MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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domingo, 16 de agosto de 2020

SUTRA DEL ESTRADO Clase 1: "Quizás Te Equivocas" Charla Dharma 16/AGO/2020

 



Sutra del Estrado

Clase 1

Quizás Te Equivocas

Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

Charla Dharma 16/AGO/2020

El Sutra del Estrado viene de China del siglo VIII d.C. Es uno de los sutras más importantes de la tradición Zen del Budismo Mahayana. Se trata de la vida del sexto patriarca Hui-neng, un campesino analfabeto quien llegó a ser el segundo patriarca más importante después de Bodhidharma, el maestro de la India quien trajo el Budismo de la India a China en el V siglo d.C. y cuyas enseñanzas son consideradas el comienzo de la escuela Zen/Chan.

        Las enseñanzas de Hui-neng reflejan una tensión que surgió entre las escuelas Zen del Norte y el Sur, lo que revela un cambio de enseñanzas basadas en la Iluminación Gradual a nuevas enseñanzas basadas en la Iluminación Súbita. La Iluminación Gradual implica un lento despertar basado en la intención de poco a poco convertirse en Buda en el futuro después de muchos años de práctica. La Iluminación Súbita es una transformación instantánea al darse cuenta de que “Ya soy Buda.” (Park, 1983:4) Aunque parecen estilos totalmente diferentes, el zen coreano incorpora la Iluminación Súbita con el Cultivo Gradual, lo que significa que desde el principio, al comenzar la práctica del zen, la iluminación es presente como nuestra naturaleza esencial. Sin embargo, tenemos que cultivar continuamente esta experiencia inicial para romper los malos hábitos mentales que la cubren.  Así que seguimos cultivando esta percepción hasta que lográramos la identificación completa con nuestra naturaleza esencial, plenamente realizándonos como buda, o sea, la budeidad. Una vez entendemos esto, la práctica se vuelve un cultivo continuo de nuestra naturaleza esencial ya presente.   

       Este sutra comienza con Hui-neng contando la historia de su vida a los monjes del monasterio y a varios oficiales importantes del pueblo.  Describe cómo llegó a la Iluminación y luego da consejos de cómo deben practicar.  Cuando era niño, su padre cayó en desgracia y fue exiliado de la corte a causa de sus actividades políticas, lo que contribuyó a su fallecimiento. Hui-neng y su madre se quedaron sin recursos ni apoyo, y Hui-neng tenía que vender leña para sobrevivir con su madre. Mientras tanto, por casualidad oyó a una persona pasando cerca de él que recitaba el Sutra del Diamante, lo que le despertó en seguida a la verdad de su naturaleza esencial. Así que se despidió de su mamá en busca de un maestro zen que le pudiera ayudar en cultivar su comprensión del Dharma. 

        Hui-neng llegó a un monasterio y pidió una cita con el maestro el quinto patriarca Hung-jen, quien le puso a prueba su comprensión. El maestro le insulta y le llama un bárbaro del sur que no tiene la capacidad ni la cultura para lograr la budeidad. Pero Hui-neng no se desanimó, se mantuvo tranquilo y le afirmó al maestro que, a pesar de sus diferencias físicas, toda la gente es básicamente igual y lo mismo en su naturaleza esencial.

        ¿Qué significan aquí los insultos del maestro hacia un alumno? Muchas veces es una manera de probar la comprensión o la determinación de la persona. Mi propia experiencia en esto fue toda una experiencia tremenda la primera vez que entré en un retiro zen. Al conocer el maestro, le pedí que me enseñara el Budadharma porque quería lograr la iluminación esta misma vida. Me preguntó si estaba seguro y dispuesto a pagar el precio, y como muy ingenuo, le dije que sí. Pero de hecho, no estaba preparado a enfrentar lo que requería.

        Varias semanas antes, por medio del internet, el maestro me había asignado la contemplación del kong-an “Mu”. Mi frustración se aumentaba día tras día por al contemplarlo pero sin resolverlo. Una noche, al disponerme a dormir en el salón de meditación, el maestro bajó súbitamente la escalera desde el cuarto piso con pasos ruidosos. Al llegar a la planta baja, desde arriba, gritó, “¿Quién está fumando crack? Si alguien está drogándose, ¡tendrá que marcharse ahora mismo!” Luego me miró directamente y con una voz estruendoso me preguntó, “¿Eres tú?” Me devastó su pregunta. Aunque intentaba seguir la práctica con todo mi esfuerzo, aparentemente, ¡el maestro estaba acusándome de fumar crack! De hecho, el olor venía de mí, puesto que me había puesto un fuerte repelente, potencia militar para selvas profundas, sobre me cuerpo algunos minutos antes para protegerme de los mosquitos gigantes presentes en el salón de meditación. El fuerte olor había llegado hasta el cuarto piso del edificio donde el maestro estaba. Me enteré luego de que cualquier olor de perfumes está prohibido durante un retiro. Sin embargo, me parecía que la conducta del maestro en aquel momento era muy exagerada. Me sentí totalmente humillado. Miré arriba al maestro y le expliqué con una tímida voz de que me había puesto un repelente hace un rato. Por suerte, el monje principal estaba cerca de mí cuando puse el repelente y podía confirmar al maestro que no fue una droga sino un repelente.  Luego el maestro pausó un momento, y luego gritó, "Pues, ¡dúchate y quítalo!”, con tal de que se volteó y regresó escalera arriba a su cuarto, mientras que murmuraba a sí mismo que se puede olerme hasta cinco kilómetros alrededor.

        Me sentí muy indignado. Me levanté para ir al baño y ducharme, pero me paré al recordar que se prohibía bañarse a esa hora. Me volteé varias veces sin saber qué hacer cuando el monje principal me dijo en voz baja, “Ignóralo, no pasa nada. Acuéstate.” Al meterme en mi saco de dormir, me sentía muy molesto. Pensé: ¿Cómo puede hacerme esto? ¡Qué injusto! Toda la noche mi menta estaba agitada con ira, frustración, e indignación. Decidí que iba a abandonar el retiro el próximo día durante el período de limpieza, cuando todos estaban fuera del salón de meditación. Cuando el momento llegó, guardé mi cojín en el armario y me fui para recoger mi maleta y salir de la casa. Pero al llegar a la puerta principal, algo me retenía la mano sobre la perilla. Una voz interior me dijo, “Quizás me equivoco. Quizás este es mi única oportunidad para lograr la iluminación.” Decidí quedarme hasta el final. Volví a mi lugar, guardé mi maleta, y saqué mi cojín de nuevo. No fue nada fácil el resto del retiro. Mis meditaciones no estaban para nada tranquilas y mi postura era fatal.

        Al final del retiro, durante la celebración de cierre, el maestro se acercó, me miró y simplemente dijo, “Me alegro de que hayas vuelto.” Tardé varios años en entender lo que significaba todo esto. Años después, cuando pregunté a mí maestra si aquel maestro había sido injusto conmigo, ella me dijo, “Pues, me parece que simplemente estaba haciendo su trabajo!” Eventualmente me di cuenta de que la conducta del maestro fue de hecho un acto de compasión. Yo había pedido la iluminación esta misma vida. Si iba a continuar en el retiro aquel día, tuve que soltar mi opinión, mi ira y mi juicio hacia el maestro. Efectivamente, tuve que soltar mi ego y mi orgullo. Aunque me sentí justificado, intuía que iba a perder una oportunidad tremenda. Tuve que aprender que no soy estos pensamientos y sentimientos. Puedo siempre soltarlos y volver a la dulzura quieta de nuestra esencia.

        Muchas veces culpamos a otros lo que es nuestro propio karma, nuestra propia opinión negativa que proyectamos en los demás. Estos días hay muchos que sienten ansiedad, preocupación, y frustración debido al coronavirus, la cuarentena y el fracaso de muchos negocios o empleo. O simplemente se frustra con su propia falta de progreso espiritual. La tendencia es apegarse a las ideas dualista del ego de “me gusta” y “no me gusta.” Quizás se experimenta aburrimiento con las reuniones. U opinas que los demás están equivocadas con sus conocimientos del Dharma. Se proyecta este descontento afuera hacia los demás, a la sangha, a ciertos practicantes, o al mismo maestro. Se justifica y chismea sobre sus defectos. Pero es un gran error. El problema reside en ti mismo, en tu propia mente. Estás proyectando lo que es tu propio karma, tu propio patrón mental. Esta tendencia es lo que te obstaculiza. Estás atrapado en tu propia jaula de descontento, autoengaño, frustración e ilusión. Puedes abandonar la práctica en busca de mejores practicantes, maestros o enseñanzas, pero te llevas tu karma contigo. Los patrones te persiguen. Hasta que tomes responsabilidad por tu propio descontento, seguirás perdido en un interminable ciclo de insatisfacción y sufrimiento. Pero es tu decisión. Hay muchos que comienzan la práctica espiritual, pero pocos están dispuestos a pagar el precio. Hay que sacrificar la mente de ideas y condicionamiento para encontrar tu verdadero ser de paz y equilibrio. Los que van, “que te vaya bien.” Que tengan una buena vida con muchas bendiciones. Pero para los que quedan, dense cuenta de que la práctica es para toda la vida, que requiere disciplina y determinación. Desde el principio eres Buda, pero es sólo mediante la vigilancia constante y el desapego, el compromiso a soltar tu opinión junto con la habilidad de volver una y otra vez a la mente sencilla y tranquila de nuestra esencia fundamental, que se puede liberar del descontento y la insatisfacción de samsara. Tú decides: culpa a otros o toma responsabilidad por tus propios estados mentales. La iluminación final está dentro de tus propios manos.      

 

Bibliografía

Park, Sung Bae. (1983). Buddhist Faith and Sudden Enlightenment. State University of New York   

           Press: Albany, N.Y.

Kohn, Michael H. (2010). The Concise Dictionary of Buddhism and Zen. Shambhala: Boston.

 

Todos bienvenidos a meditar con el maestro Hyoenjin Prajna y la sangha Meditación Budista Zen todos los domingos a las 11:00 - 14:00 hrs en ZOOM.

Liga para ingresar:
https://zoom.us/j/118625602?pwd=aVJOV1pPOW1vMXZoVkRLNytnYWtnZz09

ID de reunión: 118 625 602
Contraseña: 460315

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