MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 23 de junio de 2014


MI EXPERIENCIA COMO PRACTICANTE ZEN


 
Antonio Cham Fuentes (San Ji)
¿POR QUÉ QUIERO TOMAR JUKAI?
Casi dos años hace ya que tuve mi primer contacto con budismo Zen a través de mi Maestro, Rev. Hyonjin Sunim. Recuerdo muy bien aquel día. Yo estaba tomando un curso de Fe y ateísmo contemporáneo en la universidad. No pensé poder sacar gran provecho de él y jamás imaginé lo mucho que cambiaría mi vida a partir de ese momento. De hecho, no me consideraba una persona espiritual en lo más mínimo y solo asistía a esa clase para aprovechar el tiempo en algún modo fácil.

Mi Maestro llegó como invitado a la clase y después de una breve introducción sobre su persona y su labor dentro de la sociedad, nos puso a meditar durante unos minutos. En ese instante, algo inexplicable sucedió. Experimenté una paz profunda y duradera. Como si en ese momento hubiese conectado con una fuerza cósmica inconmensurable. Nunca antes en esta vida experimenté una sensación como tal.
A pesar de lo magnífico que fue aquel momento y lo asombrado que estaba con todo lo que mi Maestro explicaba a la clase, ignoré todo aquello y seguí varios meses más con mi vida cotidiana, hasta que llegué a un punto en el que ya no podía soportarlo. Mi vida se había convertido en un desastre y ya no encontraba sentido en cosa o actividad alguna. Muchas personas compasivas me brindaron su apoyo, pero sentía que cada vez me hundía más y más. Más de una ocasión pensé en suicidarme.
En otro curso también de orientación religiosa que simultáneamente abordé durante aquel semestre, causalmente tratamos también el tema del budismo. En ese momento ya podía sentir la «llamada» que me jalaba incesantemente con un interés tangible hacia esta espiritualidad. Pregunté a la profesora que impartía el curso por información sobre retiros budistas e incluso a una compañera que tenía a un amigo budista que me pudiera ayudar. Por alguna razón esta última nunca me volvió a contactar y los retiros que se ofrecían dentro del país no me convencían. Yo quería ‘entrar con todo’, irme directamente al Tíbet o a Tailandia y vivir permanentemente entre los monjes, aun cuando no tuviese experiencia alguna. Solo quería escapar de mi horrenda vida, salir de la prisión social materialista en que me movía todos los días.
De pronto, en medio de una gran desesperación, recordé la charla que nos dio mi Maestro tiempo atrás. Traje a mi mente ese precioso momento de tranquilidad y serenidad que experimenté por breves instantes mientras meditaba. Decidido a todo, aunque con gran timidez y completamente ignorante de cuanto podría suceder, lancé un correo electrónico al vacío, sin esperanzas siquiera de poder recibir una respuesta. Pero algo en mí sabía que estaba haciendo lo que era correcto. Al día siguiente, mi Maestro ya había respondido, invitándome a meditar con él. A partir de entonces, cambiaría mi vida para siempre.
Budismo salvó mi vida. Literalmente. Y le debo toda mi vida al budismo. Sufría de manera terrible porque era ignorante de «La Gran Vedad» que este encierra. Ahora disfruto la vida como nunca antes, a cada instante, y me doy cuenta con gozo y gratitud de que todo aquel dolor y agonía fueron precisos para que pudiera estar donde estoy, aquí y ahora.
Quiero tomar Jukai porque estoy convencido de las enseñanzas. Estoy seguro de que, como en mi caso, son capaces de aliviar todo el sufrimiento del Universo y porque quiero aliviar todo aquel sufrimiento en la medida de mis posibilidades. Estoy convencido de que siguiendo los preceptos, puedo vivir de una manera ética, tranquila y feliz, mientras impacto a cada instante a todas las personas a mi alrededor, ayudándolas a sufrir menos y darse cuenta de la belleza y perfección de la vida que siempre estuvo allí.
Es probable que más de alguna vez falle, pues reconozco ser un humano con defectos y deseos. Pero es precisamente por ello que Jukai me ayudará a ser Uno con la perfección, permitiéndome acercar cada vez más a esta. Asumir los preceptos será un recordatorio constante y permanente del Sendero de los Budas. Así, cada vez que me desvíe, podré volver al camino. Y si me vuelvo a desviar, sabré cómo regresar de nuevo; y así, cuantas veces resulten necesarias, siempre teniendo gran fe y valor en que las enseñanzas son la verdad y el camino a la liberación plena.
Tomar Jukai refrendará mi compromiso de vivir de acuerdo con los preceptos, pero también representará «una señal» que indique «aquí hay alguien que te puede ayudar». En efecto, el hacer público mi compromiso permitirá a otras personas saber que soy alguien en quien pueden confiar. Alguien que les puede ayudar con su dolor. Alguien portador de las enseñanzas, del Dharma, capaz de servir y aliviar todo el sufrimiento posible. Después de todo, esta es nuestra función verdadera.
Finalmente, el hacer público mi compromiso permitirá a quienes lo atestigüen bridarme todo su apoyo y compasión; pues como ya lo indiqué, es probable que caiga en el error y es así como todos estos seres me ayudarán a volver al Sendero cada vez que me desvíe. Por todo lo anterior es que debo tomar Jukai.
De cierta manera, asocio mi experiencia de vida con la del Buda Histórico, Siddhartha Gautamma, alguien que aparentaba tenerlo todo, pero no era feliz. Del mismo modo, quizás por muy buena Karma de otras vidas, yo gozaba de buena estabilidad económica, amor por parte de mis papás y amigos y, en general, una vida relativamente buena. Pero me sentía muy vacío por dentro. Algo en mí intuía que debía haber «algo más», una respuesta a todo mi sufrimiento aparente. Doy miles de gracias al Infinito por haber podido encontrarla en esta vida misma.   
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