MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 25 de noviembre de 2019

ÁRBOL SAGRADO Charla Dharma 24/NOV/2019





ÁRBOL SAGRADO
Charla Dharma 24/NOV/2019
Ven. Dr. Hyoenjin Prajna

He aquí una hoja del árbol de bodhi debajo del cual el Buda se despertó. ¿Qué significa esta hoja, este árbol, esta hazaña para nosotros hoy en día?



El Buda y sus enseñanzas siempre han estado estrechamente asociados con la naturaleza, con un alto significado espiritual particularmente vinculado a los árboles. El simbolismo de los árboles ha transmitido efectivamente el Buda-Dharma a lo largo de los años, y es particularmente relevante para nuestro tiempo actual debido a la preocupación ecológica y la crisis ambiental. La asociación del Buda con la naturaleza refleja su rechazo de la seguridad, la estructura y el confort de la vida familiar, que a su vez fue un rechazo de la sociedad de su época plagada de agitación urbana, guerras, estrés, crecimiento económico acompañado por agresión y competencia. Al retratar al Buda históricamente como cercano a la naturaleza, destaca su búsqueda de una Verdad más profunda basada en la armonía, la simplicidad, la belleza, la compasión y la paz. Al mismo tiempo, el simbolismo de los árboles a lo largo de la vida y la historia de Buda ha transmitido una sensación de refugio, protección, curación, belleza y paz, todas cualidades que transmiten las enseñanzas básicas del Dharma hacia el logro del Nirvana. Qué imagen más efectiva que el Buda sentado tranquilamente en la sombra fresca de un árbol para ilustrar la paz, la tranquilidad y el fresco reposo de uno libre de ansia y anhelo, cuando los fuegos de deseo se han extinguido, y uno está en armonía con el mundo y consigo mismo (Armstrong, 2001).


De hecho, cada evento importante en la vida del Buda estuvo asociado de alguna manera con los árboles: nacimiento, iluminación, primeras enseñanzas y muerte. En ciertos relatos, la madre del Buda lo dio a luz debajo del árbol ashoka. La palabra "ashoka" significa “sin tristeza”, de ahí el árbol sin tristeza. Tal vez esto transmita que, aunque la madre de Buda murió debido al parto, no hay tristeza, ya que dio a luz un ser espiritualmente grandioso que curaría la tristeza y el sufrimiento (Árboles y Budismo, 2012). Las brillantes flores de color amarillo anaranjado de este árbol se vuelven rojas antes de marchitarse mostrando la transformación que uno atraviesa en la práctica espiritual a medida que evoluciona en su apertura hacia su verdadero ser y finalmente brilla intensamente antes de que el cuerpo finalmente se desvanezca, como cuando el Buda, al final de su vida terrenal, alcanzó el Paranirvana. En este momento había luces en el cielo y el ruido de terremotos sacudiendo la tierra, y las flores de los árboles se abrieron fuera de temporada, cubriéndole al caer, mientras su cuerpo desvaneció
(Armstrong, 2001).

Buda nació bajo un árbol del norte de la India, que se llama sal, del cual su madera se usa como astringente e incienso y su aceite ilumina las lámparas. Igualmente Buda cura el deseo limpiando las heridas del sufrimiento. Su Dharma es dulce y atractiva como el mejor incienso, revelándonos la práctica espiritual. A fin de cuentas, es nuestra lámpara cuya luz nos guía al Nirvana. (Árboles y Budismo, 2012).


Cuando Buda era niño, su primera profunda experiencia espiritual fue a la sombra de un árbol rosa-manzano.  Entró en trance mientras observaba los movimientos repetitivos de un granjero arando sus campos, desenterrando hormigas y arrancando plantas. El niño sintió compasión por estas criaturas y plantas. Pero al mismo tiempo, sintió alegría y paz sentado en la sombra del rosa-manzano. Esta experiencia formó la basa de la meditación, la contemplación, y el cultivo espiritual luego en su vida. (Armstrong, 2001).




Los primeros sermones del Buda que inauguraron su carrera misionera tuvieron lugar en un bosque de árboles (Silva, 2005-2012). Sin embargo, el más sagrado de todos los árboles en el budismo es el árbol de Bodhi, bajo el cual el Buda alcanzó la iluminación. El árbol de Bodhi tiene un profundo significado espiritual para los practicantes budistas. Siendo el lugar de su iluminación en el norte de la India, el árbol de Bodhi tiene santidad geográfica, un objeto de peregrinación espiritual. Este árbol es un arquetipo del árbol mundial encontrado en iconografía de muchas religiones del mundo. Sus raíces se adentran en las aguas del infinito. Sus ramas y hojas soplan en los vientos del vacío. Está iluminado por la clara luz de la sabiduría. Es un refugio de los tigres y dragones del deseo. Sus hojas son verdes con la primavera y sus poderes regenerativos. Su fruto representa el conocimiento del Dharma y la sabiduría que aporta al comprender vidas pasadas,
la unidad y la inmortalidad. Este árbol mundial une todos los mundos. El árbol de Bodhi es una representación simbólica de nuestro crecimiento hacia la liberación. Es un viaje al infinito, como una pequeña semilla que se abre para crecer y liberar la mente. Su semilla crece más allá de los límites de este cuerpo y sus ramas crecen hacia lo Infinito mientras que sus raíces se apoyan firmemente en el suelo de la vida cotidiana. (La meditación del árbol Bodhi, 2012)



La adoración a los árboles era común en la época del Buda. Se cree firmemente en la India que espíritus y dioses habitan en árboles particularmente grandes y nudosos y estos seres pueden conceder favores a los que les honren (Dhammika, 2010, 2011). Los árboles proporcionan refugio y protección.

Se cuenta que el joven Asceta Gotama (el nombre del Buda antes de su Iluminación) practicaba ayunas tan severas, que se veía como un esqueleto.


Siendo casi al punto de morir, fue por la compasión de una joven ofreciéndole alimento al Asceta Gotama sentado bajo un árbol sagrado, que el joven bodhisattva pudiera ponerse en el camino correcto de la contemplación y realización. La joven se llamaba Sujata, y le dio leche de arroz al Asceta Gotama pensando que era un dios que habitaba el árbol:

Ahora, en un pueblo cercano llamado Senani, vivía una niña joven, muy hermosa y rica llamada Sujata, que quería un esposo de igual rango y un hijo. Había esperado durante muchos años y no tuvo éxito. La gente le dijo que debía ir a cierto árbol de higuera cerca del río Neranjara y rezarle al dios del árbol para que le diera un esposo y un hijo. Ella hizo lo que la gente le dijo y más tarde se casó con un joven y tuvieron un hijo encantador. Estaba extremadamente feliz y decidió cumplir su promesa al dios del árbol por darle todo lo que había pedido.


Sujata tenía mil vacas, y las alimentó con enredaderas dulces para que la leche de vaca fuera dulce. Ordeñó estas mil vacas y alimentó con esa leche a quinientas vacas, y luego alimentó con su leche a doscientas cincuenta vacas y así sucesivamente hasta que alimentó solo ocho vacas. Ella hizo esto para obtener la leche más dulce y nutritiva, para hacer un delicioso arroz con leche como una ofrenda al dios del árbol.

Mientras hacía esto, se sorprendió al ver a su sirviente corriendo de la limpieza y preparando el área al pie del árbol de higuera. Muy feliz y emocionado, el sirviente dijo: "¡Mi señora Sujata! El dios de la higuera está meditando al pie del árbol. Qué suerte tienes de tener al dios en persona para aceptar tu comida".

Sujata también estaba feliz, emocionada y bailaba de alegría con el sirviente. Luego se esforzaron aún más para preparar el arroz con leche, vertiéndolo en un cuenco dorado.

Tomando el delicioso arroz con leche, ambos fueron al árbol de higuera y Sujata vio lo que ella percibía como un hombre santo. Era guapo y de aspecto dorado y se sentaba serenamente en meditación. Ella no sabía que él era, de hecho, Asceta Gotama. Ella se inclinó con respeto y dijo: "Señor, acepta mi donación de arroz con leche. Que tengas éxito en obtener tus deseos como yo".



El asceta Gotama se comió el dulce y espeso arroz con leche y luego se bañó en el río Neranjara. Esta era la última comida y baño que tendría en siete semanas. Cuando terminó, tomó el cuenco dorado y lo arrojó al río, diciendo: "Si tengo éxito en convertirme en un Buda hoy, deje que este cuenco vaya río arriba, pero si no, déjelo ir río abajo". El cuenco dorado fue río arriba, todo el tiempo manteniéndose en el medio del río. (Buddhanet, 15)


Así que, por su dedicación y devoción al árbol, Sujata pudo realizarse como madre, esposa y primera seguidora laica del Buda. Todo su preparación y purificación de la leche de su ofrenda nos recuerda de nuestra propia práctica de cultivo y disciplina espiritual. En agradecimiento, ella le ofrece lo mejor de sus labores, y como acto de compasión, le ofrece arroz con leche. Pero Asceta Gotama, como nosotros, no se quedó apegado al vehículo de esta compasión, el cuenco dorado, y lo arroja al río. Así, cada día, arrojamos nuestros apegos al río, y seguimos nuestro camino y práctica, testigos a los milagros y bendiciones que se manifiestan a nuestro alrededor, como el cuenco dorado flotando río arriba en el camino medio. Eventualmente nuestra práctica da fruto. Ya Asceta Gotama siente la fuerza y determinación para enfrentar el reto final:


El héroe se paseó por las orillas del río. La noche descendió lentamente. Las flores cansadas ​​cerraron sus pétalos; una dulce fragancia surgió de los campos y jardines; los pájaros ensayaron tímidamente sus canciones finales del atardecer.

Fue entonces cuando el héroe caminó hacia el árbol del conocimiento.

El camino estaba rociado con polvo de oro; palmeras raras, cubiertas de piedras preciosas, se alinearon en el camino. Rodeó el borde de un estanque cuyas benditas aguas exhalaron un perfume embriagador. Lotos blancos, amarillos, azules y rojos extendieron sus pétalos masivos sobre la superficie, y el aire resonó con las claras canciones de los cisnes. Cerca del estanque, debajo de las palmeras, ninfas bailaban, mientras que en el cielo los dioses admiraban al héroe.

Se acercó al árbol. Al costado del camino, vio a Svastika, el segador.

"Son tiernos, estas hierbas que estás cortando, Svastika. Dame un poco de hierba; quiero cubrir el asiento que ocuparé cuando alcance el conocimiento supremo. Son verdes, estas hierbas que estás cortando, Svastika. Dame un poco de hierba, y algún día conocerás la ley, porque te la enseñaré, y tú puedes enseñarla a otros ".

El segador le dio al Santo ocho puñados de hierba.

Allí estaba el árbol del conocimiento. El héroe fue al lado este del árbol y se inclinó siete veces. Tiró los puñados de hierba al suelo y, de repente, apareció un gran asiento. La hierba suave lo cubría como una alfombra.

El héroe se sentó, con la cabeza y los hombros erguidos, la cara vuelta hacia el este. Luego dijo con voz solemne:

"Incluso si mi piel se reseca, incluso si mi mano se marchitara, incluso si mis huesos se desmoronaran en polvo, hasta que haya alcanzado el conocimiento supremo, no me moveré de este asiento".

Y se cruzó de piernas. (Harold, 1922, 87-88)


Así se sentó Gotama, quieto e inmóvil, determinado alcanzar el conocimiento supremo y liberarse de la vida y la muerte, la ilusión y el sufrir. Este es nuestra forma también. Nos sentamos sobre nuestro asiento, un cojín redondo, un banquito de madera, o una silla sin respaldo. El sentarnos rectos sin mover hasta lograr la liberación es un acto simbólico que realizamos cada día. Nos sentamos bajo el árbol de bodhi, el árbol de conocimiento, el árbol de nuestro espino dorsal con sus ramas de nervios cerebrales extendiéndose a través de nuestra mente. Allí, en el silencio y la paz, contemplamos, “¿Quién soy?” En el silencio antes del pensar, enfrentamos Mara.

El ejército de Mara era una visión aterradora. Se erizaba con picas, flechas y espadas; muchos llevaban enormes hachas de batalla y palos pesados. Los soldados eran negros, azules, amarillos, rojos y sus caras eran aterradoras. Sus ojos eran crueles llamas; sus bocas escupían sangre. Algunos tenían las orejas de una cabra, otros las orejas de un cerdo o de un elefante. Muchos tenían cuerpos con forma de jarra. Uno tenía las patas de un tigre, la joroba de un camello y la cabeza de un burro; otro tenía melena de león, cuerno de rinoceronte y cola de mono. Había muchos con dos, cuatro y cinco cabezas, y otros con diez, doce y veinte brazos. En lugar de adornos, llevaban mandíbulas, calaveras y dedos humanos marchitos. Y sacudiendo sus peludas cabezas, avanzaron con una horrible risa y gritos salvajes:

"Puedo disparar cien flechas a la vez; agarraré el cuerpo del monje". "Mi mano puede derrumbar el sol, la luna y las estrellas; qué fácil será aplastar a este hombre y su árbol". "Mis ojos están llenos de veneno: se secarían el mar; lo miraré y se quemará en cenizas".

Sarthavaha, el hijo de Mara, guardó silencio mirando la escena. Algunos amigos se habían reunido a su alrededor y decían:

"¡Tontos! Crees que está loco porque medita; crees que es cobarde porque está tranquilo. Eres tú quien está loco, eres tú quien es cobarde. No conoces su poder; por su gran sabiduría los va a derrotar a todos. Si sus números fueran tan infinitos como los granos de arena en las orillas del Ganges, no molestarían ni un solo pelo de su cabeza. ¡Y creen que pueden matarlo! ¡Oh, regresen! No intenten dañarlo; inclínese ante él con reverencia. Su reinado ha llegado. Los chacales aúllan en los bosques cuando el león está lejos, pero cuando el león ruge, los chacales se escapan aterrorizados. ¡Tontos, tontos! Gritan con arrogancia mientras el maestro guarda silencio, pero cuando el león habla se irán corriendo."

El ejército escuchó con desprecio estas palabras de sabiduría pronunciadas por Sarthavaha y sus amigos. Siguió avanzando.

Antes de atacar al héroe, Mara trató de asustarlo. Despertó contra él la furia de los vientos. Los vendavales feroces se precipitaron hacia él desde el horizonte, arrancando árboles, devastando pueblos, sacudiendo montañas, pero el héroe nunca se movió; ni un solo pliegue de su túnica estaba perturbado.

El Maligno convocó las lluvias. Cayeron con gran violencia, sumergiendo ciudades y cicatrizando la superficie de la tierra, pero el héroe nunca se movió; ni un solo hilo de su túnica estaba mojado.

El Maligno hizo rocas ardientes y las arrojó al héroe. Se apresuraron por el aire pero cambiaron cuando se acercaron al árbol, y cayeron, no como rocas, sino como flores.

Luego, Mara ordenó a su ejército que soltara sus flechas contra su enemigo, pero las flechas también se convirtieron en flores. El ejército corrió hacia el héroe, pero la luz que difundió actuó como un escudo para protegerlo; las espadas se estremecieron, las hachas de batalla fueron abolladas por ella, y cada vez que un arma caía al suelo, también se transformaba en una flor.

Y, de repente, llenos de terror al ver a estos prodigios, los soldados del Maligno huyeron.

Y Mara se retorció las manos con angustia, y lloró:

"¿Qué he hecho para que este hombre me derrote? ¡Porque no son pocos, aquellos cuyos deseos les he concedido! ¡A menudo he sido amable y generoso! Esos cobardes que huyen podrían dar testimonio de eso".

Las tropas que aún estaban cerca respondieron:
"Sí, has sido amable y generoso. Lo atestiguaremos".

"Y él, ¿qué prueba ha dado de su generosidad?" continuó Mara. "¿Qué sacrificios ha hecho? ¿Quién dará testimonio de su amabilidad?"

Entonces una voz salió de la tierra y dijo:

"Seré testigo de su generosidad".

Mara quedó boquiabierta de asombro. La voz continuó:

"Sí, yo, la Tierra, yo, la madre de todos los seres, daré testimonio de su generosidad. Cien veces, mil veces, en el curso de sus existencias anteriores, sus manos, sus ojos, su cabeza, su cuerpo entero han estado al servicio de los demás. Y en el curso de esta existencia, que será la última, destruirá la vejez, la enfermedad y la muerte. Mientras te supera en fuerza, Mara, incluso así te supera en generosidad. "

Y el Maligno vio a una mujer de gran belleza emerger de la tierra, hasta la cintura. Ella se inclinó ante el héroe, y juntando las manos, dijo: "¡Oh, el más santo de los hombres! Soy testigo de tu generosidad".





Entonces ella desapareció.

Y Mara, el malvado, lloró porque había sido derrotado. (Harold, pp. 91-95)


He aquí una hoja del árbol de bodhi, la que representa la fuerza vital unificándonos todos, ya que todos somos las hojas del mismo árbol Supremo, la Naturaleza Fundamental, la Madre Matriz de todo.  De hecho, en la historia de Kalingabodhi Jataka, el Buda indica que el Árbol de Bodhi podría ser utilizado como un objeto de veneración, homenaje y respeto por los devotos en ausencia del Buda. (Hoja Bodhi, 2012) En homenaje a este gran logro, los invito sentarse conmigo bajo el árbol de Bodhi el próximo 7-8 de diciembre. Sean la luz que vence la oscuridad.









BIBLIOGRAFÍA

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                Accessed May 25, 2012.
“Bodhi Leaf”.  Art and Culture: Symbols.
Accessed May 25, 2012
Buddhanet. The Life of Buddha. Buddha Dharma Education Association and Buddhanet.
                Accessed Nov. 23, 2019
Dhammika, Shravasti.  (2010, 2011) “The Buddha and Trees I, II, and III.”
Accessed May 25, 2012.
EcoDharma. “Is Buddhism Anti-Nature?”  Written for a seminar at Madhyamaloka on
the topic of Buddhism and Nature.
Accessed May 25, 2012.
Guide to Buddhism A to Z.  “Trees”.
                Accessed May 25, 2012.
                http://buddhisma2z.com/content.php?id=425
Harold, A. Ferdinand. The Life of Buddha.
                Accessed Nov.  23, 2019.
                https://www.sacred-texts.com/bud/lob/lob20.htm
Silva, Lily de.  (2005-2012). “The Buddhist Attitude Toward Nature.”
                Accessed May 25, 2012.
“The Bodhi Tree Meditation: A Buddhist Spiritual Practice Based on the Buddha's Night
of Liberation”
Accessed May 25, 2012
http://www.wisdom-tree.com/index.html
Trees and Buddhism.
                Accessed May 25, 2012.
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