MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 8 de junio de 2015

EL CABALLO BLANCO Charla Dharma 07/JUN/2015


EL CABALLO BLANCO
Charla Dharma 07/JUN/2015
Rev. Dr. Hyonjin Prajna 

 
Érase una vez en Corea un viejito granjero con un caballo blanco muy especial, un semental fuerte, hermoso e impresionante. Los caballos blancos son muy apreciados en Corea. Montar a caballo blanco da una gran imagen de estima, realeza y autoridad. Por esto, un día el príncipe de la región, oyendo de este caballo especial, llegó a la granja del viejito preguntándole por cuánto lo vendería el caballo. El viejito contestó, “El caballo no es mío. Por tanto, no lo puedo vender.” Entonces el príncipe se fue muy desanimado. Y el viejito simplemente volvió a cultivar a su jardín...


El próximo día, el viejito se levantó a descubrir que su caballo se había escapado de su corral en la noche.  Los aldeanos, oyendo lo que pasó, llegaron a la granja del viejito diciéndole, “Qué desafortunado eres. El príncipe te iba a ofrecer mucho dinero por el caballo.  Si lo hubieras aceptado su oferta, te habrías convertido en un hombre rico sin ninguna preocupación más en el mundo. Ya no tienes ni dinero ni caballo. ¿Cómo vas a manejar? Qué mala suerte.” El viejito simplemente dijo, “Sólo sé que el caballo blanco ya no está en el corral.” Y simplemente volvió a cultivar a su jardín.

Pasó algunos días cuando el viejito se levantó para descubrir que su caballo ya había regresado al corral, acompañado por diez otros caballos blancos. Los aldeanos oyeron lo que pasó, y llegaron a la granja del viejito diciéndole, “Qué afortunado eres. Tu caballo ha regresado con diez caballos blancos salvajes. ¡Qué buena suerte!” El viejito simplemente dijo, “Sólo sé que el caballo blanco ya está en su corral.” Y simplemente volvió a cultivar a su jardín.

Pasaron unos días, y el hijo del viejito decidió que debería domar a los caballos salvajes para que los vendiera luego en el pueblo. Pero en su intento, uno de los caballos le tiró a la tierra, rompiéndole las piernas. Los aldeanos, oyendo lo que pasó, llagaron a la granja del viejito diciéndole, “Qué desafortunado eres. Ya se rompieron las piernas de tu hijo. ¿Quién va a ayudarte en los campos? No vas a tener cosecha y vas a morir de hambre. Que mala suerte.” El viejito simplemente dijo, “Sólo sé que mi hijo ya tiene las piernas rotas.” Y simplemente volvió a cultivar a su jardín.

Pasaron algunos días, y llegó al pueblo un ejército del rey buscando conscripciones. En estos días, el reclutamiento no era voluntario. Simplemente el ejército entró a un pueblo obligando a todos los jóvenes salir con ellos para servir en la guerra. Pero, puesto que las piernas del hijo estaban rotas, no le llevaron. Los aldeanos del pueblo, oyendo lo que pasó, llegaron a la granja del viejito diciendo, “Qué desafortunados somos. El ejército del rey se los llevó a todos nuestros hijos. Todos van a morir en la guerra. Pero por tener las piernas rotas, tu hijo evitó que le llevaran. Por tanto, lo tendrás siempre a tu lado acompañándote por el resto de tu vida.”

¿Qué nos dice esta historia? El viejito es nuestra naturaleza verdadera, lo que ve las cosas como son, sin añadir nada, sin molestarse, sin crítica, sin apego. Buena suerte llega, sigue cultivando. Mala suerte llega, sigue cultivando. Siempre hay ganancias y pérdidas. Lo que es ganancia un día, el próximo día se vuelve pérdida. Esto es como funciona karma. Todo cambia, nada es permanente. Los aldeanos representan la mente chica, la parte de nuestra mente condicionada a criticar, comparar, con opiniones y juicios causando descontento y agitación continua. En nuestro cultivo de práctica espiritual, estamos aprendiendo a ser más como el viejito, lo que es en armonía con el mundo, libre del apego, la aversión y el auto-engaño, simplemente viendo las cosas como son, y fluyendo con el karma que llegara en cualquier momento.

Para dejar de ser como los aldeanos, tenemos que purificar la mente de sus patrones habituales de crítica, comparación y apego. Entonces, la mente purificada es la mente verdadera de mushin, o no-mente. Esta no-mente no significa un estado de mente sin ninguna sensación o de indiferencia o la mente literalmente borrada de todo pensamiento. La no mente de mushin es la mente purificada de las kleshas, dejando las virtudes inherentes de la naturaleza búdica expresarse espontáneamente. Estas virtudes de bondad, paciencia, compasión, y ecuanimidad, se revelan cuando no hay obstáculos mentales. Por eso, mushin es no-mente, vacía de alguien creando o logrando algo, puesto que no hay nadie como un ego intentando de hacer o lograr algo “bueno.” En cambio, cuando las virtudes están fabricadas como logros y metas de la mente chica, porque “a mi” me considero bueno y respetado por tenerlas, puede crear soberbia y egocentrismo.  Practicamos eliminando el engaño mental, lo que permite que las virtudes aparecieran por si mismas como funciones de la verdadera naturaleza esencial.  

Es decir, prestando atención presente con el propósito de fomentar buenos actos no es tan eficaz como dejar ir las kleshas, las opiniones, y las ideas de la mente. El primero, intentando de ser “bueno,” es una construcción mental, por ende, dualista y engañosa. Mientras el segundo, dejar ir, fluye naturalmente sin nadie intentando de ser bueno, es decir, la no-mente de mushin. Las cualidades de budeidad no vienen de afuera, sino son inherentes dentro de uno. Por eso, cuando Shui-liao preguntó al ancestro Ma, “¿Qué es el sentido preciso del venir del Zen vivo?, como respuesta, el maestro le pateó, por lo cual, Shui-liao se iluminó al instante. Luego, se levantó, aplaudiendo al maestro diciendo con una risa, “¡Qué maravilloso! ¡Qué maravilloso! Cien mil meditaciones e infinitas sublimes principios se entienden al instante, justo en su fuente, en el punto de un pelo.” Luego le hizo un hapchang y se fue. (Cleary, 1997:26-29)

¿Qué se entiende por este episodio? La pregunta de Shui-liao reveló su falta de comprensión de lo que es la Esencia, asumiendo que la causa de iluminación viene desde afuera, como el “Zen vivo” llegando de algún lugar ajeno. Este concepto crea dualidad, como algo exterior. De hecho, hay que soltar la búsqueda de Iluminación por algo afuera de uno mismo. La patada del maestro le dio a entender que ya es Buda, no hay algo a lograr en otro lugar.  

Sin embargo, aunque vislumbró por un momento la mente verdadera, lo que se llama kensho, aún hay que estabilizar y fortalecer esta iluminación inicial con pruebas de experiencia y acciones en la vida cotidiana, es decir, con cultivo en la vida normal junto a otra gente. No debemos aislarnos en una cueva, montaña, o bosque. Por eso, el segundo patriarca Zen de China paso 30 años trabajando como jornalero después de su Iluminación, probando, cultivando, y purificando su mente.

El maestro Chinul da instrucciones de cómo probar y estabilizar la mente verdadera. Da dos consejos. Primero, recomienda que se imagine cosas que antes te gustaban: si todavía sientes atracción o asco, entonces la mente iluminada es inmadura; en cambio, si no experimentas ni asco ni atracción, la mente iluminada es madura. Segundo, dice que tenemos que llegar al punto en que cualquier cosa que encontremos naturalmente no nos produce ni atracción ni aversión, ni un impulso de aferrarla ni rechazarla. Dice que justo entonces habremos logrado la mente efectivamente madura en la que no se agita con nada. Por lo tanto, no hay obstáculo. Es como domar el buey de la mente. Aunque te obedece, todavía lo sujetas firme con la soga y el látigo. Sólo cuando su corazón es manso y cada paso tranquilo, tal que incluso cuando camina por los campos sin pisar ningún brote de sembrado, que entonces puedes soltar por completo la soga y el látigo; naturalmente no hay ningún daño a las plantitas. No es necesario controlarlo. Eso quiere decir, cuando nuestra mente es tan tranquila, atenta a este momento, sin aferrarse a nada, sin rechazar nada, cuando nada nos molesta en absoluto, ya es Iluminación Final, la verdadera mente estabilizada y madura de no-mente.  

Bibliografía
Cleary, Thomas. (1997). Kensho: The Heart of Zen. Shambhala: Boston and London.
Dharma, Ven. Wonji. (30 June 2014). “Wonjis Dharma Talk”, Video YouTube. Five Mountain
                Zen Order, Mt. Baldy 3 day retreat
                https://youtu.be/40VesJvNOEo
 
GRACIAS POR SU APOYO

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