MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 3 de febrero de 2020

BRÚJULA DEL ZEN Parte 7 NO MATEN AL BUDA Charla Dharma 02 FEB 2020



BRÚJULA DEL ZEN
Parte 7
"NO MATEN AL BUDA"

Charla Dharma 02/FEB/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Hace muchos años, en China, había un joven monje cuy conocido por mantener siempre una práctica dura. Se sentaba en postura de meditación, desde la mañana hasta la noche en el templo de su maestro, el Séptimo Patriarca. Se decía que ni siquiera se echaba a dormir. Todo el mundo creía que de todos los monjes del templo, este joven era claramente el más decidido, puesto que sólo se sentaba en postura de meditación, pasara lo que pasara.
        Un día, el patriarca decidió comprobar la práctica de este joven y ardiente monje. Cuando visitó su celda, lo encontró absorto en profunda meditación. “¿Qué haces?” preguntó.
        El joven monje contestó: “Estoy haciendo zen sentado.”
        “¿Cuál es el propósito de sentarse en posición zen?”
        “Quiero convertirme en Buda.”
        “Oh, esto es estupendo,” dijo el Patriarca. Sin decir nada, el Patriarca fue al jardín y trajo una piedra y un trozo de teja y empezó a rascarla con la piedra.
        El sonido alteró la paz del joven monje. Intentó ignorarlo, pero el patriarca siguió rascando. ¡El sonido era insoportable! Tras algunos minutos, no pudo resistirlo más. “Maestro ¿qué estás haciendo?”
         El patriarca respondió: “Intento hacer un espejo.”
        “Es imposible. ¿Cómo se puede hacer un espejo rascando una piedra?”
        “Cómo puedes convertirte en Buda sentándote en postura zen?”
         Estas palabras sorprendieron al joven monje que se inclinó ante su maestro. “¿Cuál es el error de mi práctica? Por favor, enséñame.”
        “Cuando un caballo no tira de un carro ¿golpeas al carro o al caballo para que se ponga en marcha?”
        “Sería ridículo golpear al carro.”
        “Has de considerar del mismo modo la práctica de la meditación. El carro es tu cuerpo y el caballo es tu mente. Si quieres entender tu verdadera naturaleza, has de esforzarte en descubrir tu mente, y no sólo en empujar el cuerpo.”
        Al oír estas palabras, el joven monje alcanzó una profunda intuición. A partir de ese momento practicó correctamente la meditación, y más tarde alcanzó la iluminación y recibió la Transmisión del Dharma del Séptimo Patriarca. Lo conocemos como Ma Jo, uno de los más grandes maestros zen que nunca hayan existido.

Esta historia demuestra lo fútil es practicar zen para lograr algo. Sentarse todo el día en meditación para convertirte en Buda es garantía que nunca te convertirás en Buda. Es ubicar la meta en un futuro imaginario con un concepto de lo que es Buda, algo que crees que no eres. No obstante, si sigues rascando la piedra, crees que de alguna forma mágica te vayas a convertir en un espejo, o sea, Buda.  No va a pasar. Es como pegar el carro una y otra vez para que se mueva en vez de motivar directamente al caballo, o sea, la mente. El carro del cuerpo no es el problema, sino más bien el caballo de la mente testaruda que no quiere llevar el carro en la dirección correcta de la práctica auténtica.
                La práctica auténtica del zen no se ubica en la postura perfecta del loto, ni en hora y horas de sentarse para lograr algún objetivo, como en ciertas prácticas hoy en día que busquen el rendimiento físico, mental, o mundano, creyendo que esto será el objetivo. La mente condicionada es el caballo testarudo con sus hábitos, opiniones, y críticas mentales lo que está obstaculizando el progreso espiritual. El objetivo no es alcanzar un estado mental de felicidad y alegría o rendimiento físico. Más bien, practicamos para practicar, nos sentamos a sentarnos. Nada más. En el proceso, puedes percatar lo que ya eres del principio…Buda. Buda significa esencia, y se experimenta como este momento tal cual, sin expectativa, sin opinión, sin crítica. Suelta tu opinión, suelta tus ideas, suelta tu crítica de ti mismo, suelta tu critica de los demás. Así se experimenta la mente verdadera antes del pensamiento, la mente no-mente, la mente calma lúcida de la sustancia esencial.
                Cuando te criticas a ti mismo, o criticas a los demás, estás matando al Buda. El primer precepto para todos los budistas es no matar. Cuando hablas mal de otros, estás matando al Buda. Estás creando dualidad, y matando la reputación de otros y la armonía de la comunidad espiritual, la sangha. Mientras que sigues criticando a otros, estás alejándote de Buda, estás obstaculizándote de la Iluminación, y estás generando división, desacuerdo, e insatisfacción para ti mismo y para todos a tu alrededor. Incluso si participas pasivamente en escuchar a otros mientras critican y chismean sobre otros que no estén presentes, estás matando al Buda aún. No mates al Buda. No entres en la crítica y chismeo que daña a otros y a ti mismo. Enfócate en tu propia práctica, los hábitos mentales y el habla negativa y divisiva que crea veneno en la comunidad y trae agitación mental a tu propia vida. Estás contribuyendo a toda una cadena de karma negativo. Si sigues generando crítica, estás viviendo en tu propio infierno de insatisfacción y delirio, un infierno que proyecta tus propias inseguridades, celos, frustraciones, y fracasos en los demás, en vez de admitir tus propios errores, como este monje joven hizo, admitiendo que había cometido un error, y pidió que el maestro le ayude en corregirlo.   Invertir la atención adentro, mírate a tu propia mente, y si encuentras opiniones negativas o ideas que hieren a otros, córtalas inmediatamente. Pregúntate, “¿Quién soy?” Suelta las ideas que te obstaculicen de experimentar la mente calma y lúcida de tu naturaleza búdica. Salva al Buda, sálvate a ti mismo, conserva la vida de otros con benevolencia, compasión, y apoyo emocional. Así, puedes entrenar al caballo de la mente para llevar el carro de este cuerpo con destreza y facilidad.  Ya la trayectoria no es una carga pesada, sino un hermoso paseo junto con otros a través de un campo en flor.
                Recuerdo hace muchos años un viaje que hice a España en mi juventud. Había alquilado un auto para hacer un recorrido del sur de España en camino a Granada desde Madrid. Me impresionó los miles de campos plantados con grandes girasoles amarillos y café. Al pasar el día, cada cara de girasol se giraba para seguir el sol. Imagínate miles y miles de estas flores arqueando para seguir el brillo del sol, recibiendo su luz para su crecimiento y bienestar. Es una magnífica imagen de la práctica espiritual. Cuando estás sentado en meditación, siéntate como una gran flor de girasol plantada con sus raíces profundas en la tierra. Guarda silencio en el campo de tu mente y busca la luz del sol, tu propia sustancia brillante. Ábrete a esta luz que siempre está aquí. Aunque se esconde por ratos en la noche y la oscuridad, confía que siempre está aquí. Sé como estos girasoles ya listos para recibir la luz del alba en todo su esplendor. Gírate adentro y ábrete a esta luz que te da la vida. Descúbrete tu verdadera cara antes del nacimiento de tus abuelos. Experimenta la calidez de este sol que nunca se ha apagado, nunca se ha ido, que siempre es justo aquí. Recibe su luz en tu vida. Deja que te nutre y te alimenta y crece en la práctica de la ética. Conserva la vida. Es sagrada. Y como estos girasoles, sé el alimento para otros, regalando las semillas de tu práctica a todo el mundo, para que ellos también puedan brillar con la luz de Buda.      

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