacuidad del dominio de deseo.
  Alejarse del ascetismo poco útil.

A pesar de los quinientos Arhats allí ayudándole, Ksudrapanthaka no podía aprender ningún renglón de verso incluso después de cientos de días de estudio. Era muy burro. Memorizó “con el cuerpo, el habla, o la mente,” pero luego se olvidó de la parte de “No hacer el mal.” Al aprender “No hacer el mal” de nuevo, se olvidó “con el cuerpo, el habla, o la mente.” Su hermano Ksudra, viendo lo que estaba pasando, le mandó a volver a la vida laica. “Busca una esposa y ya,” le dijo, y le despidió a Ksudrapanthaka. Ksudrapanthaka pensó, “Quiero ser monje como toda esta otra gente. ¿Qué sentido tiene mi vida ser un laico?” Así que tomó una soga, fue al jardín trasero, y se dispuso a ahorcarse. Justo cuando estaba listo hacerlo, el Buda apareció en la forma de un espíritu del árbol, y le preguntó, “¿Qué haces?”
“No puedo seguir viviendo.”
“¿No puedes seguir viviendo? Después de tu muerte, ¿qué entonces?
“No sé.”
“No mueras,” dijo el espíritu del árbol. “No te quites tu propia vida. Hay una razón por la que eres tan burro. Debes esforzarte en cambiar tus errores del pasado. Una vez que te hayas cambiado, todo saldrá bien.”
“¿Qué son las razones del pasado que me hacen tan burro ahora?” preguntó Ksudrapanthaka.
Cuando Ksudrapanthaka preguntó esta cuestión, Shakyamuni Buda apareció en su propia forma y dijo, “En el pasado eras un Maestro de la Doctrina con quinientos discípulos. Cada día querían estudiar contigo, pero no les enseñaba. No explicaste los Sutras ni diste clases sobre el Dharma, incluso cuando la gente te imploraba. Aunque se arrodillaron frente a ti durante tres días y noches, todavía no les hablaste sobre el Dharma. Por no explicarles el Dharma, te volviste muy burro hasta el punto en que no entendiste ni una frase de la Doctrina.”
Al oír eso, Ksudrapanthaka estaba muy avergonzado…
El Buda entonces levantó una escoba y preguntó, “¿Sabes qué es esto?”
“Es una escoba.”
“¿Puedes recordar eso?”
“Sí.”
Entonces el Buda le instruyó diciendo, “Simplemente recita ‘Barre, barre, barre’ todo el día.”
Ksudrapanthaka recitó eso durante unas semanas.
Entonces el Buda le visitó un día para preguntarle, “¿Cómo te va? ¿Puedes recordar lo que te dije?”
“Sí, lo recuerdo,” respondió Ksudrapanthaka.
“Bueno,” dijo el Buda. “Voy a cambiar las palabras un poco a ‘Barre limpia.’ Intenta recitarlo ahora.”
Así que Ksudrapanthaka recitaba “Barre limpia, barre limpia.” Y usaba esa escoba invisible para barrer las impurezas y limpiarlas por completo de su mente, incluso la impureza de codicia con el Dharma. Recuerda esto. Toma los principios que te estoy explicando en el Sutra Shurangama y explícaselos a los demás. Si haces eso, en vidas futuras tendrás sabiduría excepcional y mucha inteligencia. Si practicas siempre otorgando el Dharma, nunca serás un burro.

Para los que temen que no tengan la inteligencia o capacidad suficiente para practicar zen, no se desesperen. Hay siempre un método para todos. De hecho, la inteligencia y la erudición pueden ser los obstáculos más grandes a superar. Miren a Ananda, el discípulo más cerca de Buda durante su vida. Ananda tenía una memoria fotográfica y una capacidad para el debate superior a todos los demás. Debido a sus habilidades, tenemos las enseñanzas de Buda hoy en día, puesto que Ananda, siendo siempre al lado de Buda, luego pudo recordar todas a la letra, dando generaciones futuras acceso a la sabiduría del Buda cuando decidieron por fin conservarlas de forma escrita después de la muerte del Buda. Pero fue precisamente por su talento intelectual que Ananda tardó más que la mayoría de los monjes en iluminarse, lográndolo sólo después de la muerte del Buda. Fue su orgullo por lo que sabía lo que le obstaculó, además de su incapacidad de aplicar las enseñanzas de una forma auténtica a sí mismo. Se había reducido todo a una idea intelectual, por ende, no pudo liberarse de la mente chica.


En nuestra tradición tenemos formas útiles para cortar los pensamientos discriminativos y abrirnos a la Verdad. Primero, similar a lo que recitaba Ksudrapanthaka, en vez de decir “barre limpia” se puede recitar “mente clara” y “no sé” para calmar la mente y liberarse de los pensamientos molestos y las emociones turbias. También tenemos meditación en acción, donde se presta atención a una actividad sencilla, como cuando se barren los pasillos y el jardín como una práctica de dana en la limpieza durante un retiro. Otra forma clásica es el hwadu “¿Qué es esto?” dónde se sigue preguntando así, basándose en la mente no sabe y generando Gran Duda. Quizás el método más sencillo, aunque por tanto el más difícil, es simplemente sentarse en el silencio observándose la mente y las sensaciones como surgen, continúan un rato, disminuyen, y luego terminan. Al preguntarse, “¿Quién las observa?”, se abre a lo que no se basa en ningún objeto de percepción, mientras que a la vez no está separado de ningún objeto de percepción. Así, ya sea mantra, dana, hwadu, o introspección, hay un método adecuado para todos, incluso el más burro, como Ksudrapanthaka, el que seguía barriendo y limpiándose, tanto adentro como afuera, hasta que llegó por fin a la iluminación. 

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