MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 18 de abril de 2016

LAS CUATRO ENFERMEDADES: OBSTÁCULOS A LA PERFECTA ILUMINACIÓN Charla Dharma 17/ABR/2016



LAS CUATRO ENFERMEDADES:
OBSTÁCULOS A LA PERFECTA ILUMINACIÓN
Charla Dharma 17/ABR/2016
Rev. Dr. Hyonjin Prajna

En el Sutra de la Iluminación Perfecta, Buddha enseña que hay 4 enfermedades en la práctica espiritual obstaculizando la plena realización de Perfecta Iluminación Universal (Anuttara-Samyaksambodhi), o sea, la alineación de nuestro ser con la Esencia Fundamental del Universo. Se denominan estas enfermedades 1. artificio, 2. naturalismo, 3. parada, y 4. aniquilación. Buda dice:


¿Cuáles son las Cuatro Enfermedades? La primera es la enfermedad del "artificio". Digamos, por ejemplo, hay alguien que dice "basado en mi mente original voy a llevar a cabo varias prácticas", queriendo alcanzar la Iluminación Perfecta. Puesto que la esencia de la Iluminación Perfecta no es algo que se puede alcanzar por artificio, se llama una "enfermedad".

Artificio es la creencia de que una cierta práctica, método, o medio hábil va a llevarte a la Perfecta Iluminación. Pero no es así. Esto incluye todo tipo de zazen, vipassana, plena atención, talleres, meditación, contemplación, ritual, ceremonia, acciones benevolentes, canto, estudio, y el generar de mérito o buen karma. Ninguna de estos métodos puede traer, llevar, o conseguirte la Iluminación, puesto que Iluminación no es un objeto, ni una cosa o plano de consciencia, ni es un paraíso en las nubes, ni alguna meta distante o futuro. La idea de que la Iluminación es algo fuera de ti, que vas a encontrarla en el futuro efectivamente obstaculiza su realización. La Iluminación no está limitado a una idea, no tiene comienzo ni fin, es antes del pensar y saber. Si fuera algo a conseguir, implicaría que no La eres justo en este momento preciso. Ya eres Buda y la práctica es despertarte a este hecho y funcionar alineado con esta Verdad.

La segunda es la enfermedad de "naturalismo". Digamos, por ejemplo, hay alguien que dice "no debemos ahora ni eliminar samsara ni buscar nirvana. En realidad, samsara y nirvana ni surgen ni cesan. Debemos simplemente fluir naturalmente con todos los varios aspectos de la realidad," queriendo alcanzar la Iluminación Perfecta. Puesto que la esencia de la Iluminación Perfecta no se produce a través del simplemente aceptar las cosas como son, esto se llama una "enfermedad".

Naturalismo es la actitud de que se debe simplemente fluir con todo. No obstante, no resulta en la Perfecta Iluminación. Es una actitud pasiva de que, si todo es vacío, no hay nada hacer ni lograr, no importa nada lo que pasa, mientras se acepta todo como es. No tenemos que buscar Nirvana, ni eliminar samsara. No es necesario la ética, como un relativismo absoluto justificando cualquier acción o pensamiento ya que es lo que se me ocurre en este momento. Es la tendencia de lo instinto y el hedonismo con la meta siempre es sentirse bien, ser feliz, estar cómodo, como la inocencia de un hippie de los sesenta diciendo “¿Qué onda, tío? No pasa nada. Simplemente haz amor y no hagas guerra.” Los hippies surgieron en un tiempo de violencia, corrupción, y engaño tremendo. Su reacción era no participar en aquella guerra de Vietnam, de abandonar la sociedad corrupta, y buscar alternativas en el modo de pensar y actuar. Su propósito fue bueno, pero se volvió distorsionado en la creencia de que la libertad y la felicidad se encuentran en alguna droga, alguna utopía, o alguna sensación placentera, lo cual resultó en más sufrimiento, más adicción, más deseo, y más descontento. El ideal del hippie del fluir naturalmente con todo resultó en un hedonismo y esclavitud basado en egoísmo puro. Por eso, practicamos la ética basados en los Preceptos. Sin ética, sin considerar nuestras acciones y el impacto que tendrán en los demás, estamos perdidos en samsara y sufrimiento. Hay que practicar, no para lograr, sino para funcionar plenamente y conscientemente desde nuestra naturaleza búdica, y darnos cuenta cuando estamos limitados por nuestro karma y condicionamiento. Cuando hay injusticias, engaño, abuso, y violencia, tanto en el mundo como en nosotros mismos, según la situación, la relación, y nuestra función suprema (la de despertarnos a la Verdad y luego salvar a todos), así que hay que actuar correctamente, y no simplemente fluir con todo como si no importara. Por eso, el naturalismo es una enfermedad.

La tercera es la enfermedad de "parada". Digamos, por ejemplo, hay alguien que dice: "de mi pensamiento actual, voy a parar todos los pensamientos y así percibir el cese y la ecuanimidad de todos los fenómenos," queriendo alcanzar la Iluminación Perfecta. Puesto que la esencia de la Iluminación Perfecta no se logra mediante el parar de pensamientos, se llama una "enfermedad".

La supresión de pensamientos no funciona, no resulta en la Perfecta Iluminación. Es un error de muchos practicantes nuevos intentar parar los pensamientos, poniendo la mente en blanco, o buscar un estado en que los pensamientos no surgen y uno está totalmente en silencio puro. Esto es un problema, principalmente porque cualquier intento de parar los pensamientos resulta en más pensamientos. La idea que la mente está en blanco es todavía una idea. La percepción o consciencia de cualquier estado es todavía basada en la mente chica, y no es la Iluminación. El cerebro, como cualquier órgano en nuestro cuerpo, sirve como un generador de pensamientos. Es su función de secretar pensamientos continuamente. El intento de parar los pensamientos nunca resulta en Iluminación. Ni es necesario. Con o sin pensamientos, hay que despertar a la Verdad aquí y ahora que no puede ser obstaculizada por nada, que siempre es libre y presente, y simplemente nos despertamos a esto en medio de todo. Somos esta Iluminación, es nuestra Esencia fundamental, y no es algo lograr. Hay que sintonizarse con este hecho en cada momento, y cuando se desvía, obsesionado por ideas, apegado a las creencias y hábitos mentales, suéltalas y volver a tu esencia. Si tratas de cortarlas, estás dándolas realidad. Al percatar nuestra ignorancia basada en egoísmo, podemos despertándonos una y otra vez a la sabiduría del Infinito funcionando por medio de nuestras vidas individuales. Por eso, la parada es una enfermedad.

La cuarta es la enfermedad de la "aniquilación". Digamos, por ejemplo, hay alguien que dice: "Ahora voy a aniquilar de forma permanente todas las impurezas. Cuerpo y mente son en última instancia vacías, faltando cualquier realidad inherente en sí. ¿Cuánto más deberían eliminarse de forma permanente todos los falsos reinos de los órganos de los sentidos y sus objetos?", buscando así la Iluminación Perfecta. Puesto que la característica de la esencia de la Iluminación Perfecta no es la aniquilación, se llama una "enfermedad".

La eliminación de impurezas no resulta en la Perfecta Iluminación. El Buda mismo intentó lo mismo en el ascetismo que practicó por años antes de su Iluminación. Casi lo costó su vida, viviendo en sólo un grano de arroz por día. Aparentaba como un esqueleto, tan delgado estaba, dándose cuenta de que, si muriera antes de encontrar la liberación de la vida, la muerte, el sufrir, y la enfermedad, entonces habría fracasado en sus esfuerzos. Se dio cuenta que el cuerpo y la mente no son los enemigos. No son inherentemente impuros. Si intentamos eliminar las impurezas, estamos dándolas realidad. Puesto que todo es vacío, todo es impermanente, todo es espíritu, todo es Dios, todo es la Esencia manifestándose en cualquier momento absolutamente puro como es, entonces nuestra práctica consiste en reconocernos como esta Esencia y funcionar en el mundo así basado en la mente pura, la pureza de la Mente Búdica.  Igual a las ideas que surgen, permanecen un rato, y luego desaparecen, las impurezas tienen la misma cualidad. A pesar de que las impurezas surgen o no, siempre somos Esencia. Alineándonos con Esencia es la práctica, observando cómo no estamos en acuerdo con esta Esencia es nuestra práctica también. Iluminación no depende en nada, no la puedes lograr, no la puedes corromper. La Iluminación simplemente es.
El Buda nos anima, entonces, cuando por fin estamos dispuestos a aceptar la Verdad en nuestra vida, debemos entregarnos por completo, como cuando pedimos permiso entrar en un retiro de meditación en el templo, diciendo:

"‘Yo, monje/monja/laico/laica __________(fulano), pido permiso abordar el vehículo de los Bodhisattvas, cultivar sus prácticas de cesación-extinción y entrar con ellos en su permanencia en las características puras de lo real. Acepto la gran Iluminación Perfecta como mi templo, con el cuerpo y la mente viviendo en paz en la sabiduría de la igualdad de la naturaleza. Dado que la naturaleza propia del nirvana no se limita de ninguna manera, ahora con respeto suplico no vivir en opiniones equivocadas…”
Mahayana es el gran vehículo, una nave abordada con el tripulante de determinación, compromiso, y ética. Si seguimos bien su mapa, nos lleva al templo de Nirvana en la Tierra Pura del corazón, nuestro refugio de tranquilidad y paz. Entramos a través del portón de reverencia y gratitud, vestidos con la túnica pura del Dharma. Allí, por fin, le encontramos sentado sobre un loto, nuestro verdadero maestro, el Buda silencioso y resplandeciente de nuestra propia mente. Nos prosternamos ante sus pies, y lo circumambulamos tres veces a la derecha, signo de respeto y adoración.  Arrodillado frente a Él, con las manos unidas, le pedimos sus enseñanzas, su consejo y orientación.  Sus palabras brotan de su boca como flores fragrantes y nos alineamos con su sabiduría, sanándonos de las cicatrices de incontables vidas anteriores sumergidas en ignorancia y sufrimiento. Ya estamos en casa, es nuestro hogar y nos rendimos a su servicio, a defenderlo en todo momento, para siempre. Así es la Perfecta Iluminación.


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