MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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domingo, 8 de noviembre de 2015

ZEN: MÁS QUE UN TALLER Charla Dharma 08/NOV/2015


 


ZEN: MÁS QUE UN TALLER
“Cuando las clases terminan, ya comienza el trabajo verdadero.”
Charla Dharma 08/NOV/2015
Rev. Dr. Hyonjin Prajna

 
Si alcanzas el punto cero, ya has pasado a través y eres libre.
Si te apegas al punto cero, eres como un mono que mete la mano en un frasco para sacar una pieza de fruta, pero descubre que su mano, al sujetar la fruta, es demasiado grande para salir del frasco; de modo que se vuelve atascado.
Si pasas más allá de "libre" y "pegado" entonces ¿qué se queda claro?
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Los pájaros vuelan, plumas caen;
Los peces nadan, el agua es turbia.
                            Man Gong (1872-1946)
                          Maestro Zen Coreano

Para Seung Sahn, el punto cero es un símbolo para nuestra verdadera naturaleza búdica. En su enseñanza del círculo zen, punto cero es tanto el comienzo como el punto final, o sea, comenzamos con la mente chica estudiando la Mente, pero como dice mi maestro Dae Seonsanim Wonji Dharma: Buscando el verdadero sentido de la vida es muy parecido a conducir tu coche mientras que buscas tu coche. Es decir, que estamos utilizando nuestra mente para encontrar la Mente, pero no hay dos mentes, sólo Una. Así que, al comienzo del círculo zen, estamos utilizando la mente ignorante de su verdadera naturaleza para buscar la Mente verdadera, pero siempre es la misma Mente. La única diferencia es mente con obstáculos e ilusiones, y Mente libre de obstáculos e ilusiones. Pero no hay dos, es siempre Una. Pero durante un tiempo, comenzamos a intuir lo que es esta mente ya presente, y nos damos cuenta de que todo es esta Mente, o como dice en el Sutra del Corazón, todo forma (fenómeno) es vacío (todo es mente), y a la vez, todo el vacío es forma (mente crea toda forma, la cual es la expresión, el vehículo y la función de este mente).



Al darnos cuenta de este hecho tan importante, comenzamos a sentirnos muy orgullosos de nuestro logro. La mente chica comienza a decirse, mira, ya entiendo. Debo estar muy listo. Y se queda atrapado en su propia realización, como el mono que acaba de sujetar la fruta suprema, el despertar a la verdad de su propio ser. Pero al pensar así, se queda atascado en su propia realización. Ya cree que ha alcanzado la meta, y no hay nada más hacer. Y es precisamente esta idea que le atrapa. Mientras que se aferra a esta idea, se queda estancado.
 
Pero tarde o temprano, se relaja, suelta su gran logro, y aprende que su idea del vacío es simplemente una idea, una ilusión, una trampa atrapándole. Por lo tanto, comienza a soltar todas sus ideas de lo que es el Absoluto, lo que es Verdad o no Verdad, lo que es correcto o no correcto, lo que es bueno o no bueno, y puede experimentar la calma de la mente descansando en su verdadera naturaleza, el vacío en sí. Este vacío ya es vacío de toda idea discriminatoria o conceptual de lo que es el vacío. Simplemente es.

SIMPLEMENTE SUÉLTALO

Lamentablemente, la mente chica tiende a aferrarse al placer de este estado mental transitorio, el estado experimentado como paz y libertad absolutas. Es otra trampa. Una mente que intenta de quedarse siempre en Nirvana, en el estado de euforia, está creando otra jaula de ilusión mental. La vida no es así. Hay que bajar de la montaña de realización del Absoluto, la experiencia del vacío, y volver a la vida cotidiana, la vida de desafíos, pérdidas, y sufrimiento.


Hay sufrimiento en todos lados. Es un hecho de la vida. Si estamos intentando de borrar todo el sufrimiento con nuestra práctica para que viviéramos libre del sufrimiento, es una mentira, una ilusión imposible de mantener. Sufrimiento es parte de la condición humana. Si estamos negándolo o buscando un estado mental que nunca experimentara sufrimiento más, estamos otra vez atascados. Otra forma de decirlo es que comenzamos nuestra práctica en el punto cero, atravesando todos los puntos del círculo, descubriendo nuestra naturaleza búdica, liberándonos de todo tipo de ilusión, para llegar eventualmente donde habíamos comenzado, al punto cero de nuevo. El punto cero es el punto máximo de auto-realización, como el comienzo del cultivo diario. Sufrimiento sigue surgiendo en nuestras vidas. Deseos y aversiones continúan manifestándose. La única diferencia es que ya nos damos cuenta de que no son reales, son fabricaciones de nuestra propia mente. Por eso, hay que aceptar que el cultivo es para toda la vida, y no es algo resuelto para siempre en ningún taller, conferencia, o clase en particular. Sea lo que sea, las kleshas van a surgir. Pase lo que pase, tendremos que soltar nuestras ideas discriminatorias una y otra vez para toda la vida. No para lograr una Nirvana estancada en la que nada nos perturbe nunca jamás. Al contrario, aceptamos que sufrimos por nuestras ilusiones continuas, y al mismo tiempo, hay una práctica para seguir liberándonos de estas ilusiones día tras día.

 
No es para decir que hay algo malo con talleres y clases. Pueden ser muy útiles para enseñarnos el Dharma y proveer herramientas para incorporar en nuestra práctica cotidiana. Pero si guardamos la idea de que algún taller o clase va a resolver el problema de nuestro sufrimiento de una vez para siempre, arriesgamos más frustración y auto-critica cuando la vida nos muestra que no es así. Esta misma crítica puede dirigirse afuera a otros, culpándolos por no haber traído la enseñanza máxima, el método supremo, o la solución final. Nirvana no es un lugar ni una meta final.  Zen nunca te dará la solución final. Zen es una práctica con métodos, formas, y herramientas para seguir despertándonos a nuestra verdadera naturaleza. Iluminación no es un punto final. Iluminación es darse cuenta de que la vida es sufrimiento, pero a la vez, hay un camino de práctica y cultivo diario, para continuar liberándonos de este sufrimiento. Así que, menos tiempo estamos atascados en el frasco de la mente chica, la mente de ideas y conceptos, la mente obstaculizada con sus prejuicios, sus críticas, y sus discriminaciones.

Zen es una práctica para toda la vida, una manera de vivir conscientemente en el mundo. Este mundo en sí es tanto Samsara como Nirvana. Es samsara cuando nos aferramos a la pieza de fruta de nuestro propio orgullo, codicia, y miedo. Es Nirvana con soltamos esta pieza, dejando ir nuestros conceptos y comparaciones. Zen nos enseña cómo vivir en el mundo real, el mundo de dolor, envejecimiento, pérdida, engaños, guerras, enfermedades, y muertes. Todo eso es doloroso, y sufrimos cada uno viendo y experimentando estos aspectos de la vida. No obstante, también Zen nos enseña cómo practicar con estos hechos. Nos enseña cómo soltar nuestro ego de auto-protección, codicia, y miedo. Nos enseña cómo perdonar. Nos enseña cómo abrirse al bien inherente en todo ser, al amor, la paciencia, la benevolencia encontrados justo aquí y ahora cuando soltamos nuestras ideas y conceptos de un ego engañado con su propia soberbia.

 
Por eso, el punto cero no es un punto solo, es el punto de partida, es el punto de darse cuenta de que no hay punto final, no hay Nirvana, no hay Buddha, no hay nada. Es el punto en que finalmente sueltas todo punto, y simplemente te rindes a este momento tal como es, despertándote a tu verdadera naturaleza libre y completa tal como es.
 
Los pájaros vuelan, plumas caen;
Los peces nadan, el agua es turbia.
 
Cuando aceptamos que la vida es sufrimiento, y en medio de este sufrimiento, elegimos la paz, la compasión, y la benevolencia, no para sentirnos bien, sino porque es lo correcto, y al darnos cuenta de eso, somos libres para escoger una y otra vez, liberándonos una y otra vez, a la verdad de que ya somos Buddha.   

  

 

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