MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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domingo, 19 de junio de 2016

TURBIDEZ DE LA MENTE Charla Dharma 19/JUN/2016

TURBIDEZ DE LA MENTE
Charla Dharma 19/JUN/2016
Rev. Dr. Hyonjin Prajna



 “Qué es la turbidez, Ananda? Consideremos un ejemplo. El agua, en su estado original, es pura y clara, mientras la tierra, las cenizas, y la arena en sus estados originales son sólidos y opacos. Estos atributos determinantes del agua y la tierra, las cenizas, y la arena son de tal modo que son mutuamente incompatibles. Supongamos que alguien recogiera un poco de tierra y la tirara al agua clara. La tierra ya perdería su solidez, y el agua perdería su claridad. Juntos aparecerían nublados o, digamos, túrbidos. Los cinco niveles de turbidez ocurren de la misma forma. (Sutra Shurangama V:169)


El Buda está explicando los obstáculos de la mente en términos de un vaso de agua obscurecida con nubes de tierra y suciedad, es decir que la agitación mental causa confusión, auto-engaño y sufrimiento. Si no se da cuenta de esta turbidez mental, se faltará la determinación necesaria para eliminarla y lograr la iluminación, experimentada como quietud y calma profunda.

“En tu propio cuerpo, lo que aparece sólido está compuesto del elemento primario de tierra, lo que está mojado contiene el elemento primario de agua, lo que tiene calor pertenece al elemento primario de fuego, y el movimiento constituye el elemento primario de aire. Puesto que estos elementos primarios están unidos, tu pura, maravillosa mente iluminada que entiende está dividida en las funciones de ver, oír, tocar, y cognición (e incluso oler y saborear). Turbidez, en los cinco niveles, viene como resultado.

Sin embargo, nuestra mente original es por naturaleza tranquila y clara. Pero es por nuestro apego e involucramiento obsesivo con nuestras ideas y percepciones del mundo que nos confundimos, creando división interior y sufrimiento, obstaculizando la claridad de nuestra mente original. Buda nos explica que la mente llega a dividirse en cinco direcciones basadas en nuestras percepciones e ideas. La consciencia visual que se enreda con el espacio crea la turbidez (ilusión) del tiempo. La consciencia que se enreda con los cuatro elementos primarios de tierra, agua, aire, y fuego crea la turbidez de percepción. La consciencia que se enreda con los objetos de percepción, basado en los hábitos mentales de recordar el pasado, ser consciente del presente, y anticipar el futuro crea turbidez de sufrimiento. Cuando nos involucramos con los Pensamientos y el karma, debido a nuestro deseo de existir y experimentar continuamente sensaciones del mundo y moverse por el mundo, esto crea turbidez de ser individual (confundirse con el cuerpo y la mente chica). Así que cuando las seis consciencias se diferencian por enredarse con los seis objetos, se crea turbidez de duración de vida (la expectativa que se vive cierta cantidad de años en una vida).
                No obstante, el Buda nos enseña cómo practicar para superar estas ilusiones y volvernos a nuestra mente original. Primero, nos anima a ubicarnos en la comprensión de nuestra naturaleza verdadera para distinguir entre lo ilusorio y lo real.

“Ananda, ahora deseas transformar tu consciencia visual, aural, táctil, y mental, junto con las otras clases de consciencia, en la permanente, dichoso, verdadero y claro sí mismo del Así Venido. Para realizar esto, debes arrancar la raíz de la muerte y el renacer confiando en la pura y perfecta naturaleza que ni viene a existir ni deja de existir. Usa la pureza de tu propia naturaleza verdadera para eliminar la distinción entre tu estado original de iluminación y el estado ilusorio de lo que viene a existir y deja de existir. La comprensión iluminada original, la que ni viene a existir ni deja de existir, debe ser la base de tu práctica.

Es decir, hay que ubicarse en la mente original, la que no nace y no muere, es siempre presente en el aquí y ahora, es pura y tranquila. Al funcionar desde la mente original, naturalmente se eliminan las distracciones y los obstáculos cubriendo nuestra verdadera mente. Es decir, nuestra mente original es la que comprende en este instante, la atención constante que no viene ni va, que percibe y entiende lo que percibe, la realidad de nuestra verdadera mente.

Para dejar que esta mente funciona mejor, sin obstáculo, es imprescindible sentarse regularmente sin movernos el cuerpo, para que los sedimentos de las ideas se tranquilizan, dejando la claridad de nuestra mente natural revelarse:

“El proceso puede compararse al calmarse del agua túrbida. Si la mantienes sin perturbaciones en un recipiente para que esté completamente quieta y sin moverse, la arena y el cieno adentro se tranquilizará naturalmente, y el agua se volverá clara.  Esto se puede comparar a la etapa inicial de tranquilizar las aflicciones que surgen de percepciones transitorias de objetos. Cuando la arena y el cieno se han quitado para que sólo agua clara se quede, entonces ignorancia fundamental se ha eliminada para siempre. Cuando el agua está bastante pura y clara, nada de lo que pudiera pasar será causa de sufrimiento. Todo será en acuerdo con los atributos puros y maravillosos de nirvana.”

La mente y el cuerpo están íntimamente relacionados. Cuando se calma el cuerpo, la mente se tranquiliza, y más tranquila es la mente, más calma se experimenta en el cuerpo. Cuando los dos se quietan, naturalmente se experimenta armonía, bien estar, y paz. Por supuesto, se requiere una buena práctica basada en gran determinación. Pese a encontrar la mente original desde el primer momento de sentar y calmarse, hay que seguir con determinación día tras día practicando para cultivar nuestra apreciación a lo que constituye el despertar a la mente original. En esto, maduramos en nuestra capacidad de cortar los malos hábitos mentales y volver una y otra vez a la mente original. Hay que mantenerse físicamente inmóvil, quieto y silencioso, para que las perturbaciones mentales se tranquilicen, revelando la naturaleza verdadera dentro del silencio, o sea, la Nada Esencial.

Así que, nuestro cuerpo y la mente chica son como un recipiente llena de agua. Al agitarse con miedos, deseos, codicia, ansias, y aversiones, es como tirara arena y cieno a lo que es innatamente clara y transparente. Por eso, sufrimos, o mejor dicho, nos sentimos descontentos con nuestras vidas, siempre esperando algo mejor, nunca satisfechos que este momento es perfecto como es. Mientras que agitamos la mente con ideas mentales, pensamientos discriminatorios, y expectativas futuras, entonces la vida es más pesada e insatisfactoria. Pero, si se puede dejar de agitarse, estas impurezas se quedan en el fondo y el agua se vuelve pura. Al principio, a pesar de encontrar el estado de calma y paz, por hábitos mentales, volvemos a agitar el recipiente de la mente y cuerpo, y surgen de nuevo las impurezas. Seguimos cultivándonos día tras día para romper estas esquemas y patrones habituales, para no solamente tranquilizarlos, sino además quitarlos por completo. Por eso, practicamos con gran determinación y constancia. Cada día “nadeamos,” es decir, nos sentamos en silencio en el acto intencional de no hacer absolutamente nada. Esto requiere atención al presente, sin moverse en absoluto, sin relajarse o rendirse a la flojera, atento a este momento justo como es. Así se puede experimentar gradualmente el agua pura de la mente original. Cuando esta calma llega a ser nuestro estado constante y natural, llegamos a la Iluminación Final, donde la ignorancia se va y se realiza como un Buda despierto y libre para siempre.  

Obras Citadas
The Shurangama Sutra: A new translation. Buddhist Text Translation Society. 2009.

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