MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 9 de junio de 2014


EL CORAZÓN DE LA PRÁCTICA COTIDIANA

Charla Dharma 08/JUN/2014

Rev. Hyonjin Sunim 

 
“Abstenerse de todo mal, practicar el bien y la completa purificación de la mente de uno: ésta es la enseñanza de los Buddhas.” (Dhammapada XIV:183)  

El corazón del título refiere tanto a lo esencial de nuestra práctica como el fruto de la práctica llevándonos a La Esencia. Practicamos prestando atención a las limitaciones, autocríticas, e inseguridades de la mente chica y al mismo tiempo nos abrimos a Esto, lo que se puede confiar siempre como nuestra Naturaleza Búdica y la  Mente Verdadera.  Nuestra intención es movernos más allá de las limitaciones motivadas por codicia, ira, y delirio. Estos tres venenos, las kleshas, expresan una actitud de deseo egocéntrico siempre buscando provecho y beneficio para uno mismo. Entramos en esta vida con estas tendencias egocéntricas, mientras la sociedad, la cultura, y la vida en general tienden a reforzar estas tendencias. Practicamos para re-dirigir estas tendencias hacia lo desconocido de Aquello más allá de lo que sabemos en este momento.

            Practicamos con la intención de plena consciencia en el aquí y ahora, moviéndonos en la dirección de una vida más satisfactoria mediante nuestra capacidad de observar lo que pensamos que somos, más y más atentos a la mente chica con sus tendencias habituales que causan el sufrimiento. Así, nos animamos a no actuar desde este lugar automático de lo habitual y conocido, poniéndonos en contacto con nuestra quieta voz interior de la Mente verdadera. A pesar de percibir esta voz, puede surgir la pregunta, “¿Cómo puedo saber si esta voz es la de la Mente Verdadera y no de la mente chica?” La pregunta en sí revela la sinceridad de nuestra intención de practicar. Sin embargo, la verdad es que no sabemos, lo que requiere la fe y la confianza en Lo Eterno, las enseñanzas, y el apoyo de la sabiduría del maestro y la comunidad espiritual, o sea, el Buddha, el Dharma, y la Sangha, para guiarnos en la dirección correcta de la práctica. Como cualquier cosa nueva que quisiéramos aprender, como un deporte, la música, o el arte, se perfecciona haciéndola. Sólo por la práctica cotidiana se puede lograr el perfeccionamiento de la actividad. Esperando a ser un guitarrista no es suficiente. Tengo que practicar con mucha determinación y dedicación muchos años para lograr la meta. Lo mismo con práctica espiritual.  Quizás conocemos a alguien centrado y tranquilo quien ejemplifica la vida espiritual, y nos anima a busca una vida menos estresada, incierta e insatisfactoria. Genial.  Es el comienzo de la Vía que requiere dedicación, disciplina, y compromiso para lograr la meta, en fin, el cultivo de la aspiración inicial por la Iluminación.

            Entonces, se aprende a vivir en paz y armonía practicando. No hay otra forma ni fórmula mágica. Esto significa que tenemos que levantarnos cada día y dedicar tiempo y esfuerzo a la meditación primero tranquilizando la mente, y luego poniéndonos en contacto con nuestra naturaleza búdica. Luego, llevamos este contacto a la vida cotidiana en medio de nuestras familias, el trabajo, y la diversión.   Esto nos da la oportunidad de observar los patrones negativos resultando en la insatisfacción y el descontento en nuestras vidas, y por consiguiente, la oportunidad de elegir conscientemente lo que es bueno hacer. Haciendo lo que es bueno hacer, aspirando a actuar desde este lugar sabio y compasivo de nuestro corazón, es una decisión de distanciarnos de lo egoísta de nuestro condicionamiento. No es que somos malos por actuar de una forma egoísta. Es simplemente la manera que nos han enseñado a actuar desde nuestro nacimiento. Es como es. Poco a poco, aprendemos a notar como estos patrones causan el sufrimiento tanto para nosotros como para los demás a nuestro alrededor. Y allí, se practica cultivando esta aspiración iluminada de actuar como un bodhisattva, la Vía de la Iluminación. Sin embargo, es trabajo, y no es nada fácil.

            ¿Cuáles son los pasos a seguir? Primero, nos comprometemos a no actuar automáticamente basado en los viejos patrones condicionados de egoísmo. Esto en sí es un reflejo del primer paso del Sendero Óctuple de Correcta Comprensión: que sufrimos por nuestros apegos a patrones mentales basados en codicia y deseo. Segundo, tenemos que desarrollar la disciplina de pausar antes de reaccionar en la manera habitual. Justo allí es el punto clave, puesto que es el momento de considerar las varias opciones, viendo cuales son potencialmente problemáticas, y elegir la que no cause sufrimiento, tanto para mí como para los demás. Esto significa la habilidad de vivir en el presente, la plena consciencia de atención vigilante, enfocando en lo que se presenta justo frente a nosotros mismos en este momento, y no desviarnos en imaginaciones de lo que pudiera pasar en el futuro o apegados a los pesados recuerdos de lo que ha pasado antes. Luego, deberíamos estar dispuestos hacer esto como un billón de veces, puesto que la mente chica tiende a desviarse así del presente. No obstante, el presente es donde se encuentra lo Eterno.

            Por supuesto, no es fácil. Una y otra vez tenemos que estar dispuestos a volver al reconocimiento incómodo de que “no lo sé”. Todo nuestro conocimiento, medallas, premios, diplomas, la educación formal, todas las formas condicionadas para funcionar en el mundo, ya no nos sirven – son obstáculos a ver claramente lo que es bueno hacer aquí y ahora en el presente. Cuando estamos listos a pausar un momento y considerar la pregunta “¿Qué es bueno hacer ahora?”, aprendemos a no confiar tanto en lo que pensamos o sentimos sólo porque surgen a la mente chica automáticamente en el momento. Percibiendo lo automático, podemos elegir entre las opciones menos dañinas. Y así, entrando en lo incómodo del no-saber, podemos soltar nuestros habituales modos condicionados de pensar y actuar, ofreciéndolos al Infinito, pausando, pidiendo ayuda, que ya podemos entrar en el Lugar del Desconocido, lo Eterno en nuestros propios corazones. Aprendemos a escuchar de una forma nueva, como un niño inocente, preguntando “¿Qué es bueno hacer?”, buscando una forma de actuar bueno para todos los seres del universo, no sólo para mí. Esto se llama funcionar con bodhicitta, lo que significa La Mente Buscando la Vía.  Quietos adentro, estamos dispuestos a oír la voz interior no programada con patrones viejos. Y al recibir un presentimiento que “sí” esto es bueno o “no” esto no es bueno, seguimos considerándolo, levantando nuestros corazones al Desconocido. Cuando el momento apropiado se presenta, nos entregamos con plena corazón a la decisión, actuando en acuerdo con la directiva interior. Es una elección, funcionando desde el lugar de plena consciencia en vez del oscuro lugar medio-despierto. Al madurar en nuestro cultivo y práctica, aprendemos a confiar en nuestra intuición, el Lugar de la Mente verdadera que no excluye la mente chica tampoco. Luego prestamos atención a las consecuencias de estas elecciones, viendo cómo nos afectan, haciendo ajustes y refinando nuestros actos según las circunstancias y los contextos surgiendo en cada momento. Por esto, practicamos los Tres Puros Preceptos,  basados en el Dhammapada de Buddha, 1. Abstenerse del mal; 2. Practicar el bien; y 3. Purificar la mente, los que se pueden entender como reducir a lo más mínimo posible el daño que causamos en el mundo, aumentar a lo máximo lo bueno que hacemos en el mundo, y ayudar a otros mediante la purificación de nuestros propios corazones.

Bibliografía

Curto, Roberto (Trad.) (2005).  Dhammapada. Longseller: Buenos Aires, Argentina.

McGuire, RM Meiten.  “Trusting the Heart.” Reflections on the Path. Unpublished.
 
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