MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. JINSIM HYOENJIN: arzobispo y maestro guía de la sangha Meditación Budista Zen, recibió Transmisión el 27 de marzo 2021 e Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma.

Ven. Jinsim Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente.

Ven. Jinsim Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un arzobispo (maestro zen superior) es un obispo que, habiendo recibido Inga y Transmision de Dharma, preside varias diócesis en una gran región. Este puesto incluye algunas responsabilidades de supervisión tanto de las diócesis como de los obispos de esa región. Un arzobispo sirve como guía o instructor en asuntos religiosos; y a menudo es el fundador o líder dentro de una Orden. Además, el Colegio de Arzobispos actúa como un Consejo Rector igualitario para la Orden Zen de las Cinco Montañas.
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domingo, 17 de mayo de 2020

MAHAYANA Y MEDITACIÓN (Texto) Charla Dharma 17/MAYO/2020


Quan Seum Bosal – Bodhisattva de la Compasión

MAHAYANA Y MEDITACIÓN
Charla Dharma 17/MAYO/2020
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna

"Practicar el Mahayana significa hacer el voto de no entrar en la serenidad infinita, la extinción y el gozo de Nirvana hasta que el último ser sensible sea salvado del sufrimiento. El nombre para esta vía es el Gran Camino del Bodhisattva. Mi vida no es sólo para mí, sino para todos los seres. Por lo tanto, a veces decimos que las enseñanzas del budismo Hinayana son como una bicicleta: si la conduces correctamente, sólo una persona llega al Nirvana. Pero el budismo Mahayana es como coger un autobús o un tren. No sólo yo, sino todos los seres llegamos juntos a un buen lugar." (Seung Sahn, 2002:138)

Mahayana significa en sanscrito “el Gran Vehículo.” No es una comparación a otras escuelas del budismo, como por ejemplo a Theravada, cuando se dice despectivamente Hinayana, o sea, el vehículo menor. De hecho, valoramos la tradición de Theravada como el camino de Los Sabios Ancianos, los que han guardado las palabras directas del Buddha Shakyamuni durante su vida. Se consideran sus palabras como la directa expresión de La Esencia, la que se expresó por medio de Shakyamuni, la Mente Universal. Sus enseñanzas siguen vivas y relevantes hoy en día. Cuando se hace referencia al Gran Vehículo de Mahayana, estamos diciendo que somos Lo Absoluto manifestándose en la forma de este cuerpo mismo de cada uno de nosotros. En vez de enfocarnos en sólo las palabras de Buddha, estamos aprendiendo como identificarnos con esta Esencia de todos los Buddhas, y así, seguir descubriendo la sabiduría y el equilibrio en nuestras vidas.

Cuando nos sentamos en meditación, estamos afirmando que esta Esencia es nuestra Mente Esencial, y nos abrimos a su apoyo, y nos comprometemos a seguir el Camino Óctuple, el que se practica como correcta comprensión, correcta intención, correcta habla, correcta acción, correcto sustento, correcto esfuerzo, correcta atención, y correcta concentración. Estos pasos en el camino son correctos porque revelan el sendero de cómo vivir la vida con ética y sin obstáculos, o sea, la vida en armonía y paz. Cuando nos surgen los obstáculos, percatamos las intenciones de hábitos mentales, los samskaras, funcionando por los apegos a las impurezas interiores, las kleshas de codicia, frustración, e indiferencia. La práctica es prestar atención a estas impurezas y hábitos mentales para que se eliminen. Al darnos cuenta de su presencia, nuestro primer paso es abstenernos de actuar, luego seguimos atendiendo a ellas, observando como siguen agitando la mente, sin hacer nada a estimularlos más, hasta que eventualmente se esfumen. Es como un milagro cuando esto pasa, y nos damos cuenta de que acabamos de liberarnos de mucho sufrimiento y karma negativo al sólo mantener la atención vigilante de la mente calma y lúcida enfocada en la impureza, la cual es vacía de cualquier realidad permanente, y en sí, puede abrirse a la Esencia siempre presente, la calma interior de la Mente. Por esto, estudiamos Mahayana, el Gran Vehículo (Park, 1983: 38-41).

En este mismo sentido podemos usar el hwadu, una pregunta espiritual que nos abre a la Mente. El hwadu enfoca los pensamientos en torno a un enigma que no se resuelve racionalmente ni con ideas. De hecho, de igual forma en que la fe es una función de la Mente Fundamental, el hwadu es la función de la Esencia en el momento de sentarse en Zazen. El exmonje Steven Batchelor, en su libro Verses from the Center (2000) hace referencia a este aspecto del hwadu en la práctica del Zen:

…el Zen es una práctica en la que el meditador aprende a sentirse cómodo en medio de un estado de perplejidad, enfocándose en una pregunta tal como “¿Qué es esto?” Lejos de ser un acertijo espiritual en el que se busca una adecuada solución enigmática, tal pregunta es una expresión verbal del misterio de la vida misma. La penetración de este misterio requiere que uno no la impide sustituyendo una respuesta, sea una proposición metafísica o una creencia religiosa. Hay que aprender cómo suspender el hábito de recurrir a una palabra o una frase con la cual llenar el vacío abierto por la pregunta. El meditador no sólo busca una solución a la pregunta, sino una respuesta viviente en desarrollo, la que tradicionalmente muchas veces se expresa espontáneamente en verso, canción, o poesía. (Batchelor, 2000:518)

Así, practicamos la meditación como una expresión de la Mente Fundamental mediante la duda de investigación del hwadu abriéndonos a la Verdad. La pregunta es la función de la Esencia manifestándose en la consciencia de este cuerpo aquí y ahora.

Sin embargo, no nos sentamos para lograr esta Mente, sino para prestar atención a lo que ya es presente. Si tratamos a lograrla en un futuro lejano, como si fuera de nosotros, sería dualista, alejándonos de la Verdad. Queremos fomentar la práctica basada en el hecho de que la Mente Fundamental ya es presente en nosotros, ya somos esta Mente inherente. Si buscamos esta Esencia fuera de nosotros, fuera de este momento preciso, nos perdimos en una idea de que no somos esta Esencia todavía, y seguimos posponiendo su plena realización. Por el hecho de que la Mente ya es presente, surge la práctica del hwadu, el cual es la expresión de la Mente Búdica actuando y funcionando en este momento preciso. Al preguntarnos, ¿Quién soy?, nos abrimos más y más profundamente a lo que siempre es presente, y ya está funcionando como la pregunta del hwadu. Al no apresurarnos a contestar el hwadu racionalmente, al mantener la mente chica enfocada en la pregunta, podemos soltar nuestros apegos a las impurezas de las kleshas, y así, ver con lucidez la Verdad de nuestro propio Ser, la Mente Única.
           
CINCO CLASIFICACIONES DE LA MEDITACIÓN 
según Kueifeng Zhongmi, China (780 -841 d.C)

1. Meditación (exotérica) del camino exterior Estos tipos de práctica originalmente apuntaban a las prácticas taoístas de desarrollar poderes y habilidades sobrenaturales, así como a las prácticas yóguicas de la época. Estas prácticas tienen una motivación religiosa pero se basan en algún logro que no sea el yo, es decir, alcanzar a Dios o volverse inmortal.
2. Meditación (esotérica) dirigida a una meta. Estos tipos de práctica de meditación no tienen motivaciones religiosas. Normalmente se practican para la mejora de los estados mentales o para la salud corporal.
3. Meditación de “insight” o revelación (Vipassana). Este tipo de práctica conduce a un estado de "no-mente" profunda donde todas las percepciones sensoriales se cortan y la conciencia se interrumpe. Si uno permanece en este estado de "no-mente" hasta la muerte, no hay renacimiento y se logra una separación del samsara. Sin embargo, debido a que esta práctica está motivada por el logro de la propia paz interior, no se considera parte del gran camino del Bodhisattva.
4. Meditación del Gran Vehículo (Mahayana). Este tipo de práctica conduce a la autorrealización y a la actualización del Gran Camino dentro del contexto de nuestra vida diaria. Dado que esta comprensión es que no hay uno mismo u otro, uno adopta el voto del Bodhisattva de salvar a todos los seres a través del desarrollo natural de los eventos.
5. Meditación del Supremo Vehículo. Este tipo de práctica resulta en que el camino (El Noble Camino Óctuple) y la vía (Zen) se fusionan en uno. No se trata de "lograr" algo (como Iluminación), sino en darse cuenta de que está claro que la naturaleza búdica ya es inmanente en todos los seres.

5 FORMAS DE MEDITACIÓN según Chinul, Corea, 1158–1210 d.C 

1. Cantar el nombre de Buda o un bodhisattva:
*Namu Amita Bul: (Alabado sea el buda de la luz). Se recita para calmar la mente y llegar a la Tierra Pura, es decir la calma lúcida de la Naturaleza Búdica.
*Namu Sogamuni Bul: (Alabado sea el buda Shakyamuni)
*Kwanseum Bosal: el bodhisattva de la compasión, Avalokiteshvara, el que oye los gritos del mundo
*Om Ha Ha Ha Vismaye Svaha (Alabado sea el Gran Kshtigarbha bodhisattva.)

2. Cultivar samadhi (meditación), prajña (Dharma), y sila (ética)
Se medita para calmar la mente (Samadhi), se estudia el Budadharma para conseguir la sabiduría (Prajña), y se aplica la ética de los preceptos a la vida cotidiana por medio del AAA (Sila).

3. Fe y comprensión
Se entiende que todo es Buda en esencia, todo está conectado, y sólo el apego a nuestras ideas obstaculiza nuestra libre expresión de esta Esencia. Esta comprensión es Iluminación súbita y se la aplica en la vida cotidiana practicando los preceptos junto con fe ilimitada refugiándose en los Tres Tesoros de Buda, Dharma y Sangha.

4. Practicar el Hwadu
Hwadu significa “la cabeza del habla” (es decir, “el origen del habla”, o sea, la Esencia). Se investiga el hwadu, soltando todo concepto intelectual o discriminativo mientras que se abre la mente al silencio sin expectativa
*¿Quién soy?
*¿Qué es esto?
*¿Qué es mu?

5. Practicar “no pensar”
Se sienta sin intento de pensar ni de no pensar; sólo sentándose sin ningún pensamiento deliberado, mirando a todas las sensaciones del cuerpo y los pensamientos como surgen y desaparecen. Al desviar la atención en una idea o historia, se vuelve una y otra vez al presente, aquí y ahora, observando el cuerpo, la respiración, los pensamientos y las sensaciones fluir por la mente. 

11 PRÁCTICAS DE LOS PATRIARCAS PARA ELIMINAR LA INSATISFACCIÓN
Se puede elegir una forma que te guste más y perfeccionarla.

1. Oír sonido, invertir la atención adentro
Se escucha cualquier sonido surgiendo en este momento. Al oírlo, presta atención a sólo el sonido, sin añadir nada, sin comentario, manteniéndolo constante en la mente.  Luego pregúntate “¿Quién está escuchando este sonido?” Entonces se invierte la atención hacia adentro a su origen. 

2. Atención
Suelta conscientemente toda opinión y pensamientos discriminativo y volver a lo que está aquí y ahora antes de lo conceptual.

3. Descanso
Cuando se medita, no pensar ni en el bien ni en el mal mientras que se descansa en la paz y bienestar del silencio del no sé.

4. Borra la mente, conserva los objetos
Se sueltan los pensamientos discriminativos sin preocuparse de los objetos externos a su alrededor.

5. Borra los objetos, conserva la mente
Se contempla los objetos de los sentidos como vacíos mientras se mantiene la mente calma y lúcida.

6. Elimina la mente y los objetos
Se contempla tanto la mente como los objetos externos como vacíos. No hay ni un yo ni otro, todo es simplemente el vasto silencio ilimitado de este momento preciso.

7. Conserva tanto la mente como el objeto
La mente se queda en su lugar mientras que los objetos se quedan en su lugar. La mente no se aferra a los objetos y los objetos no molestan a la mente.

8. Interno y Externo son los dos la misma esencia
Se entiende todo como la misma esencia de la mente verdadera, clara, vacía, brillante y sin diferenciación. Todo es Uno.

9. Interno y externo son los dos de la misma función
Todo objeto y toda actividad física y mental son funciones de la mente verdadera, o sea, la esencia. Incluso la ignorancia es la naturaleza Búdica.

10. La sustancia y la función son idénticas
La esencia verdadera es la mente calma lúcida funcionando en el mundo. Los pensamientos no distraen la conciencia de este momento tranquilo y silencioso.

11. Trasciende la esencia y la función
No dividas el interno del externo, no discrimines, todos los fenómenos son portales a la liberación.

Bibliografía
Batchelor, Steven. (2000). Verses From the Center. Riverhead Books: New York, N.Y.
Park, Sung Bae. (1983). Buddhist Faith and Sudden Enlightenment. State University of New York Press: New York, N.Y.
Sahn, Seung. (2002). La Brújula del Zen. La Liebre de Marzo: Barcelona, España.


domingo, 10 de mayo de 2020

Hyoenjin Prajna presenta el Manifiesto Monástico Voto 8: Comprometerse a...

MANIFIESTO MONÁSTICO (Texto) Voto 8 Comprometerse a Celebrar la Vida Charla Dharma 10/MAYO/2020



MANIFIESTO MONÁSTICO
Voto 8
Comprometerse a Celebrar la Vida
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna
Charla Dharma 10/MAYO/2020

¡Oh cielos! ¡Oh cielos! 
gritó el monje-en-período-de-prueba que acababa
de quebrar la favorita y valiosa copa del Maestro Zen.
El joven asustado fue al Maestro Zen y le preguntó:
¿Por qué debe haber muerte? 
El Maestro respondió: La muerte es natural.
Nos llega a todas las personas y cosas.
No debemos recibirla con temor o enfrentar la
muerte con ira. ¿Por qué preguntas? 
Porque, Maestro, la muerte ha llegado a tu copa.

8. Me comprometo a ser un monástico que baila, que cultiva la alegría creativa y que permite que el cuerpo y el corazón se basen en la manifestación inexpresable del amor.

Durante este tiempo de corona virus, hay que enfrentar el desafío con valor y fuerza interior. A pesar de las inconveniencias que nos causa esta enfermedad, hay que recordar nuestras bendiciones.

Un anciano dice que se quejó sólo una vez en toda su vida, cuando tenía los pies descalzos y no tenía dinero para comprar zapatos. Entonces vio a un hombre feliz que no tenía pies. Y nunca más se quejó.
Sean lo que sean nuestras circunstancias, podría ser peor. A pesar de lo pesado es vivir en cuarentena, hay que seguir apreciando lo hermoso de esta vida. Hay que bailar con alegría y cultivar la creatividad para servir como bodhisattvas en nuestro intento de ayudar a otros con correcta situación, correcta relación, y correcta función. La historia siguiente demuestra la actitud que debemos mantener en medio de tiempos de crisis:

Dos hombres, ambos gravemente enfermos, ocuparon la misma habitación del hospital. A un hombre se le permitió sentarse en su cama durante una hora cada tarde para ayudar a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana en la habitación. El otro hombre tuvo que pasar todo su tiempo boca arriba.

Los hombres hablaron durante horas y horas. Hablaron de sus esposas y familias, sus hogares, sus trabajos, su participación en el servicio militar, donde habían pasado sus vacaciones. Y todas las tardes, cuando el hombre en la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su compañero de cuarto todas las cosas que pudo ver fuera de la ventana.

El hombre en la otra cama comenzó a vivir por esos períodos de una hora donde su mundo se ampliaría y animaría por toda la actividad y color del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un hermoso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua mientras los niños navegaban sus barcos de juguete. Jóvenes amantes paseaban del brazo entre flores de todos los colores del arcoíris. Grandes árboles viejos adornaban el paisaje y una buena vista del horizonte de la ciudad se podía ver en la distancia. Mientras el hombre junto a la ventana describía todo esto con exquisito detalle, el hombre al otro lado de la habitación cerraría los ojos e imaginaría la pintoresca escena.

Una cálida tarde el hombre junto a la ventana describió un desfile pasando. Aunque el otro hombre no podía escuchar a la banda, podía visualizarlo en su mente mientras el caballero junto a la ventana lo describió con palabras descriptivas. Entonces, inesperadamente, un pensamiento siniestro entró en su mente. ¿Por qué sólo el otro hombre debería experimentar todos los placeres de ver afuera mientras él mismo nunca vio nada? No le pareció justo.

Al principio el hombre se sintió avergonzado. Pero a medida que pasaban los días y extrañaba ver más lugares de interés, permitió que su envidia se erosionara en resentimiento y pronto lo puso amargado. Comenzó a inquietarse y se encontró incapaz de dormir. Él debería estar junto a esa ventana - ese pensamiento, y sólo ese pensamiento ahora controlaba su vida.

Una noche, mientras yacía mirando al techo, el hombre junto a la ventana comenzó a toser. Se estaba ahogando por el fluido en sus pulmones. El otro hombre observaba en la habitación oscura mientras el hombre que luchaba junto a la ventana buscó en vano el botón para pedir ayuda. Escuchando desde el otro lado de la habitación, él nunca se movió, nunca presionó su propio botón que habría traído la enfermera corriendo. En menos de cinco minutos cesaron la tos y la asfixia, junto con el sonido de la respiración. Ahora sólo había silencio, silencio mortal.

A la mañana siguiente llegó la enfermera de día para traer agua para bañarse. Cuando ella encontró el cuerpo sin vida del hombre junto a la ventana, ella se entristeció y llamó a los asistentes del hospital para que se la llevaran. Tan pronto como pareció apropiado, el otro hombre preguntó si podía moverse al lado de la ventana. La enfermera estaba feliz de hacer el cambio, y después de asegurarse de que él estuviera cómodo, ella lo dejó solo.

Despacio, dolorosamente, se apoyó en un codo para echar su primer vistazo al mundo exterior. Finalmente, tendría la alegría de verlo todo él mismo. Se esforzó por girar lentamente para mirar por la ventana al lado de la cama.
¡Se enfrentaba a una pared en blanco!

El hombre le preguntó a la enfermera qué podría haber obligado a su fallecido compañero de cuarto que había descrito cosas tan maravillosas fuera de esta ventana. La enfermera respondió que el hombre era ciego y que ni siquiera podía ver el muro. Ella dijo: Quizás sólo quería alentarte.

En los peores de tiempos, se puede ayudar a otros para que vean más allá de la pared de su propia ceguera. Hay un mundo hermoso a nuestro alrededor, si sólo tomamos el tiempo a verlo, no simplemente con ojos físicos, sino además con los ojos de nuestro corazón. Cuando nos sentamos en silencia sobre nuestros cojines, primero invertimos la vista hacia adentro para percibir la luz de nuestro verdadero ser, y así descubrimos el paraíso de Nirvana. Desde allí, compartimos nuestra dicha y alegría con el mundo a nuestro alrededor, animándolo a despertarse y celebrar sus vidas. Y cuando viene nuestra última respiración, no temeremos la muerte, y podremos exclamar:

"¡Magnífico, Maestro Gotama! ¡Magnífico Maestro Gotama! El Maestro Gotama ha dejado en claro el Dhamma de muchas maneras, como si estuviera volviendo derecho lo que se había volcado, revelando lo que estaba oculto, mostrando el camino a alguien que estaba perdido, o sosteniendo una lámpara en la oscuridad para aquellos con vista para ver formas. Voy al Maestro Gotama a buscar refugio en el Dhamma y a la Sangha de los bhikkhus. Deje que el Maestro Gotama me recuerde como un seguidor laico que ha acudido a él por refugio de por vida ". (MLD, 107:17)

Bibliografía
The Middle Length Discourses (MLD) of the Buddha. (2009). Cuarta Edición. Traducido por Majjhima Nikaya. Wisdom Publications: Boston, Mass.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Me pregunto ¿cuándo pasará? Charla Dharma 23/ABR/2020 Minmei Bhava




Me pregunto ¿cuándo pasará?
Charla Dharma 23/ABR/2020
Sacerdote Novicio Minmei Bhava

Durante este confinamiento por esta pandemia que nos observa muy de cerca, nos hemos
dado cuenta de una gran constante “La impaciencia” mucha gente comenta con gran
agobio
¿Cuándo pasará todo esto? ¡Qué ya pase pronto por favor!
A lo largo de nuestra vida continuamente experimentamos la impaciencia, estamos
condicionados desde pequeños a resultados inmediatos, cuando nos exponemos a
situaciones en los que significa enfrentar la demora, nos enganchamos a la molestia y al
enojo. A lo largo de la historia hemos tenido que acelerar varios procesos gracias a la
demanda colectiva, le exigimos demasiado a nuestra madre tierra, siempre anhelando ver
y tener las flores que nos gustan, comer siempre frutos y verduras preferidas aunque
estas estén fuera de temporada, la búsqueda de provecho desmedido y satisfacer
nuestros deseos. Al final, todo disponible para la venta.
Cuando enfrentamos la enfermedad pasa de igual forma y queremos que todo pase
rápido, es muy incómodo sentirse mal físicamente y cuando la enfermedad se extiende
más allá de lo previsto esto nos produce una enorme frustración acompañada de estrés y
otra fila muy larga de sufrimiento. Recuerdo la enfermedad de un familiar que cursaba un
cáncer de pulmón, a pesar de los cuidados en el hospital decidió regresar a casa para
pasar sus últimos días, cada día le significó a todos un gran desafío, las emociones se
desbordaban y el corazón de todos ardía en carne viva, lo que de pronto se comentaba
era:
-Por favor, que ya termine esto pronto, que ya termine su sufrimiento y el nuestro
también. Aunque de alguna forma nos aterraba a que llegara ese momento…
La impaciencia es la actitud de anticiparse a las situaciones de forma acelerada, no
otorgando a los sucesos la posibilidad de realizarse en su curso natural.
En cuestión de nuestra practica espiritual muchas veces preferimos cambiar de opción,
antes de tener la paciencia, rendirnos antes que esforzarnos, sobre todo si los frutos
necesitan tiempo para madurar.
Hay una enseñanza de buda que nos empapa con el agua del dharma en este tema:
Buda y sus discípulos decidieron emprender un viaje durante el que atravesarían diversos
territorios y ciudades. Un día en el que el sol brillaba con todo su esplendor, divisaron a
los lejos un lago y se detuvieron, asediados por la sed.

Al llegar, Buda se dirigió a su discípulo más joven e impaciente:
-Tengo sed. ¿Puedes traerme un poco de agua de ese lago?
El discípulo fue hasta el lago, pero cuando llegó observó que un carro de bueyes
comenzaba a atravesarlo y el agua, poco a poco, se volvía turbia. Tras esta situación, el
discípulo pensó «No puedo darle al maestro esta agua fangosa para beber». Por lo que
regresó y le dijo a Buda:
-El agua está muy fangosa. No creo que podamos beberla.
Pasado un tiempo, aproximadamente media hora, Buda volvió a pedir al discípulo que
fuera hasta el lago y le trajera un poco de agua para beber. El discípulo así lo hizo. Sin
embargo, el agua seguía sucia. Regresó y con un tono concluyente informó a Buda de la
situación:
-El agua de ese lago no se puede beber, será mejor que caminemos hasta el pueblo para
que sus habitantes nos den de beber.
Buda no le respondió, pero tampoco realizó ningún movimiento. Permaneció allí. Al cabo
de un tiempo, le pidió al mismo discípulo que regresara al lago y le trajera agua. Este,
como no quería desafiar a su maestro, fue hasta el lago; eso sí, tenía una actitud furiosa,
ya que no comprendía porqué tenía que volver, si el agua estaba fangosa y no se podía
beber.
Al llegar, observó que el agua para cambiado su apariencia tenía buen aspecto y se veía
cristalina. Así, recogió un poco y se la llevó a Buda. Este miró el agua y le dijo a su
discípulo:
-¿Qué has hecho para limpiar el agua?
El discípulo no entendía la pregunta, él no había hecho nada, era evidente. Entonces,
Buda lo miró y le explicó:
-Esperas y la dejas ser. De esta manera, el barro se asienta por sí solo y tienes agua
limpia. ¡Tu mente también es así! Cuando se perturba, solo tienes que dejarla estar. Dale
un poco de tiempo. No seas impaciente. Todo lo contrario, sé paciente. Encontrará el
equilibrio por sí misma. No tienes que hacer ningún esfuerzo para calmarla. Todo pasará si
no te aferras.
Muchas veces en nuestra vida la acción no es la mejor opción, sobre todo, si nace fruto de
un impulso. Porque saber esperar y tener paciencia también tienen sus frutos.

domingo, 3 de mayo de 2020

MANIFIESTO MONÁSTICO Voto 7 "Comprometerse a Este Momento Presente" por ...

EL MANIFIESTO MONÁSTICO (Texto) Voto 7 "Me Comprometo a Este Momento Presente" Charla Dharma 03/MAY/2020



EL MANIFIESTO MONÁSTICO
Voto 7
“Me Comprometo a Este Momento Presente”
Venerable Dr. Hyoenjin Prajna
Charla Dharma 03/MAY/2020

Un hombre sabio dijo:
No te das cuenta de cuánto pesa tu cabello hasta que te lo afeites.
No te das cuenta de cuánto pesan tus miedos hasta que los liberes.

Acabo de darme cuenta de esta verdad. La semana pasada, para evitar un viaje a la peluquería durante este tiempo de cuarentena, decidí rasurarme la cabeza. Después, me sentí mucho alivio. Me cabeza se sentía más ligera y fresca, perfecta para esta temporada de calor intenso. Fue tan agradable que me pregunté ¿por qué no lo había hecho antes? Lo mismo se puede apreciar con los miedos y preocupaciones que surgen debido a las noticias y números de muertos que se ven cada día en las noticias. Se acumulan en nuestra cabeza, y si no nos cuidamos bien, pueden resultar en más estrés, enojo, depresión y agobio. Es por eso, meditamos cada día, para rasurarnos desde adentro y quitar el peso de nuestros miedos acumulados. Así que se puede vivir más ligera en el aquí y ahora, lo que es el tema de nuestra charla de hoy, vivir en el aquí y ahora, a pesar de que hay siempre cosas desagradables a nuestro alrededor. Podemos elegir soltarlas y volver a nuestro verdadero ser fundamental.

7. Me comprometo a toda una vida de apertura continua a este momento presente, reconociendo que este camino nunca estará libre de limitaciones.
El Buddha nos enfatiza la importancia de prestar atención al aquí y ahora, dejando ir a todas las sensaciones que nos molesten:

"Esto, los dueños de casa, se llama el tipo de persona que no se atormenta a sí mismo o persigue la práctica de torturarse a sí mismo y que no atormenta a otros ni persigue la práctica de torturar a otros: el que, dado que no atormenta ni a sí mismo ni a los demás, está aquí y ahora sin hambre, extinguido, y enfriado, y permanece experimentando dicha, haciéndose sagrado." (MLD 60:56)

En esta cita, el Buddha está dirigiéndose a los dueños de casa, o sea, los laicos y gente común con familias, trabajos estresantes, y grandes responsabilidades empujándose a correr por el mundo como si nuestro cabello estuviera en flamas y no hay tiempo para nadie. Ya estamos pagando el precio por vivir así. Hemos ignorado nuestra salud, nos hemos torturado para ganar más dinero, hemos despreciado a los demás por competición y paranoia. El resultado es un mundo en desequilibrio. No solo nosotros, sino además nuestras familias, nuestro país, y todos los seres en el planeta; hemos sufrido por esta tortura autoinfligida. Sin embargo, esta pandemia nos ha dado un descanso para reflexionar e reconsiderar lo que queremos en esta vida. ¿Vamos a volver a la misma tortura cuando por fin esta pandemia termine? O ¿tomaremos este tiempo para reevaluar nuestras vidas y decidir el mundo en el que queremos vivir: un mundo de equilibrio, humanidad, armonía, y consideración a otros seres como parte de nuestra propia familia? Requiere que redescubrimos quienes somos. Requiere que soltamos nuestras obsesiones y volver a un ritmo de vida más lenta, calmada y serena. Tenemos que extinguir las flamas de nuestros fuegos interiores y enfriar nuestras pasiones y locuras frenéticas. Si no podemos apreciar el tesoro que es este mundo en que vivimos, entonces, vamos a perder la oportunidad de despertarnos al verdadero ser divino interno, como se demuestra en esta siguiente historia, una parábola para contemplar:    

Un día Buddha se disfrazó como un hombre ordinario, para caminar por el mundo y ver cómo les iba a los practicantes. Pronto se encontró con un viejo asceta que había pasado toda su vida adulta en grave mortificación corporal y disciplinas mentales contundentes. El asceta había obtenido un cierto grado de claridad de sus sentidos debido a su práctica prolongada y se dio cuenta de que el hombre que caminaba casualmente frente a su cueva estaba completamente establecido en la conciencia del Ser Divino interno.

Desenrollando dolorosamente su cuerpo de su postura rígida, el asceta se inclinó ante Buddha y dijo: ¡Gran Sabio! Percibo que usted es un maestro iluminado. Por favor, dígame, honorable señor, cuánto tiempo me llevará antes de realizar mi ser divino interno?

Buddha sonrió cálidamente y riendo respondió: ¡Lo estás haciendo bien! A tu ritmo actual de progreso, te realizarás tu ser divino interior con solo una vida más de esfuerzo similar.

El asceta, aterrorizado, en estado de shock, gritó: ¿Otra vida de este horror? ¿Cómo puedo soportar este aburrimiento? ¡Esta agonía, este dolor por otro día, y mucho menos otra vida! ¡Que horrible! ¡Me has chingado este día! ¡Lárgate, impostor! Nunca creería a uno como tú.

Buddha le sonrió amorosamente y siguió caminando, y pronto se encontró con una idiota chapoteando en el río, riendo y cantando. La actividad principal de esta mujer todos los días era exclamar, ¡Buddha! ¡Cuánto amo a Buddha! ¡Buddha! ¡Amo a Buddha! ¡Buddha!


Esta tonta nunca tuvo el más mínimo cuidado de sus necesidades físicas, nunca le importó si estuviera alimentada, vestida, alojada.  Nunca se dio cuenta de si estaba limpia o sucia, caliente o fría, mojada o seca. Ella podría haber estado encerrada en un manicomio en nuestra era moderna, pero en aquellos días, la gente veía que ella era inofensiva y por lo tanto la toleraba y ocasionalmente le daba un pedazo de pan o algunas frutas o verduras viejas y medio podridas para comer. Esta idiota se sintió atraída por el resplandor de este guapo extraño, salió del agua, se inclinó delante de él y dijo: ¡Qué maravilloso! Buddha me ha enviado un Gran Sabio. Me he estado divirtiendo hace tanto tiempo que casi había olvidado que tenía un objetivo. Comencé mi búsqueda para encontrar mi ser divino interno hace mucho tiempo pero últimamente me he distraído por esta alegría constante que brota por dentro. Al verle ahora me recordó de mi viaje y me preguntaba si podría decirme ¿cuánto tiempo pasará antes de realizar mi ser divino interno?

Buddha sonrió cálidamente y riendo respondió: ¡Lo estás haciendo bien! A tu ritmo actual de progreso, realizarás tu ser divino internos con solo setenta vidas más de esfuerzo similar.

¡Setenta vidas de esfuerzo similar! gritó la idiota con perfecta alegría. ¡Qué maravilloso! Qué bendición perfecta me ha otorgado hoy!

La idiota estaba tan llena de alegría ante la perspectiva de otras setenta vidas de dicha, que la última duda huyó de su mente; su última pregunta se esfumó en la alegría que era su vida; su ignorancia era irrevocablemente aplastada; así que ella despertó y alcanzó el más alto estado de iluminación al instante.

Esta parábola demuestra lo importante es vivir el presente como el más perfecto momento de nuestras vidas. Cuando estamos torturándonos, como el asceta en la historia, atándonos adentro con nudos de ansiedad y obsesiones, la vida puede volverse demasiado pesada. Si vivimos esperando el momento perfecto en un futuro, cuando todas las condiciones vayan a ser adecuadas para hacernos felices, entonces experimentamos la vida como inaguantable y una pesadilla. En cambio, cuando podemos vivir como la idiota, totalmente un tonto por lo divino, despreocupados por el dinero, la ropa, el estatus, los nuevos Smartphones, casas más grandes, carros más lujosos, cuando podemos confiar en el universo, que es bondadoso, amoroso, y compasivo, entonces la vida se vuelve perfecto en el aquí y ahora. Hay que arriesgar todo para encontrar lo supremo. Así se despierta y se descubre lo que siempre estaba aquí y ahora, nuestro verdadero ser interno de paz, ecuanimidad, y dicha.     
En mi libro, El Perdón de Buddha (2019, 25:223-232), trato este tema del presente eterno como un punto fundamental de nuestra práctica:

  Comenzamos caminando el sendero de los Buddhas con la expectativa de que hay algo en el futuro a lograr, que nuestra salvación reside en algo que no hemos encontrado todavía. Por tanto estamos convencidos de que mañana será mejor que hoy. La verdad es que mañana no existe más allá de una idea hoy. El tiempo es una ilusión. De hecho, no hay más que este momento presente aquí y ahora. No hay salvación ubicada en el mañana. No hay un punto en el futuro para alcanzar en el que todo ya está resuelto, porque el punto es sólo ahora. Este momento presente es el único punto real, y ya lo has logrado. Es sólo que no te das cuento de ello…Se percata que hay algo justo aquí en el cual no hay ninguna necesidad de mejorarlo. Vivir plenamente consciente en esta forma es vivir como Buddha. Se descubre que no es necesario esperar algo mejor en el futuro: lo mejor ya es presente, no hay nada más, no se puede perfeccionarlo más, ya es perfecto…Si sueltas tu apego mental a las ideas, comparaciones y críticas de las experiencias, si puedes fluir con todo de una forma sencilla y natural, se descubre algo maravilloso, que la felicidad siempre es presente y accesible. Al redirigir la luz de su consciencia adentro, dejando atrás su enfoque en cosas exteriores y limitadas, se encuentra algo perfecto, eterno, y constante…La naturaleza de la mente es luminosa. Más que prestas atenciones a ella, más la mente brilla. Nuestras mentes son luz y amor. Todo es esta luz, no hay dos. Esta luz actúa en el mundo como amor. Aunque todo cambia, es vacío de un yo permanente, al mismo tiempo no se necesita aferrarse a este vacío, y no se necesita protegerlo tampoco, puesto que no hay nadie haciendo nada, todo simplemente ocurre en sí sin alguien creándolo.  Y esto te libera de preocupación, descontento, y agitación mental. Las kleshas de codicia, aversión y delirio se transforman en amor, compasión y sabiduría, y se da cuento de una alegría profunda de ecuanimidad y equilibrio sin dependencia en ninguna cosa ni sensación, mientras que toda cosa y sensación revela la Verdad de lo Eterno.  


Bibliografía
Prajna, Hyoenjin. (2019) El Perdón de Buddha. “El Presente es eterno.” Capítulo 25.  
         Createmybooks, self publishing: Guadalajara: México.
The Middle Length Discourses (MLD) of the Buddha. (2009). Cuarta Edición. Traducido por 
         Majjhima Nikaya. Wisdom Publications: Boston, Mass.